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Viejas Ventanas en La Habana

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Por Ariel Glaría

Sola.  Foto: Juan Suárez

Sola. Foto: Juan Suárez

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HAVANA TIMES — Se llamaba Felicia y fue prostituta en la época más propicia de La Habana para este oficio y continuó siéndolo después de 1959, cuando fueron prohibidas todas las casas de juego y la prostitución declarada ilegal y perseguida.

Vivía en el balcón de la esquina, tras un ventanal de madera, con una hermosa lucera de vidrio verde visible aun a pesar de la mugre, en un cuarto comprado para ella por un americano. Historia que Pipo el carnicero y el Caña contaban cada vez que los veíamos salir de la escalera del balcón de la esquina.

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Tuvo un hijo del cual no se volvió a saber cuándo se fue de Cuba y del que, se dijo, fue el único hombre que mantuvo. Fue condenada a dos años de prisión en octubre de 1974, por la única cosa que se le recuerda, a pesar que alguna vez contó haber sido una gran patinadora en un famoso club de Marianao hoy reducido a escombros y refugio de mendigos.

Volvió de la prisión definitivamente vieja y sin dientes, detalle que, sin embargo, la hizo más popular entre una clientela ávida de su oficio que, a pedido de ella, dejó de esconderse para visitarla.

Fue Mario, el marinero, quien me contó que había sido Paco el responsable de mandar a prisión a Felicia, presentando, como pruebas, viejas fotos de ella que consiguió por Marianao de manos de una antigua rival de nuestra vecina, convertida a la nueva ideología.

Fue la última vez que vi con vida a Mario. Se ahorcó en enero de 1981, meses después que Sonia, su mujer, lo abandonara llevándose a sus hijos en una lancha por el puerto del Mariel para Florida. Fue una muerte sin sepelio y repudiada por el Partido Comunista al cual pertenecía. A su entierro asistieron pocos vecinos y Felicia.

Nadie sabe cuándo Felicia murió. En el verano de 1994 el balcón de la esquina se derrumbó dejando cerrado para siempre el viejo ventanal de luceras verdes. Poco después el portón principal fue clausurado y el inmueble declarado en peligro de derrumbe. Se dice que un antiguo acceso al edificio, tapiado por ladrillos, se descubrió al final de una escalera en un solar de la manzana. Hoy viven en él varias familias y, como cualquiera sabe, existe un cuarto, matizado durante el día por un turbio resplandor, donde se vende desde leche en polvo hasta sexo barato.

 

Nota: La historia y las fechas del relato son reales, los nombres no.

 

Written by Havana Times

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