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Rodrigo Rey Rosa: Realidad, ficción y estilo

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Rodrigo Rey RosasCon una perspectiva que podemos calificar de humanista, se manifestaba el escritor guatemalteco Rodrigo Rey Rosa en la tradicional Semana de Autor que Casa de las Américas celebra anualmente con los escritores más conspicuos del continente.

Premio Iberoamericano de Letras José Donoso 2015, y Premio Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias (2004), Rey Rosa es considerado uno de los más importantes escritores  hispanoamericanos de su generación. Una generación de excelentes cuentistas, como reconoce el chileno Roberto Bolaño, lector asiduo de sus textos y admirador del “viajero incansable por desiertos africanos o aldeas de la India”.

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Más de 10 novelas, siete libros de cuentos y varias compilaciones, antologías y escritos inclasificables, avalan la trayectoria de este autor, entre ellos, Lo que soñó Sebastián (Seix Barral, 1994), El cojo bueno, (Alfaguara, 1996), El material humano (Anagrama, 2009, Casa de las Américas, 2015) Los sordos (Alfaguara, 2012), y los libros de cuentos Cárcel de árboles, (Fundación Guatemalteca para Las letras, 1991, Anagrama 2009); Ningún lugar sagrado (Seix Barral, 1998), y Siempre juntos y otros cuentos (Almadía 2008).

Traductor y cineasta “de ocasión” como se define —su filme Lo que soñó Sebastián, basado en la novela homónima, fue exhibido en los festivales de Cine Sundance y Berlín—, Rey Rosa agradece su aprendizaje literario al taller del escritor estadounidense Paul Bowles, en Tánger, Marruecos. “Me considero afortunado, agradecido con el destino, con mi suerte: no imagino otra senda mejor para la persona que yo era que la amistad con alguien como Bowles”.

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Bowles, (1910-1999) traduce al inglés sus primeras obras y  le nombra su heredero literario.

Travesías

Viajero incansable, bohemio en sus travesías, ha recorrido medio mundo. Exiliado voluntario de su país por más de 15 años, tiene, como todos los exiliados, una relación ambigua con su patria: no olvida los conflictos con las autoridades corruptas, el secuestro de su madre, que le hizo regresar de Nueva York y estar seis meses a la espera de su liberación, previo pago del rescate.

Collage de memoria, su escritura se sirve de experiencias letales de amigos, paisajes y sueños. Todo vale en ella: la reflexión intelectual, el reportaje periodístico, la autobiografía, el ensayo histórico. Incluso el thriller y el suspenso, lo surrealista y kafkiano. Con implacable sentido moral aborda la violenta cotidianidad de quienes tienen que vérsela todos los días contra la tiranía y el abuso.

Sus personajes actúan en un contexto de valores políticos como la corrupción de la administración pública (Cárcel de árboles), el amor y la venganza (Lo que soñó Sebastián), la flora y la fauna deslumbrantes de su país o los paisajes exóticos de regiones africanas, asiáticas… Con prosa resuelta, claro oficio, mirada vivaz, crítica, precisión y buen estilo expositivo, Rey Rosa nos habla de las contradicciones sociales, los marginados, sin hallar respuestas sobre el Poder o el destino del género humano.

Cineasta

A Cuba trae su filme Lo que soñó Sebastián, dedicado a Bowles, el cortometraje 7 por Guatemala y la primicia o preestreno del documental que cineastas amigos realizan sobre su novela Cárcel de árboles, con su asesoría y guion. Y aunque dice que es cineasta de “ocasión”, Rey Rosa no vacila en responder a la Hivo holandesa a la hora de hablar por los derechos humanos en su país con un corto de siete minutos sencillamente espectacular.

De sus primeros, breves cuentos, casi abstractos del inicio, que no incluían nombres de lugares, “podían ser en cualquier país de América Latina”, a los textos más recientes, que tratan sobre Guatemala, “con perfiles y aspectos reconocibles”, el afán realista “por presentar el entorno, el habla, la vestimenta de la gente”, indica la preocupación de Rey Rosa por rescatar valores, tradiciones, modos y maneras de sus contemporáneos, de rendir testimonio: la rica realidad de su país es materia de toda su ficción.

Padre de cuatro hijos, Rey Rosa reside hoy día en una casa cerca de Sayexché, por el río La Pasión, región del Petén, y tiene un apartamento en Ciudad Guatemala. “No es un lugar donde pueda trabajar”, confiesa. Andarín, entra y sale de su nación, a conferencias, encuentros, eventos. “Me gusta imaginarlo así”, dice Bolaño. “Sin domicilio fijo, sin miedo, huésped de hoteles de paso, en estaciones de autobuses del trópico o en aeropuertos caóticos, con su ordenador portátil, o con una libreta de tapas azules en donde la curiosidad de Rey Rosa, su arrojo de entomólogo, se despliega sin prisas”.

Written by @diariodecuba

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