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Vuelo hacia el calabozo

avionLA HABANA, Cuba.- Las nuevas generaciones de cubanos quieren construir su futuro bien lejos de los eslóganes patrioteros y las soluciones de humo para la caterva de problemas existenciales que aumentan de año en año.

Eso lo acaban de confirmar los tres adolescentes que pretendieron, el 24 de septiembre último, abordar un avión en la terminal 3 del Aeropuerto Internacional José Martí sin boletos, un poco de fe y mucha desesperación.

No se sabe cómo pensaban ingeniárselas para penetrar en algunas de las aeronaves después de violar los cordones de seguridad y una cerca perimetral de alambres de púas.

La verdad la deben haber explicado con lujo de detalles en los primeros interrogatorios que se desarrollaron en Villa Marista, la visión tropical de la Lubianka estalinista, donde los detenidos hablaban hasta por los codos, con el miedo desbordándosele por los ojos y la piel de gallina.

De estos chicos quedó solo uno en prisión, a la espera de juicio, pues es soldado del Servicio Militar Activo. Si a este muchacho le encontraron un arma, aunque fuera con un cortaúñas, en el momento de ser capturado, le auguro un final más oscuro del que le toca por atreverse a realizar una operación tan temeraria.

La supuesta posesión de cualquier aditamento, en el momento de los hechos, que pueda pasar por arma, viene como anillo al dedo a los acusadores. Tendrían de su parte otro agravante con que justificar la alta sanción.

Lo que le espera a este pobre muchacho, que, junto a sus amigos, al parecer tomó muy a pecho las escenas de Hollywood, es un encierro que ojalá pueda soportar sin perder el juicio o quien sabe la vida, a costa de las regias descargas de bastonazos y puntapiés que protagonizan regularmente los guardias en casi todas las prisiones del país o a mano de cualquier asesino con ganas de anotarse otro cadáver en su record.

Por más que he tratado, me resulta difícil imaginar la manera en que el trío de desafortunados entraría en el avión sin crear un incidente. ¿Pensaban irse en el tren de aterrizaje?

Si ese fue el plan no serían los primeros y quizás tampoco los últimos. A menudo el desánimo conlleva a turbación de los sentidos.

Para nadie es un secreto que, desde la segunda mitad de los 60, en Cuba es natural lanzarse al mar en artefactos que flotan por casualidad, como alternativa a un viaje por los aires engurruñado entre las ruedas de un Airbus o un Boeing.

Conseguir la visa y el dinero para irse sin mayores contratiempos dentro de un avión, como Dios manda, es una oportunidad que cuesta llevarla a la práctica.

Por otro lado, abandonar el país en un yate en perfectas condiciones y con motor fuera de borda, tampoco es algo que pueda llevarse a cabo, sin tener entre 8 y 10 mil dólares contantes y sonantes para pagarles a los traficantes.

Los chicos en cuestión fueron demasiado idealistas.

La inmadurez y el deseo de marcharse pudieron más que la lógica. En pocas palabras se buscaron un problema que los marcará para toda la vida.

De ninguna manera iban a tener éxito. Ya lo habrán pensado en la humedad de los calabozos. Demasiado tarde.

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