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Karla López: “Comunicar es mi pasión”

Karla López: “Comunicar es mi pasión”
Karla López: “Comunicar es mi pasión”
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El momento de la entrevista con Karla López llegó justo en los días en que, a raíz de unas declaraciones dadas por Osmani García a un periodista del Canal 41 de Miami, se desató una tormenta de opiniones, donde, al parecer, primaba la intención de los medios de lanzar al artista a la hoguera pública, a lo cual él contribuyó enormemente con alocadas e hirientes declaraciones.

Por eso quise, antes de comenzar la entrevista, para romper el hielo, preguntarle su opinión sobre lo que estaba sucediendo. Curiosamente, su respuesta propició, y en qué medida, el comienzo de la entrevista.

Karla, ¿qué opinión te merecen las manipulaciones de las “frases” de los invitados por cierta parte de la prensa sensacionalista? ¿Por qué se empeñan en preguntarles a los cubanos – sea quien sea – temas sobre política?

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-Roberto, eso “casi” que es exclusivo de aquí. En México, donde viví tanto tiempo, esa inquisición no existe. Allá, en cuanto al tema cubano, no existe ese interés… allá, se está un poco alejado de todo. No es lo mismo si tú llegas desde Cuba, directamente hacia este “epicentro”. A mí no me ha sucedido, pero sé de muchos que sí, que han llegado aquí y enseguida les cae la pregunta “política” encima.

Tal vez ha llegado el momento de hacer como hizo el poeta José Ángel Buesa, quien interrogado acerca de “la Revolución”, apenas puso un pie en el aeropuerto de República Dominicana, meses después del 1ro de enero de 1959 dijo: “Por este mismo aeropuerto, en este mismo vuelo, casi a esta misma hora llegó hace poco Fulgencio Batista. ¿Le preguntaron ustedes sobre poesía? ¿No, verdad? Entonces porque coños me preguntan a mí de política”.

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-(entre risas) No conocía esa anécdota, pero sí claro, ya lo dice el refrán: zapatero a sus zapatos. En mi caso particular, te repito, a mí nunca me han preguntado sobre Cuba ni sobre nadie y en México viví quince años. Aquí llevo poco tiempo; anteriormente estuve de visita y Carlos Otero y Omar Moynelo me entrevistaron, pero todo transcurrió normal. Aquí no he trabajado…

Bueno, trabajaste en Radio Mundo 1450. Háblame de tu experiencia laboral en Radio Mundo.

-Radio Mundo fue como algo que te abre el camino, que te impulsa. Yo estaba en México y siempre tuve un poco de temor sobre cómo sería la radio aquí en Miami por eso mismo que hablábamos ahorita. Gracias a un colega de la radio, Rolando Záldivar, que me habló, me entusiasmó, y comencé a trabajar en el mismo proyecto que años antes nos había lanzado a la fama en Cuba: un programa radial, musical, “De 5 a 7pm”.

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Karla López junto a Ismael Cala. Foto propiedad de la entrevistada

En el estelar programa de Radio Taíno.

-El de Radio Taíno sí. Bueno, ahí no trabajó Zaldívar. Éramos otros los locutores, fundadores… ese programa estuvo siete años en el número uno.

De 5 a 7 en Radio Taíno, era un programa sugerente, distinto.

-Ese programa cambió el concepto de la radio en Cuba. No teníamos guión, pero con mucha profesionalidad improvisábamos sobre la marcha. Hablando en cubano: decíamos lo que nos daba la gana. Casi que no teníamos “censura” algo raro para la radio en Cuba en aquel entonces.

Acostumbrada a decir “lo que te diera la gana” fue que hace unos meses dijiste en Radio Mundo, “aquí no me pagan”.

-Exacto… ¡qué iba a imaginar yo que eso me iría a traer problemas! Además, era la verdad. ¡Trabajé un mes entero y nunca me pagaron! Yo estoy tan acostumbrada a la espontaneidad, por eso fue que “solté” eso ahí en Radio Mundo; y ese fue el último día que hice De 5 a 7 Miami.

Pero vayamos a tus inicios en Cuba, ¿qué edad tenías cuándo llegaste al ICRT?

-Tenía sólo 23 años.

¿Te habías recién graduado de la Universidad?

-Yo estudié Filología en la Universidad Central de las Villas. Hice todas mis prácticas en una biblioteca donde fui asesora literaria y correctora de estilo. Semanalmente iba a la Habana, donde matriculé un curso en el ISA de Dirección de Cine, Radio y Televisión. Antes de eso, trabajé, durante mis prácticas pre-profesionales en CMHW en Santa Clara.

