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Palestinos de Cuba a Costa Rica

mala fe de Nicaragua impidió conseguir solución a crisis mgiratoria según Costa Rica

Varados en Costa Rica, luego de vender sus casas (foto tomada de Internet)

LA HABANA, Cuba.- Los ‘palestinos’ de Cuba nada tienen que ver con el mar mediterráneo, mucho menos con el río Jordán.  No hay algo que relacione a nuestros palestinos con los árabes o con el imperio Otomano. La tierra que ellos habitan nunca fue invadida por asirios, babilonios o romanos. Nuestra Palestina no conoció jamás una cruzada pero fue la primera que se levantó en armas, aunque no para enfrentar a los persas. La primera vez que combatieron fue contra los colonialistas españoles.

En Cuba hay muchos palestinos, y no porque exista algún pueblito que otorgue a sus habitantes ese gentilicio, como sí lo hay en Brasil, en Argentina, en Colombia, en Guatemala. Hace un tiempo estuve indagando en nuestra cartografía porque creí en la posibilidad de que existiera algún asentamiento con ese nombre en el siglo XIX, y que de allí saliera el gentilicio, pero ni siquiera el Diccionario geográfico de Jacobo de la Pezuela hizo mención a un sitio con ese nombre, aunque en La Habana se conozcan a muchos palestinos. Si algún accidente geográfico distingue a nuestra Palestina es el río Cauto, la Sierra Maestra.

Bien recuerdo a Jessica, una muchacha palestina de veintidós años que llegó a La Habana haciendo el viaje desde Holguín. En la calle Cuarteles consiguió alquilar un cuarto de solar y fue cada noche a trabajar. Parada en Monte y Cienfuegos consiguió al primer cliente. Cuando pudo emperifollarse mejor cambió de lugar, se fue al Vedado y ganó más. Porque sus ganancias fueron más sustanciosas pagó sesenta cuc por seis meses de residencia transitoria pero le siguieron llamando palestina. Cuando se le venció aquel permiso ya había juntado los trescientos cuc que le costó la residencia definitiva que pagó a un funcionario de la Dirección de la vivienda de La Habana Vieja. “Con el sudor de mi frente”, decía, mientras se tocaba la entrepierna. Ella se molestaba cuando la llamaban palestina. Nunca dejaron de llamarla así, ni siquiera cuando se compró un apartamento en el mismo barrio.

Muchas veces conversé con ella. Habría preferido quedarse en Holguín pero vino buscando algo mejor, y también porque no quería prestar oídos a los enojos de su madre, a sus tantísimas quejas. No quería que la pobreza la amargara como había hecho con su madre.

A los orientales les cuesta mucho encontrar un buen trabajo en La Habana, por eso se vedn obligados a procurarse el sustento de diversas maneras

La joven holguinera se enojaba cuando los vecinos olvidaban su nombre y le decían palestina. Y cómo no iba a enfadarse si en La Habana el término es hostil, si denotaba una enorme antipatía. Le parecía discordante que el discurso oficial estuviera a favor de la causa palestina mientras que los habaneros usarán aquel gentilicio para denigrar a los nacidos en el oriente del país.

Suponía que la decisión del gobierno de hacerla extranjera en su país legitimaba el desprecio y permitía que salieran ganando una recua de funcionarios corruptos, como aquellos que le cobraron los trescientos cuc para legalizar su estancia en la capital de su país. Jessica se mostró cada vez más angustiada.

La encontré hace unas semanas en la calle Obispo. Me dijo que se iba al Ecuador, y no creo que fuera para comprobar lo que se siente cuando se está la mismísima mitad del mundo. Ella vendió su apartamento para pagar los gastos del viaje. Dijo que ya no se sentía bien ni en La Habana. Yo recordé a alguien que creía que lo inhóspito era uno de los semblantes de la angustia o lo que es lo mismo, Jessica se iba porque no se sentía en casa propia.

No tengo la certeza, pero esa muchacha holguinera puede estar varada ahora mismo en la frontera que separa a Costa Rica de Nicaragua. Tampoco puedo dejar de pensar en lo que escuché decir, hace un par de días, a un periodista de la televisión, cuando aseguró que aquellos que disponían de quince mil dólares para largarse del país no tenían una mala situación económica, que no huían de la miseria. Lo que quizá él no sabe es que Jessica vendió su casa, lo único que tenía, para hacer el viaje. ¿Habrá un desamparo mayor?

Written by CubaNet

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