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Cuando el Cielo emula con la Tierra

Por Pilar Montes

Jesús María Luzarreta

Jesús María Luzarreta

HAVANA TIMES — A los habitantes de la parroquia La Milagrosa, con una iglesia construida en los años 40 del siglo pasado, les llegó una bendición hace 25 años: la dirección de Jesús María Luzarreta.

Español ahora en su séptima década, de familia acaudalada en la península, el párroco ha desarrollado una relevante labor humanitaria no sólo con su congregación católica, sino con las familias del barrio de Santos Suárez, municipio habanero de 10 de Octubre y más allá.

Luzarreta puede no ser el único entre los párrocos cubanos, pero es el ejemplo que conozco y reconozco.

Alejada del ritual católico desde casi la adolescencia, yo he mantenido un diálogo interno con mi conciencia, que no necesitó de la asistencia a la iglesia para sentirme en paz con el Creador.

Pero, al sobrevenir la demencia senil de mi madre, tuvimos necesidad de acudir a las donaciones de La Milagrosa para los ancianos del área, tanto en medicamentos, ropa y equipos como bastones, muletas, andadores y sillas de ruedas, todo entregado gratuitamente.

El párroco recibe contenedores de la región de España de la que procede con donaciones de ropa, alimentos y medicamentos. Estas se distribuyen no sólo en su iglesia, sino a otras iglesias cercanas como la de San Juan Bosco en la Víbora e incluso fuera de La Habana, sobre todo en regiones que han sido azotadas por ciclones.

En 2008, año en que parte de la hoy provincia de Artemisa, fue devastada por un huracán, el ómnibus de la iglesia, lleno de alimentos, ropa y medicamentos fue sorprendido por un segundo meteoro cuando visitaba a los damnificados del primer evento.

Esa ayuda no puede compararse con la aportada por el Estado a esas zonas en tiempos de emergencia, pero ciertamente era más agradecida por venir de la iniciativa de este clérigo.

Servicios a la comunidad

Aparte de los servicios religiosos que presta La Milagrosa, el párroco y los clérigos que lo acompañan, proveen a la comunidad de una casa de abuelos a los que se brindan servicios médicos, desayuno, merienda y almuerzo.

En caso que los ancianos de la parroquia no puedan caminar por ellos mismos a recoger estos alimentos, hay empleados u otros ancianos que los llevan a sus casas.

También disponen de una ambulancia para atención médica de urgencia o trasladarlos a consultas en centros de salud.

Se ha creado una Infancia misionera formada por jóvenes que van a casas de los abuelos que viven solos y los bañan, dan de comer y hacen reparaciones menores en las viviendas.

Se promueven actividades culturales como coros, declamadores y teatro, bailes para la socialización de jóvenes, dirigidos por una joven que canta en las misas y otras actividades de la iglesia.

En el ómnibus se organizan excursiones y se lleva a las familias a la playa en el verano. En la fiesta de los Reyes Magos se distribuyen juguetes a los alumnos de la catequesis.

El taller de niños con síndrome Down

Una casa enfrente de la iglesia le fue donada a Luzarreta por la última ocupante al morir. Él quiso dedicarla a hacer un taller para niños y jóvenes con Síndrome Down, no solamente de la parroquia sino de muchos municipios habaneros.

Quizás recordando a su sobrina en España con esa misma patología, Luzarreta se enfrentó entonces a la incomprensión de algunos y el “peloteo” de otros organismos oficiales. Primero, tuvo que poner la casa a nombre de la Iglesia y luego asumir la reconstrucción de la vivienda, que cada paso requirió de muchos permisos y papeles.

El grupo de niños y jóvenes Down se divide en dos, según el nivel de desarrollo mental y las destrezas manuales de los muchachos.

Cada grupo tiene una maestra acorde con el nivel de los niños. El otro grupo que tiene un nivel superior con niños que saben leer y escribir, tienen habilidades manuales, se dedican a la pintura, el bordado, costura, peluquería, carpintería y ayudan en la cocina.

Además de estas actividades por separado, hay una en conjunto de psico-ballet y a veces los llevan a eventos nacionales e internacionales como los de Pedagogía, Psicología y Psiquiatría, donde han actuado en obras de teatro y danza.

El horario de esta atención a los niños Down es de ocho en la mañana a cuatro de la tarde, horario que comienzan con el desayuno, el oficio religioso y catequesis para los que no hayan tomado los sacramentos, seguido por las actividades del taller, la merienda y el almuerzo, después de lo cual retornan a casa.

Cada niño tiene una historia clínica controlada por el párroco. Estos niños no realizan misiones como los jóvenes debido a su discapacidad.

Sacar la fé a las calles

El gobierno cubano hizo las paces con el Vaticano y sus representantes en el país hace unas tres décadas, en el papado de Juan Pablo II, quien visitó la isla en enero de 1998.

Antes de la llegada de Luzarreta a esta parroquia, no se hacían procesiones por las calles y ahora las autoridades no solo permiten esas marchas sino que le facilitan el tránsito por las calles involucradas.

Todos esperan que la emulación humanista del Cielo y la Tierra siga en estos términos pacifistas y se expanda por el bien del país.

Written by Havana Times

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