Entonces, ¿te lanzaste hacia La Habana a probar suerte?

-Mis padres decidieron irse a vivir para La Habana. Al llegar inmediatamente empecé a buscar trabajo. Gracias a una amistad “llegué” a Radio Taíno, luego vino Teleavances. Y después sustituí a Yosie Galindo en Lo Bueno no pasa cuando ella salió del país. Haciendo este programa, gané dos premios Caracol (año 2000 y 2001).

¿Qué prefieres hacer? ¿Radio o televisión?

-Si me pones a escoger, es como si me pidieras te dijese “cuál hijo prefiero”. Yo prefiero a ambos por igual (la radio y la TV)

Muchos critican la frivolidad en la TV. Se comenta que es un “mundillo” un poco complicado para las relaciones interpersonales. Que hay mucho arribismo, enredos, envidia…

-En mi caso no fue así, gracias a Dios. A mí no me sucedió así. Yo me llevaba muy bien con todos ; es la verdad. Te hablo de la TV en Cuba ¿eh? En México tampoco me sucedió. Aquí creo que hay más competencia. Es distinto. En verdad, yo no tuve tropiezos de ese tipo en mi carrera.

Karla, para nadie es un secreto que ahí dentro, ha surgido una especie de personajillos, de “jet set”; no tienen ni dos años de carrera en la televisión y van por la calle con la barbilla en alto.

-Yo creo que una de las cosas más grandes que debe tener un artista es su sencillez, como ser humano. No cambiar “su origen”. Muchas veces escuché comentarios de ese tipo con respecto a algunos que llegaron a la TV siendo bien humildes, y que el ego y la fama los hizo cambiar.

¿No fuiste tú una de esas?

-¿Yo? ¿Te parece?

No, no, yo solo pregunto; yo soy el que pregunto. No te guíes por alguna “mordida” de mi parte.

-(ríe) pero… ¡cómo crees! Mira, si hasta ahora no he cambiado. No, nunca nadie me dijo eso. No creo haber sido de esas. Y yo estuve al lado de gente grande.

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Karla López junto a Ricardo Arjona. Foto propiedad de la entrevistada

Grandes musicalmente y grandes en estatura. ¿Te gustaría volver a pararte en un escenario y presentar a Ricardo Arjona?

-Eso fue en el Palacio de la Salsa, por ahí está la foto. No fue el único. También tuve la fortuna de entrevistar a Silvio Rodríguez, Joaquín Sabina.

A Sabina… ¿en la Habana?

-Sí, en la Habana. Déjame contarte que ese hombre siempre me ha fascinado.

De esa entrevista en específico, ¿recuerdas algún detalle? ¿Algo importante que te haya dicho?

-Recuerdo, cómo que no, el gran amor que Sabina siente por Cuba, por su gente, por la música cubana. Sin embargo, pude apreciar en él, como una especie de preocupación por la “represión en las libertades” de los cubanos. Sabina es una persona muy inteligente. Es una persona que percibe con mucha facilidad la realidad en los lugares que ha estado (o vivido). En alguna que otra ocasión lo ha expresado, a su manera, claro, porque es un artista. No es un político. Y es muy respetuoso. Es todo un cronista de la realidad. No un cronista político. Al menos yo no lo veo así. Lo veo más contemporáneo, menos de “guerra fría” y más hacia el amor, hacia las parejas, hacia la vida. Lamento una y mil veces no haberme retratado junto a él.

Hablando de fotos. Me contaron, que una vez, un hombre chiquitico, gordito, se quiso tirar una foto contigo y tú no querías, porque no sabías quien era. Un argentino.

-(ríe) Eso fue una anécdota de mi incultura deportiva. (vuelve a reír) Esa noche yo estaba presentando en el Habana Café del Meliá Cohíba a Compay Segundo. Dentro del público estaba Silvio Rodríguez. Yo quería una foto con Silvio y en esos pensamientos andaba: en “sacarme” una foto con Silvio. Cuando se lo comento a mi asistente, Fernando, este me dice: “Karla, primero Maradona, que está esperando y quiere tirarse una foto contigo; después te retratas con Silvio” Y yo a rebatirlo, hasta que termino preguntando: “Pero ¿quién es ese Maradona? Ahí es cuando Fernando me dice que era un futbolista argentino muy famoso. Yo no lo conocía; muchísimo menos sabía que era el mejor futbolista del mundo. ¡Ahora sí lo sé! Recuerdo que era muy dadivoso, amable y risueño con todo el mundo. Pero ¿cómo te enteraste tú de esa anécdota de la foto con Maradona?

