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Impunidad a cambio de delatar

Tatiana no conoce la historia de Mata Hari, la famosa stripper holandesa, condenada a muerte en Francia el 15 de octubre de 1917 por espionaje.

Esta chica, con pinta de ‘yuppie’, fue bailarina, prostituta en sus tiempos libres e informante de la policía. Si a militares y políticos Mata Hari extrajo informaciones secretas con su voluptuosa danza de los siete velos, Tatiana los sedujo con sus movimientos de cintura y cadera cuando bailaba la timba cubana.

De aquella época de farras, drogas y citas discretas con agentes policiales ha pasado una década. “Tenía 17 años, un cuerpo escultural y me gustaba la vida bohemia. Cada noche, recibía no menos de diez invitaciones a beber o comer por parte de clientes del cabaret. Y claro, también me gustaban los dólares. La mayoría de las bailarinas somos jineteras camufladas”, cuenta Tatiana.

Una mañana fue citada a una unidad de policía cerca de su casa. “Me atendió un tipo vestido de civil que se presentó como agente del DTI (departamento técnico de investigación). Sabían de mis relaciones con extranjeros, funcionarios e hijos de ministros y me chantajeó. Si colaboraba con ellos, no me abrían un expediente por ejercer la prostitución. A cambio, debía conseguir información y seducir a ciertas personas que operativamente le interesaban a la policía”.

Su temor de ir a prisión la colocó en la órbita policial. Durante seis años pasó información a los cuerpos policiales sobre empresarios extranjeros, ladrones de cuello blanco y funcionarios corruptos.

“No me sentía bien. Hice daño a otros que confiaron en mí. Pero romper el trato con la policía fue difícil. Me amenazaron con abrirme un proceso. Me pude zafar de ellos cuando dejé el baile, me casé y formé una familia”, confiesa Tatiana.

Durante una etapa de su vida, Óscar fue líder de una banda que se dedicaba a robar en iglesias y casas de extranjeros residentes en la isla.

“También planifiqué robos de lienzos de pintores de renombre. Tuvimos éxito e hicimos mucho dinero. Hasta que caí en desgracia. Una tarde fui detenido por la policía y sancionado a 12 años de cárcel. La información se la brindó uno de los ladrones de mi banda. Por delatar robos y denunciar a las personas que se dedicaban a comprar objetos hurtados, quedó en libertad y lo dejaban hacer. Es el método que utiliza la policía con los chivatos. Te dejan robar o vender drogas mientras delates a otros”, comenta Óscar.

Antonio fue ‘jíbaro’ (delincuente) en los años 90. “Vendí piedra, melca y marihuana. Me arrestaron durante la redada conocida como Operación Coraza. El 90% de los que venden drogas colaboran con la policía. Existe toda una red de traficantes controlada por la seguridad. No sé con qué intención, pero es así”.

Dentro de la disidencia, innumerables informantes también hacen labor de zapa. En la Primavera Negra de 2003, 75 opositores y periodistas libres fueron condenados a 20 años o más de prisión.

En los procesos judiciales, los servicios especiales ‘quemaron’ a varios agentes infiltrados en las filas de la disidencia y el periodismo independiente. Sus testimonios apuntalaron las sanciones penales. Manuel David Orrio, Néstor Baguer, Aleida Godínez y Odilia Collazo, entre otros, con sus chanchullos dividieron a sectores de la oposición. Algunos llegaron a estar al frente de grupos disidentes.

Ernesto Vera, de Santiago de Cuba, reveló que había realizado un trabajo encubierto a favor de la policía política, para desacreditar al grupo opositor UNPACU.

Al igual que entre jineteras, ladrones, marginales y vendedores de drogas, los cuerpos policiales te dejan hacer a cambio de información, dentro de la disidencia numerosos topos han penetrado organizaciones de activistas políticos y periodistas independientes, con la intención de intrigar o simplemente colonizar a la oposición.

Uno de los objetivos del régimen de Raúl Castro es crear una disidencia leal, que se avenga a sus intereses y le permita dar una imagen de ‘libertad y democracia’ de cara al exterior.

Publicado en El blog de Iván García y sus amigos

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