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Mujeres de la tercera edad hablan sobre sus vidas

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La vejez es otra etapa de tu vida, la disfrutarás más o menos, en tanto te prepares o no para ella. (Frase de una de las entrevistadas del documental)

Irina Echarry

mujeres documentalHAVANA TIMES — En una sala Chaplin repleta, el sábado 10 de octubre se estrenó Mujeres… el alma profunda. Las Hijas de las Estrellas, de la joven Ingrid León.

El documental, en su realización, no se diferencia en nada a los anteriores que han visto la luz en la Casa Productora de Audiovisuales de activismo social Proyecto Palomas. Se basa en testimonios de mujeres de la tercera edad, y una voz en off acompañada por imágenes fotográficas y obras de artistas de la plástica nacional que completan y/o refuerzan la historia central. Envueltos en una atmósfera de poesía, los relatos de las mujeres van entrelazándose, creando un ambiente de intimidad; las anécdotas personales -pasadas o presentes- son esperadas con gusto por la asidua muchedumbre que persigue estos materiales de Palomas.

El texto de la voz en off -que pudiera ser la de cualquier adulta mayor- confiere cierta reiteración al tema, aunque por momentos aporta otros puntos de vista para enfocar el complejo universo de la mujer mayor en un país que envejece. Es de resaltar que esta vez, aunque hay espacio para las emociones fuertes, la sensiblería no hizo nido, al contrario, la edición denota mesura.

Sufrimientos, pérdidas y temores son tratados sin sentimentalismo. La intención no es noquear al público o nublarle el pensamiento con lágrimas, sino hacernos reflexionar. Y esa es la mejor parte del documental, pues se trata de abuelas en una Cuba donde la población declina; en apenas quince años el 30 por ciento de los habitantes de la Isla será mayor de 60, lo que constituye la más elevada tasa de envejecimiento de Latinoamérica. Así, la vejez no podrá verse solo como una problemática social, sino que habrá que tenerla en cuenta también a nivel político y económico a la hora de implementar políticas públicas de subvención y amparo.

En 35 minutos, las doce mujeres relatan sus dolores y alegrías. Como siempre que se trata de audiovisuales del proyecto Palomas, hubo una selección cuidadosa e inclusiva. Aparecen mujeres diversas: amas de casa, obreras, cuidadoras, una profesora, una poetisa, una actriz y una escritora, con variedad de raza y orientación sexual.

Foto: Caridad

Foto: Caridad

Muchas de las historias parten de infancias desdichadas, donde el dolor, la discriminación o el rechazo predominan; aunque algunas sí recuerdan su niñez con regocijo. Las hay que hicieron estudios superiores, la mayoría no. Unas se casaron por casarse, otras por amor. Cada una ve con ojos diferentes los retos de la vida: la soledad, la muerte, las desilusiones o el amor. Pero todas reclaman un lugar en esta época que les ha tocado, porque sus esperanzas aún no se agotan y -según una de las entrevistadas- “la vida vale la pena vivirla en cualquiera de las circunstancias”.

Condensar en tan poco espacio los momentos cumbres de la vida de cada entrevistada es difícil, sobre todo, cuando hablamos de una docena de mujeres. Por eso cuando termina el documental, una se queda pensando que algo faltó. Salimos de la sala de cine admirando a algunas y solidarizándonos con otras, pero no las conocemos. Sus vidas nos han llegado por retazos y, cuando intentamos unirlos, quedan espacios por llenar.

A mi entender, la sabiduría y la experiencia acumulada en tantos años se diluyen en un mar de anécdotas. Contar las vicisitudes y los maltratos es interesante cuando luego se reflexiona sobre el aprendizaje que esos hechos dejaron. Y creo que en ese sentido está un poco desequilibrado el material.

Hubiera sido interesante saber más de la obra que realiza la Gran Mentora de la Logia Femenina Las Acacias y cómo esa labor la ha ayudado o no en su cotidiano del trabajo que tuvo que abandonar una de ellas para cuidar a su hermana a tiempo completo, en una edad plenamente activa en el plano profesional. Poco se profundiza en la labor propiamente creativa de las escritoras y nada se dice de los tropiezos de la trans en su vida laboral.

Lizette Vila y Ingrid Leon Foto: ipscuba.net

Lizette Vila y Ingrid Leon Foto: ipscuba.net

En cambio, algo muy positivo que le da relevancia al documental, sí se hace gran hincapié en las narraciones que remarcan el derecho a la autonomía, a un trato digno, a vivir la sexualidad, a adquirir conocimiento sin importar la edad, a que su voluntad y sus decisiones sean respetadas.

El reclamo del equipo de realización se hace notar: urge buscar soluciones a nivel gubernamental y legal para la protección y el respaldo a las personas de la tercera edad, en este caso, las mujeres, un grupo extremadamente vulnerable.

A pesar de esto, falta mucho por decir acerca de nuestras mujeres de edad avanzada. Aunque alguna foto refleje otros contextos más adversos, se nota la ausencia de personas más pobres que viven en condición de calle o que sobreviven vendiendo boberías en las esquinas o los parques, incluso, huyendo de la policía.

Tampoco se habla de la situación real de la mayoría de los asilos para ancianos, esos hogares donde se supone pasen el final de su vida y que muchas veces no tienen las más mínimas condiciones. Y mucho menos se toca el problema de los adultos mayores abandonados, no solo por la familia, sino por la sociedad, que terminan sus días enfermos, dependiendo de extraños -en el mejor de los casos- o heridos por el desprecio de la gente.

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