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Víctimas “colaterales” de la moda

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(foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba.- Desde siempre, la moda ha ejercido un férreo dictamen, casi una tiranía, sobre los humanos de ambos sexos. Pero el mayor rigor lo han padecido las féminas. En el caso de las cubanas, sucedió sobre todo en la etapa que el régimen totalitario imperante en nuestra patria, denominó de manera eufemística: “Período Especial”.

En ese aciago tiempo, quizás el desafío en el atuendo que debieron afrontar nuestras cubanas del patio fue el cambio brusco en los pantalones largos de terminación estrecha, que ellas llamaban “corte de tubito”, al nuevo “look” diferente de forma total, que se denominó: “pata de elefante”. Nuestras damas afrontaron con calma el reto y resolvieron la situación de ensanchar “el tubito” intercalando en la parte inferior de la prenda de vestir un pedazo de tela.

Quizás lo más difícil y en lo que brilló la imaginación del llamado sexo débil fue en el arte de resolver estar en la moda, a pesar de la escasez de telas disponibles en ese momento.

Incluso, aquellas que aún vestían luto, debieron conformarse con ser menos rigurosas y hasta verse obligadas a prescindir del mismo, aunque hay que decir que hubo momentos que el ingenio “combinatorio y adaptativo” logró pasar con éxito tan dura prueba.

La veleidosa moda impuso otros retos, como el cambio en el calzado de “plataformas” a los tacones altos llamados “puyas”, que afectó a las mujeres que debían “luchar la calle” y ganar el sustento con su cuerpo, por el tiempo que permanecían paradas. Aquí se les ha dado el nombre de ‘jineteras’, pero han sido denominadas de diferentes formas, en otras épocas, por ejemplo esta actividad cuando se desarrollaba en la Segunda Guerra Mundial, los opresores japoneses en China, para el “solaz” de sus soldados, la llamaban cínicamente “damas para el confort”.

¿Quién no recuerda los llamados topes?, que en el gracejo de las cubanas insulares se les nombró “baja y chupa”; y a las sayas cortas “abre y coge”.

Desde hace un tiempo, a fin de realzar la belleza en el peinado de las damas, ha llegado la moda de los “implantes y extensiones”; pero el pelo natural, se ha convertido en noticias, por dar origen a actividades delictivas espeluznantes, como éstas, verídicas en lo absoluto, que paso a contarles.

En Santiago de las Vegas vive una bella joven, madre soltera de una niña de 4 años. Ella se vanagloriaba de unas trenzas larguísimas que eran su orgullo. Hace unos días en plena mañana, en la tienda que está ubicada frente al parque de esta localidad, mientras estaba comprando junto a su niña, se le aproximaron dos mujeres; una entretenía a la niña con un lindo juguete, la otra le dijo en un susurro al oído: “Para que no le pase nada a la niña, estate tranquila y ve al parque que hay dos mujeres que quieren proponerte algo”.

Las dos mujeres que la esperaban le enseñaron un bello pañuelo de cabeza, la amenazaron y le cortaron las trenzas, le dijeron que no avisara a la policía, pues sabían todo sobre ella; su nombre, dirección y hasta las actividades ocasionales a que se dedicaba. Con posterioridad le devolvieron la niña y desaparecieron.

La muchacha estuvo unos días encerrada en su casa, pero finalmente hizo la denuncia en la Unidad de la Policía, se le pidió que ayudase a confeccionar un retrato hablado de las cuatro delincuentes, pero aún las maleantes no han sido capturadas.

Otro caso, aunque no tan truculento como el anterior, fue el de una enfermera y una auxiliar del Hospital Psiquiátrico del municipio de Boyeros, conocido como “Mazorra”. Ellas con el pretexto de limpiar de piojos la cabeza de algunos pacientes ingresados y que tenían cabello abundante, se lo cortaban y luego lo vendían a peluqueras conocidas.

Fueron descubiertas y expulsadas pero no las presentaron ante los tribunales, pues quizás la administración quiso evitar algún tipo de sanción por el evidente poco control en el Centro, algo bien conocido por la muerte de varios pacientes hace ya algunos años.

Como se ve la moda puede tener aristas peligrosas.

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