 No solo eso; también sé que conociste la mano de D10s. Sé que la mismísima mano de D10s te tocó. ¿Es cierto? 

Karla López junto a Diego Armando Maradona. Foto propiedad de la entrevistada
Karla López junto a Diego Armando Maradona. Foto propiedad de la entrevistada

-(Ríe) Sí, ¿eh? “por la izquierda” Bueno, mira la foto (vuelve a reír).

Tuviste, en esos años, la oportunidad de trabajar con monstruos sagrados de la comunicación en Cuba como Consuelo Vidal, Gladys Goizueta y Franco Carbón.

-¡Yo era muy jovencita! Radio Taíno, era Radio-Rebelde-Taíno. Y ahí en Rebelde, conocí a Franco, quien es, y digo es porque para mí sigue siendo, una persona súper profesional. Franco era un hombre de una gran cultura. Con una voz hermosa, limpia. Mira, lo más importante en un profesional no es las cosas que haga, o la obra, es el SER. Tiene que querer ayudar, proporcionarle a todo el que le rodea bienestar, alegría, verle las cosas buenas a la vida, porque ese es el sentido de un comunicador por esencia. Ser auténtico, espontáneo. Poseer grandes dosis de calidez, amabilidad y gentileza. Si no eres de esas personas, no eres un comunicador. Y Franco era un grande de la comunicación porque reunía todos esos valores.

En el caso tuyo…

-En mi caso, así me lo han hecho saber, formé parte de un programa que alegró a toda una generación. La gente se divertía mucho con De 5 a 7 en Radio Taíno. Igual sucedió con El Exitazo. Son programas en los que pude llevarle algo positivo a la gente.

Tú eres, aparte de una profesional de las letras, una persona de profunda fe cristiana. ¿Ambas cosas te han ayudado?

-Sí, claro, ambas cosas me han ayudado.

Seguramente has escuchado la frase “Dios delante”…

-¡Claro! Siempre es así. ¡Dios delante! Pero ojo, tú también tienes que poner de tu parte. Hacer tu esfuerzo. Todo no lo puedes dejar a la obra de Dios. Si yo hubiese dicho: “Dios me dio el don de la comunicación”, y no estudio, no me preparo, no aprendo de los grandes, no hubiese llegado a ningún lado.

¿Y la suerte? ¿Dónde dejas la suerte?

-¡No! La suerte no existe. Nosotros no creemos en la suerte. Creemos en la bendición. Doy un paso, y en mi esfuerzo físico al dar el paso, Dios me bendice. ¡Esa es la verdadera suerte! Tu esfuerzo. Gracias a ese esfuerzo, pude ser conductora de muchos programas estelares en la TV y en todos los centros nocturnos habaneros. En los años 90, presentaba a todas las orquestas de Salsa. Fue una carrera muy linda.

Sé que trabajaste con Ismael Cala. Cala se ha convertido en alguien “grande” aquí. No sé si lo has visto, conversado con él. En caso de que haya sido así, por alguna casualidad, ¿te reveló el método para que un comunicador latino pueda triunfar aquí en los medios de comunicación de los Estados Unidos?

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Karla López junto a Ismael Cala. Foto propiedad de la entrevistada

-(ríe) Conozco la fama de Ismael, claro. La primera vez que yo vine a Miami, él no era tan famoso. Andábamos en su Acura, y le profeticé su éxito. No es porque yo sea vidente ni mucho menos, pero en los días que aquí estuve, y conociendo su personalidad, su talento y conocimiento, me fue fácil predecirlo. Él es muy esforzado.

¿Trabajaron en México juntos también? Yo sé que vivió contigo en México.

-En México no trabajamos juntos; él trabajó en Televisa, y sí, vivió en mi casa algún tiempo. Salíamos juntos, íbamos a ver películas; luego cuando me lo encontré acá en Miami, le dije eso: que muy pronto llegaría su turno y sería por la puerta ancha. Me alegra mucho su éxito y le agradezco mucho que, en los libros que ha escrito me haya mencionado, que haya tenido la deferencia de incluir hasta una foto nuestra.

¿Fue él quien te impulsó a venir a los Estados Unidos? ¿O fue la propuesta de trabajo en Radio Mundo?

-Muchos amigos que viven aquí en Miami, me dijeron que con mis relaciones y contactos no me sería difícil comenzar una nueva carrera aquí; que había muchas oportunidades. Fue ahí cuando entró el proyecto De 5 a 7 Miami.

