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La suprema y errónea imposición del comunismo en Cuba

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Se supone que en abril del 2016 tendremos el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Por Vicente Morín Aguado

Raúl Castro en el 6to Congreso del PCC.  Foto: Jorge Luis Baños

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Raúl Castro en el 6to Congreso del PCC. Foto: Jorge Luis Baños

HAVANA TIMES — Fidel Castro determinó la institucionalidad socialista al anunciar en 1975 un nuevo proyecto constitucional durante la celebración del primer congreso del Partido Comunista de Cuba. La decisión principal fue refrendar al Partido único como “fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”, argumentando tal decisión en la “infalibilidad de la doctrina marxista leninista, generadora del comunismo científico.”

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Sin menoscabo de la libertad de conciencia, prohibida constitucionalmente en nuestro país, el articulista no pretende desacreditar los aportes del marxismo al pensamiento universal, el asunto es otro:

¿Puede probarse el carácter científico de una doctrina política? El contrasentido nos lleva a los llamados clásicos, pues tanto Marx -Tesis sobre Feuerbach, 1845- como Lenin- Materialismo y Empiriocriticismo, 1908-, consideraron a la práctica criterio supremo de la verdad.

Si pudiéramos fiarnos de un sistema filosófico capaz de conducir a la humanidad hacia el paraíso terrenal, sería sensato aceptar tal concepción del mundo, de ahí la engañosa propuesta demagógica del liderazgo comunista al exigir el partido único marxista- leninista, sin embargo, los hechos suelen ser testarudos, escribió una vez Lenin en su conocido opúsculo Tres Fuentes y Tres Partes Integrantes del Marxismo. (1914)

Es necesario recordar cuál era la perspectiva de los comunistas cubanos 61 años después de impresa la frase leninista.

“El constante crecimiento del poderío y la influencia del sistema socialista mundial, los avances del movimiento comunista y obrero internacional en el resto del mundo, los éxitos del movimiento de liberación nacional, los cambios favorables hacia la distensión internacional y el debilitamiento general de las posiciones del imperialismo mundial. La contradicción fundamental de nuestra época entre el socialismo y el capitalismo continúa desarrollándose a favor de las fuerzas revolucionarias.”(Primer Congreso del PCC, Tesis y Resoluciones)

Lejos anda el mundo de tales vaticinios. No juzgo a los autores de la parrafada por creerse lo que escribieron, los condeno porque impusieron la estupidez de considerar a un sistema de pensamiento en calidad de único e inexorable, además con carácter obligatorio.

Desde entonces vivimos el símil de un estado teocrático curiosamente laico, engendrado por líderes públicamente ateos. Es un alevoso atentado a las bases milenarias de la experiencia humana.

El desmoronamiento del sistema socialista mundial, unido a la crisis generalizada del experimento implantado en Cuba a partir de 1959, refutan la pretensión “científica” de la doctrina que analizamos, de paso, evitando el sectarismo, mal endémico de los sucesores de Marx, puede decirse exactamente lo mismo de cualquier otro credo político o religioso.

Hasta en la física, ciencia donde la predicción viene acompañada de realizaciones concretas, expuestas a la demostración matemática, domina el célebre Principio de la incertidumbre que le otorgó la inmortalidad a Werner Heisenberg con el Nobel de 1932, junto a una eterna disputa frente al determinista Albert Einstein.

La ambigua y escueta constitución socialista de 1976 con su ominoso artículo # 5 y sus tímidas e hipócritas enmiendas está sobrada, es inexorable el camino hacia una V república, considerando primera la que nos legaron los insurrectos de 1868, adalides de la civilidad frente al caudillismo.

Ni siquiera los que hoy mandan se toman en serio las parrafadas constitucionales fabricadas años atrás, basta con apreciar qué hacen ellos, sus hijos y nietos, qué dicen y donde están. Los hechos –vuelvo y repito- suelen ser testarudos.

Hemos perdido medio siglo, aún viene en nuestro auxilio el Apóstol Martí, a quien Fidel Castro situó junto a Marx y Lenin sin necesidad de pedirle permiso:

“El Partido Revolucionario Cubano no tiene por objeto llevar a Cuba una agrupación victoriosa que considere a la Isla como su presa y dominio, sino preparar, con cuantos medios eficaces le permita la libertad del extranjero, la guerra que se ha de hacer para el decoro y bien de todos los cubanos, y entregar a todo el país la patria libre.” (Bases del Partido Revolucionario Cubano, artículo # 5, 1892)

¿Es pura coincidencia el número 5? Al fin y al cabo más claro no canta un gallo.

 

Vicente Morín Aguado: [email protected]

 

Written by Havana Times

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