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Una cárcel brasileña elige a su miss

Maquillaje, purpurina, ropas de gala, una pasarela de alfombra roja, un jurado y cámaras de televisión. A las reclusas de la cárcel brasileña de Talavera Bruce hoy no les faltó un detalle para sentirse reinas de la belleza por un día en un concurso de Miss Penitenciaria.

Diez internas desfilaron ante familiares y compañeras en una pasarela improvisada en el patio de este penal femenino de Río de Janeiro, a la sombra de unos muros desnudos de seis metros de altura coronados por alambres de espino y ante la atenta mirada de las guardias de seguridad.

Las candidatas a la corona de Chica Talavera Bruce, o “miss TB”, como ellas llaman al certamen, emularon el ritual del Miss Brasil y de los incontables concursos de belleza que se celebran en este país e hicieron dos desfiles, el primero con ropas ligeras de playa y el segundo, con vestidos de gala.

Así desfilaron ante diez jurados, entre los que había una conocida modelo brasileña, un juez y funcionarios del sistema penitenciario, que valoraron su belleza, simpatía, elegancia y desenvoltura.

Michelle Neri Rangel, de 27 años, fue la ganadora de la banda que le acredita como la “chica TB 2016” y afirmó a Efe que se toma el concurso como “una cuestión de honra”.

“Me estoy sintiendo una mujer, he aprendido a sentirme una mujer en la prisión”, dijo Rangel, quien se definió como una mujer “muy sensual” y “osada”, cualidades que le ayudaron a convencer a los jurados en la pasarela.

La nueva miss, que está entre rejas desde 2010, explicó que era prostituta, se relacionó con un asaltante y acabó condenada a 39 años de cárcel por cometer una serie de robos, una condena a que le añadieron seis años más por prostituirse dentro del penal.

La corona de miss TB tiene un “estatus” en la cárcel y puede ayudar a abrir puertas, como lograr trabajo dentro de la penitenciaria y ganarse el respeto de las colegas, según dijeron varias de las participantes.

La reina del año pasado, Ana Carolina Rosa de Souza, de 22 años, condenada por narcotráfico, aseguró que el título de miss le sirvió para conseguir “muchas cosas”, entre ellas, a “aprender a lidiar con las personas”, algo que desconocía antes de entrar en la cárcel, cuando “sólo” le interesaba “el dinero” y “no sabía ni lo que era la palabra de Dios”.

“Las candidatas tienen que tener la cabeza erguida, fuerza de voluntad y postura. El concurso no sólo es de belleza. Los jurados ven la simpatía, la posibilidad de expresarte”, comentó.

Ítala da Silva, de 21 años, también condenada por tráfico de drogas y que hoy logró el segundo lugar, se describió como “muy vanidosa” y aseguró que el concurso le estimula a “salir de la rutina del uniforme de pantalones jeans y camiseta blanca” que usan todas las internas.

A pesar de ese uniforme, las reclusas sostienen que es habitual el uso de maquillaje en la prisión, puesto que a todas les gusta estar arregladas.

“Nuestro día a día parece una disputa por ver cuál va más arreglada”, comentó Gisela Trajono, de 31 años y que consideró que el concurso le ayuda a elevar su “autoestima”.

Trajono, que cumple una condena por tráfico de drogas desde 2012, también valoró que el certamen le sirvió de oportunidad para conocer por primera vez a su nieto, de diez meses de edad.

El encuentro entre las reclusas y sus hijos y familiares propició el momento más emotivo de la velada e incluso algunas carceleras no pudieron evitar llorar.

Fuente: EFE

Written by Cheo Segovia

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