De 5 a 7 Miami, en Radio Mundo 1450, era un programa que iba a llenar un espacio que no tenía, y que aún no tiene la radio de Miami. Su objetivo era divulgar, en toda la extensión de la palabra, la música cubana, sobre todo la que actualmente se hace dentro de la isla, por quienes aún viven allá. Lo que aquí se difunde en la radio como música cubana, incluso, pasa por un filtro político. De 5 a 7 Miami rompió ese molde. Era un buen programa, en un horario estelar y con dos locutores de lujo: tú y Rolando Záldivar.

-Por todo eso que tú dices, yo le aposté a De 5 a 7 Miami. Quizás no “estábamos preparados”, quizás no era la radio correcta; al menos yo creo que la AM no se presta para eso. La FM era mucho mejor, el hecho es que Radio Mundo 1450 no sobrevivió cuatro meses.

Al inicio mencionaste la palabra “censura”. Parece difícil censurar a un comunicador oral. Aparentemente no existe nadie que pueda controlar lo que hablas, “amordazarte” lo que vas a decir dentro de cinco segundos. ¿En alguno de los países en los que has trabajado, o en varios, has sentido la censura?

-En honor a la verdad, donde más he sentido la censura es en Cuba. Yo te comentaba que en el programa de Radio Taíno, De 5 a 7, no teníamos siquiera un guión. Todo lo que decíamos era espontáneo. En una ocasión, recuerdo, le dije “Señor” a un invitado, y me llamó el director del programa en aquel momento y me dijo que “señor” era una palabra burguesa, que tenía que haberme referido hacia esa persona como “compañero”.

Te regañó.

-Y me sancionó también. Una semana estuve fuera del programa (ríe) Fue una cosa tonta, de la cual quisieron hacer todo un “show”. Hasta publicaron en el periódico Trabajadores lo sucedido. Pero yo creo que, afortunadamente, ya esa etapa en Cuba pasó. Y en México nunca sentí la censura.

Karla López junto a Carlos Otero. Foto propiedad de la entrevistada
Karla López junto a Carlos Otero. Foto propiedad de la entrevistada

¿Crees que es útil la censura en algún caso determinado? Digamos, para resguardar o salvaguardar “algo”.

-Yo creo que todo lo que coarte la libre expresión no es útil. La censura no es buena. Todo lo que interfiera el decir, en el país que sea, es malo. Claro, uno tiene que tener una ética. Un comunicador, aparte de tener ética, debe tener principios y valores. A nosotros nos sucedía una cosa en Radio Taíno. Todos los locutores “estábamos en la mira” Era la “primera” radio comercial en Cuba. Si mal no recuerdo, hasta se mencionó la frase “los locutores de Radio Taíno están medio aburguesados”… si no se dijo así, explícitamente, al menos se sugirió. Y “señor” fue una palabra que se “me escapó”. Apenas eso. ¡Qué burguesía ni ocho cuartos!

Yo recuerdo bien Radio Taíno. Año 93, 94… se había caído “el muro”. Radio Taíno, con sus comerciales, hería la sensibilidad de los puros, o para decirlo mejor: de los puritanos. La radio cubana – por llamarla de algún modo, la radio estatal y revolucionaria cubana -, no estaba adaptada a “soportar” algo como Radio Taíno.

-Radio Taíno fue un parte aguas. Teníamos muchos patrocinadores. Yo tenía nueve patrocinadores, y todos ellos vivían dándome cosas para hacer las noches de rifas, concursos,… Yo era la imagen de Coppelia, de Tukola. Por ahí están los afiches. No era que yo estuviese aburguesada. ¿Coppelia era burguesa?

Imagínate, entonces todos los cubanos consumíamos el producto burgués, ahí en 23 y L. ¿Sentías que eras molestada por todo eso que tenías? ¿Aún te duele lo sucedido?

-(Ríe) Mira, a estas alturas del partido no, pero estando ya en México me puse a pensar en todo eso. Yo, “me fui” de Cuba cuando estaba en el boom de mi carrera. Yo tenía en la sala de la casa todas esas cosas que me daban, te repito, para usarlas como promoción y continuamente los del CDR me preguntaban: ¿por qué tienes tantas cosas?  Eso, cuando uno está en otro país, donde no existe esa invasión a tu privacidad, lo pones en una balanza. Es como un choque. En el año 2000, en el 2001, justo cuando gané los Premios Caracol, yo sentía mucha presión encima de mí. E igual le sucedió a muchos de mis colegas, locutores, artistas, con los cuales he conversado.

