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Cien años del peso cubano: ¿hoy como ayer?

Las tiendas en divisas (shoppings) constituyen la principal vía para adquirir muchos productos. (Foto: www.desdelahabana.net)
Las tiendas en divisas (shoppings) constituyen la principal vía para adquirir muchos productos. (Foto: www.desdelahabana.net)

Sin mayor repercusión, casi sin penas ni glorias, este 7 de noviembre se cumplieron cien años de la Ley que creó el peso cubano. Solo algún que otro artículo en la prensa digital y un breve reportaje en el Noticiero Nacional de la Televisión recordaron el acontecimiento.

Tal hecho refleja la compleja realidad en que se desenvuelve la moneda oficial de Cuba. Luego de un siglo de sucesivos intentos de diversificar la economía nacional, dos revoluciones y un profundo cambio en su orientación política, la Isla sigue sin encontrar su rumbo en el panorama internacional.

La principal muestra de sus tropiezos no está en los niveles más altos del Gobierno o la administración empresarial, sino en las calles, donde –como hace un siglo atrás– los ciudadanos tienen que ingeniárselas para convivir con dos monedas de distinto valor.

Entre los cambios previsibles para el peso cubano, se anuncian billetes con mayor denominación y el aumento de los clientes con tarjetas magnéticas. (Foto: www.astromonos.org)
Entre los cambios previsibles para el peso cubano, se anuncian billetes con mayor denominación y el aumento de los clientes con tarjetas magnéticas. (Foto: www.astromonos.org)

UN SIGLO DE DUALIDAD

La creación formal de la moneda cubana no significó su inmediata incorporación a las transacciones mercantiles de la época. En realidad el dólar se mantuvo como el medio de cambio fundamental desde 1915, fecha en que llegaron a La Habana las primeras remesas de circulante acuñado en los Estados Unidos, hasta 1934, en que aparecieron los primeros billetes verdaderamente nacionales.

Durante esos veinte años la divisa norteña llegó a representar casi el noventa por ciento del volumen monetario que se empleaba en el país. El uso de los activos cubanos se hacía más reducido debido a que en centrales azucareros y explotaciones mineras era habitual el pago mediante vales y fichas, una decisión que violaba las leyes pero que toleraban las autoridades.

En definitiva, a la misma vez en toda la República se realizaban transacciones mediante diversos instrumentos de pago, una situación que el historiador Alejandro García Álvarez ha calificado como de “discutible beneficio para el país”, pues “la carencia de un banco de emisión hacía imposible que el Estado estuviera en condiciones de ofrecer garantías de continuidad, respaldo y vida independiente a su unidad monetaria”.

Un siglo después la situación sigue derroteros no muy alejados de aquella realidad. Hoy los cubanos deben calcular todas sus actividades económicas sobre la base de una conversión fija –y para la gran mayoría de la población desproporcionada– entre las dos variantes de billetes emitidas por el Banco Central de Cuba.

Ni medidas de control de precios para algunos productos básicos, ni la posibilidad de abonar con cualquiera de ambas monedas han logrado reducir la brecha que separa al peso “nacional” (CUP) y su homólogo convertible (CUC).

Para mayores entuertos durante los últimos dos años se han hecho habituales diversas modalidades de pago desde el exterior, mediante dólares y euros que duplican su valor al cambiarse por CUC. Así un billete verde impuesto desde Estados Unidos, por ejemplo, equivale a dos convertibles nacionales en transacciones como la recarga de celulares, o la reservación en centros recreativos o agencias de viajes.

Esa medida incrementa aún más el valor de la “divisa meta” (el USD), que en la práctica se cotiza bajo un cambio de 1×50 respecto al “efectivo base” (el CUP).

El futuro cercano no anuncia cambios significativos. Si bien La Habana cumple un calendario para la “unificación monetaria y cambiaria”, el problema parece estar más en los volúmenes de ingresos que logra el país, cuyo Producto Interno Bruto ha mantenido una tendencia a la baja durante los últimos años: 3 % en 2012, 2.7 en 2013 y 1.4 para el que está en curso (pronóstico del Ministerio de Economía y Planificación).

Tales dígitos quedan muy por debajo del 7 % planteado como condición imprescindible para el desarrollo por el titular de esa cartera, Marino Murillo Jorge, y ponen entre signos de interrogación cualquier pretendida mejora.

Sin duda, a un siglo de su nacimiento, la moneda cubana tiene todavía muchos retos por enfrentar.

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