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El negocio de los médicos cubanos, ¿colaboración o trata de personas?

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O ministro da Saúde, Alexandre Padilha, participa da aula inaugural de avaliação dos profissionais cubanos para a segunda etapa do Programa Mais Médicos.
O ministro da Saúde, Alexandre Padilha, participa da aula inaugural de avaliação dos profissionais cubanos para a segunda etapa do Programa Mais Médicos.

Una columnista del diario estadounidense The Wall Street Journal criticó este lunes los elogios que ha recibido La Habana por su «diplomacia de doctores» sin que se tengan en cuenta las condiciones en que son enviados los médicos cubanos al exterior.

«Las culturas de Occidente no aprueban la trata de personas, una actividad del ‘crimen organizado en la que seres humanos son tratados como posesiones para ser controlados y explotados’ (…) Sin embargo, cuesta encontrar a un periodista, político, burócrata de desarrollo u otro activista sindical en cualquier parte del mundo que siquiera haya pestañado ante el amplio negocio de trata de personas que lleva a cabo La Habana», escribió Mary Anastasia O’Grady.

«Esto merece más atención en momentos en que los doctores cubanos son alabados por su trabajo en África durante la crisis del ébola», añadió.

El Gobierno cubano envía profesionales médicos temporalmente al exterior, «aparentemente para ayudar a países pobres a combatir la enfermedad y mejorar el cuidado de la salud». Pero los doctores «no son un regalo», destacó la columnista.

«La Habana recibe pagos por sus misiones médicas ya sea del país anfitrión, en el caso de Venezuela, o de los países donantes que envían fondos a la Organización Mundial de la Salud. Se supone que el dinero se destina a los salarios de los trabajadores cubanos, pero ni la OMS ni ningún país les paga directamente a ellos», advirtió.

«En cambio, los fondos son abonados en la cuenta de la dictadura que, a decir de todos, se queda con la mayor parte de los fondos y le da al trabajador un estipendio para vivir con la promesa de un poco más a su regreso a Cuba», señaló.

«Es el crimen perfecto», fustigó O’Grady: «Al enviar a sus súbditos al exterior a ayudar a personas pobres, el régimen se gana la imagen de un contribuidor desinteresado a la comunidad global pese a que explota a trabajadores y se enriquece a costa de ellos», añadió.

Al anunciar una subida del equivalente a entre 11 y 64 dólares en el salario de los profesionales de la salud, en marzo pasado, el actual ministro de Economía, Marino Murillo, dijo que el Gobierno esperaba ingresar este año más de 8.200 millones de dólares por la exportación de servicios médicos. Esto representa el 64% del total de la venta de servicios, que se ha convertido en el sector más lucrativo para el régimen.

El salario más alto que recibe un médico en la Isla es de 1.600 pesos (66 dólares) al mes. El Gobierno ha subido también los pagos en divisas para los profesionales enviados al exterior, pero aún se queda con cerca del 75% de lo que los países de destino o las instituciones internacionales que los contratan pagan por ellos.

«Este es un gran negocio, que si no fuera realizado por marxistas mafiosos seguramente ofendería a los periodistas. En cambio, se lo tragan», criticó O’Grady.

«Lo que cobran los trabajadores cubanos en las trincheras del ébola sigue siendo un secreto de Estado. Sin embargo, la trata de personas no es algo nuevo para La Habana ni se limita a la profesión médica», alertó.

Recordó que, en octubre de 2008, un juez federal en Miami falló a favor de tres trabajadores cubanos que afirmaron haber sido enviados por el régimen, junto con otros 100, a Curaçao «para trabajar a cambio de la deuda de Cuba con Curaçao Drydock Company».

«Los demandantes describieron condiciones de trabajo horrendas por el que les pagaban tres centavos por hora», dijo la columnista.

El diario estadounidense The Christian Science Monitor informó en su momento que la compañía «reconoció que los pasaportes de los trabajadores cubanos fueron incautados y que sus sueldos impagos fueron deducidos de la deuda que La Habana debía a la compañía», mencionó. El abogado de los demandantes indicó al diario que después de que se quejaron, los familiares de los trabajadores en Cuba «perdieron empleos y acceso a la educación y sufrieron el acoso de pandillas».

En su artículo, O’Grady señaló además que «hacer de los profesionales médicos un producto de exportación está generando una escasez de doctores en Cuba que exacerba la extensa carencia en el cuidado de la salud».

«Un gobierno humano podría volcar su atención a esta miseria nacional, pero no hay dinero allí. En cambio, Cuba vende la mano de obra de sus profesionales de la salud al exterior incluso en medio de persistentes brotes de dengue y cólera en la Isla», denunció.

La periodista dijo que en los últimos dos años casi 3.100 sanitarios cubanos han aprovechado un programa de visado especial estadounidense «que reconoce la explotación de profesionales médicos cubanos enviados a terceros países».

«Como castigo, el régimen prohíbe a sus familias irse de Cuba para verlos», comentó.

O’Grady recordó también la reciente exigencia de fiscales brasileños a Dilma Rousseff para que su Gobierno pague directamente a los médicos cubanos que ha contratado y no a La Habana.

Los fiscales consideraron que la forma en que han sido contratados los profesionales de la Isla es «francamente ilegal» ante las leyes brasileñas y viola los protocolos de la Organización Mundial de la Salud.

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