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Un hombre de vergüenza

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Elio Delgado Legón

Los tanques de la victoria. foto: juventudrebelde.cu

Los tanques de la victoria. foto: juventudrebelde.cu

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HAVANA TIMES — Al triunfar la Revolución, los oficiales y combatientes rebeldes fueron situados, según sus grados, en los distintos cuarteles, con la misma estructura que tenía la Guardia Rural y la Policía de gobiernos anteriores. Además de los soldados rebeldes, se sumaban a las huestes revolucionarias algunos combatientes de la clandestinidad del lugar y pequeños grupos que se habían alzado en armas en la zona, durante las últimas semanas de la tiranía.

La plaza militar de Colón, en la provincia de Matanzas, era un sitio importante, con una amplia zona de atención que incluía a los poblados de Amarillas, Calimete, Manguito, Perico, Los Arabos, San Pedro, San José de los Ramos y Banagüises.

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Precisamente en Colón fue situado mi jefe, el capitán Julio Chaviano, con una parte de su tropa y algunos combatientes de Oriente, para que organizara el Escuadrón 43 de la Guardia Rural, que entonces le llamamos Policía Rural.

A nuestra fuerza se fueron incorporando algunos combatientes locales y jóvenes que expresaron su deseo de pertenecer al Ejército Rebelde. Algunos los mandamos a estudiar a la escuela de cadetes.

Entre los que se presentaron ante el capitán Chaviano había dos hermanos que estuvieron alzados los últimos meses de la tiranía de Batista y que, además, tenían su historia de lucha clandestina.

Los hermanos Raúl y Felo no pretendían ingresar al Ejército Rebelde, sino colaborar desde sus posiciones en la vida civil.

La relación con ellos fue cordial y fluida durante varios meses. Creo que todo el año 1959 y parte de 1960. Todo marchaba bien, hasta que un día Raúl desapareció. Felo nos fue a ver muy preocupado y nos comunicó que no sabía dónde estaba su hermano, pero que seguiría indagando.

A los pocos días, Felo nos informó que su hermano estaba alzado de nuevo, pero esta vez contra la Revolución. Se veía muy afectado por eso y pidió permiso para tratar de convencerlo de que depusiera las armas. Se le autorizó y quedamos a la espera de los resultados.

Felo mandó algunos mensajes a Raúl, pero la respuesta fue negativa. Entonces pidió autorización para ir al campamento y entrevistarse con él, con la esperanza de que personalmente su gestión fuera más fructífera. También se le autorizó.

Pasó toda una semana sin que Felo regresara a su casa, y cuando lo hizo, vino inmediatamente a vernos y a contarnos sus discusiones con su familiar que, según él, estaba confundido, pero no estaba dispuesto a deponer las armas y seguiría alzado.

Se veía muy afectado y apenado por no haber tenido éxito ante su hermano, cuya actitud él no compartía.

Ese día nos dijo que tenía el corazón destrozado. Tratamos de darle ánimo, pero se marchó muy abatido.

Al día siguiente muy temprano recibimos una llamada que nos conmovió a todos. Felo había sido encontrado muerto en su cuarto con un cuchillo clavado en el corazón. Fue la forma que encontró para suicidarse, porque, sin duda, era un hombre de vergüenza.

A las pocas semanas supimos, por informaciones de inteligencia, que Raúl había abandonado el país hacia Estados Unidos.

Written by Havana Times

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