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Las ganancias del acercamiento Cuba-EEUU

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eua-cuba-derechos-humanosTomado de Clarín, por Marcelo Cantelmi

La reapertura de las embajadas de EE.UU. y Cuba es el gesto más potente y simbólico de la remoción de los últimos ladrillos de la Guerra Fría en la región, aun cuando quede bastante del muro a ser derribado, particularmente el bloqueo. En este histórico deshielo, las dos partes pueden anotar ganancias, aunque es claro que los mayores costos quedan del lado cubano.

Para EE.UU. el vínculo con la isla que lo desafío con éxito durante más de medio siglo, es menos un negocio económico inmediato que un gran logro político. Con buena suerte los flujos de inversión directa norteamericana en la isla pasarán de los US$ mil millones actuales a 17.000 millones en la primera etapa. Nada hay en esas cifras de un “back wind” que enloquezca al mercado de Nueva York. Aunque no es poco dato que hayan sido los ejecutivos de la Cámara de Comercio de EE.UU. parte de los auspiciantes de esta apertura.

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Lo cierto es que la Casa Blanca anota para su crédito la exhibición práctica de un nuevo relacionamiento con una región que nunca abandonó la solidaridad con La Habana. Y lo hace cuando China y Rusia disputan a EE.UU. tramos completos de influencia en el subcontinente. El nuevo vínculo con Brasil también tiene esa brújula. Para Cuba, el escenario es mucho más complejo. Se abren dos niveles que deben ser observados. Por un lado, el impacto social que acarreará un ingreso necesario de divisas que vendrán de la mano de un aumento exponencial del turismo y de la construcción. Por el otro, los costos incluso culturales y hasta ideológicos que implicará esa transformación.

El propio Fidel Castro comenzó a derribar las barreras cuando aún nadie imaginaba este proceso, al sostener, en 2007, que “Cuba no tiene mayor desafío que el combate por la eficiencia de la economía” y remató revelando el tamaño de esa factura: “Habrá que introducir los cambios estructurales y de conceptos que resulten necesarios”. Eso es la apertura y la convivencia con el mundo capitalista a apenas 150 km. de sus costas.

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La cuestión puede ser muy espinosa. En Cuba, donde la gente gana apenas US$ 20 de promedio mensual, conviven dos monedas: el peso nacional y el convertible o CUC con una paridad de 24 pesos equivalente a casi un dólar. La “actualización” del modelo implicará la unificación monetaria con un costo inflacionario que caerá sobre el conjunto de los cubanos.

La irritación social previsible se aliviará con la multiplicación de empleos mejor pagados. Pero, al igual que en China o Vietnam, países tan comunistas como Cuba, nacerá un segmento de acaudalados como efecto de aquel cambio de conceptos y estructuras. Para los asiáticos ese resultado es un éxito del nuevo modelo. No es difícil suponer cómo lo percibirán los cubanos.

Written by ravsberg

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