En tantos años de trabajo en el ICRT, como presentadora de Teleavances, que conocías todos los programas de la Televisión, ¿alguno de ellos, en verdad, “tocaba tierra”? ¿Sentiste en algún instante que el Instituto de Radio y Televisión de Cuba estuviese conectado con la realidad cubana?

-Yo también estaba fuera de la realidad. Si te soy sincera, ni en pleno periodo especial tuve necesidades. Ni problemas con el transporte, ni con la alimentación. Nunca me faltó el dinero. Yo lo único que hacía era dormir y trabajar. Mi vida era encerrada, bajo techo. Me faltó eso, me faltó palpar la calle. Yo vivía en una cápsula. Así me decían mis amigos, pero era una cápsula de trabajo. ¿Viajaba por toda Cuba? Sí, y en Panataxi, pero trabajando. Ahí es cuando ocurre lo de mi viaje de “vacaciones” a México. Tenía tanto trabajo, tanta presión, que sentí que debía descansar y México, aparte de tener familia allí, me parecía un lugar precioso y cercano a mis intereses para descansar; pero ocurrió lo que ocurrió y que ya te conté.

¿Qué significa para ti la comunicación?

-Comunicar es mi pasión. Déjame aclararte algo. Yo me siento más una comunicadora que una locutora. Son dos conceptos distintos y por eso te hago la salvedad. A un conductor se le da una guía y a partir de ahí debe ser capaz de entrevistar, preguntar, comentar, pero para eso se necesita preparación, cultura. Por eso la conducción en Cuba es grande, porque se exige que los comunicadores sean graduados en alguna carrera afín a la profesión; que tengan grandes conocimientos sobre las “Humanidades”; a los locutores no se les exige tanto.

Karla López junto a Alexis Valdés. Foto propiedad de la entrevistada
Karla López junto a Alexis Valdés. Foto propiedad de la entrevistada

¿Y esa preparación puede lograrse en seis meses? Aquí sucede, y bastante a menudo, que una chica bonita gana un concurso de belleza, se le paga un cursito de seis meses en una academia y aparece casi que inmediatamente en la televisión como conductora o actriz de primera línea. De hecho, los otros días, Susana Pérez, en la televisión de Miami, denunció todo el talento cubano “secuestrado” o “atrapado” en esta madeja. Digo esto, no como mal augurio, al contrario. Tú eres una excelente profesional de la conducción y mereces una gran oportunidad. ¿Qué crees que necesitas?

-¡Una palanca! (ríe) ¡Vamos, que lo dijo Aristóteles que era más sabio que todos nosotros! (vuelve a reír) Mira, en serio,  la verdad es que luego de treinta años de carrera, lo único que necesito es una prueba. No que me prueben, porque yo sé lo que soy, pero es verdad que necesito la oportunidad para que vean de lo que soy capaz. Tengo una Licenciatura en Filología, además de eso, una vasta experiencia en la Radio y la Televisión. Necesito una cámara o un micrófono, y del lado de allá una persona justa que valore mi trabajo.

¿Y no crees que la palanquita esa te la pudiera dar Ismael Cala, que está vivo, y no Aristóteles que ya está enterrado hace siglos?

-(ríe a carcajadas) Si mi manito precioso (para decirlo como lo dicen los mexicanos), si él quiere levantar el teléfono y darme una ayudita, pues bienvenido ¿no?

Voy a terminar esta entrevista con dos preguntas sencillas: ¿Si se hiciera el primer programa musical cubano-estadounidense, después de todo este deshielo, y te pidieran fueses la conductora, lo harías?

-Mira, cualquier persona que como yo tenga el don y el amor por comunicar, te diría que sí. Ya fuese en Cuba, en México o en Estados Unidos. Yo soy del criterio que los que amamos la comunicación, somos ciudadanos universales. Mi tierra no es México, no es Cuba, no es Estados Unidos. Mi tierra, nuestra casa, es el universo y de él somos herederos.  Tengo esa creencia. Denme una cámara, un micrófono y voy a donde sea.

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Karla López junto a Compay Segundo. Foto propiedad de la entrevistada

¿Y cuando llegue el día que ya no puedas pararte delante de una cámara, cuando ya no puedas articular de forma improvisada un texto ante un micrófono?

-Yo no pienso retirarme, de hecho, no pienso en el retiro. Mi fe es tan infinita que me retiraré frente a un micrófono, como los grandes, cumpliendo “mi propósito de vida”. Mientras tenga fuerzas voy a seguir comunicando; y cuando simplemente no las tenga, miraré al mar.

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