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Culpables, razones y resoluciones en torno a la nueva crisis migratoria cubana

Cubanos en Costa Rica
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Uno de los albergues facilitados por Costa Rica (foto tomada de internet)

MIAMI, Estados Unidos.- En Cuba los días finales de noviembre traen recuerdos de desgarramiento vinculado a un episodio de su historia colonial. El fusilamiento de ocho estudiantes de medicina puso marca indeleble sobre el día 27 del penúltimo mes del año en 1871. Desde entonces generaciones de cubanos han recordado aquella triste jornada. Los desfiles estudiantiles con antorchas han sido los actos más notables. Ahora el 144 aniversario de aquel asesinato llega precedido por un suceso que habla de marchas, aunque para nada vinculadas a la fecha en cuestión.

Los medios noticiosos han estado pendientes de la situación creada en el paso fronterizo entre Costa Rica y Nicaragua donde inicialmente dos millares de cubanos vieron interrumpida una larga trayectoria desde Ecuador hacia Estados Unidos. Una modalidad de éxodo con cobertura “turística” cuyo paquete era ajeno a disfrutes del ocio o enriquecimientos culturales. Su único atractivo era la posibilidad de un recorrido migratorio poco divulgado pero harto conocido.

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La existencia de esta puerta migratoria contaba con la discreción que pone un payaso de circo cuando cuenta un secreto. No era la única. Una información disponible en Internet muestra una relación de 60 países que no exigen visado al viajero cubano. Siete de estas naciones están en el continente americano. Casi todas islas caribeñas y Haití. Ecuador, la excepción territorial hasta noviembre, ofrecía un punto más lejano pero con la ventaja de la conectividad fronteriza terrestre ideal para arribar a territorio norteamericano sin tener que cruzar el mar.

A poco de establecida aquella rara excepción de visados a los cubanos que viajaban a Quito ya se hablaba 20 mil isleños residiendo en el país andino. Una cifra que algunos tildaban de conservadora pero difícil de constatar por el desgajamiento constante de grupos más o menos numerosos que enrumbaban hacia el Norte a través de la geografía colombiana y centroamericana.

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Una nota de AP cuyo título centra la atención en la división que sufre la familia cubana a consecuencias de la imparable salida de sus miembros, apunta que en los dos últimos años (2014 a 2015) aproximadamente cien mil cubanos llegaron a suelo norteamericano. Una cifra que no entra a diferenciar entradas legales o legales, pero en la que se reconoce la mayoría lo hizo tras un “peligroso recorrido por tierra hasta las fronteras entre México y Estados Unidos.”

La crisis estalló recientemente, tras la anunciada desarticulación de una cuadrilla encargada del tráfico de los emigrantes irregulares en el tramo costarricense. El operativo que cortó el paso hacia Nicaragua coincidió con el encuentro celebrado en La Habana entre las partes encargadas de la seguridad nacional de Estados Unidos y Cuba. Hasta ese momento las cosas funcionaban de manera fluida pese a algunas detenciones efectuadas por autoridades hondureñas y mexicanas.

Un testigo que pasó por esta experiencia nada agradable cuenta la bien estructurada trama a cargo, en su caso, de cubanos residentes en el exterior, que llevaban al grupo de sitio en sitio, hasta el cruce definitivo por Texas. Allí le esperaba un pequeño bus (manejado por otro compatriota) con destino a Houston pero que según posibilidades alargaba el itinerario hasta Miami. Otra pareja habla de “guías” acompañantes, especie de ángeles guardianes, que les aseguraron una etapa tan complicada como la de Tampico hasta la misma frontera norte de México.

Se habla de razones, culpables y soluciones. Pero indudablemente la permanencia de una medida como la de pie seco y mojado (que algunos confunden con la ley de Ajuste) no es ajena a esta oleada migratoria donde no importan riesgos, consecuencias y la inevitable presencia de quienes lucran con el desespero ajeno. Es innegable que la culpa mayor recae en el sistema económico fracasado del régimen que gobierna en la Isla, pero también es un hecho que la Ley de Ajuste tal como se aplica actualmente, y peor aún la política de pie seco, imprimen confianza a quienes buscan salir de Cuba, Que ambas medidas influyen negativamente sobre esta situación parece gozar del consenso mayoritario de la opinión pública.

Se habla de soluciones y entre ellas el anuncio de un esperado cambio del curso político en las palabras del actual gobernante cubano. Pero una apertura democrática en Cuba, con toda la repercusión económica que ella implique, no logrará modificar por si misma y en poco tiempo el estado de cosas en el país. Las posibilidades apuntan incluso un empeoramiento del panorama durante una etapa transicional con la consecuente frustración que hará que muchos deseen seguir poniendo tierra por medio ante una realidad que no mejora sus vidas personales. Es lo que ocurre en tantas democracias regionales y en otros ámbitos del primer mundo donde miles se van en busca de mejores condiciones de vida y trabajo.

Y mientras el destino de 4 mil cubanos se dirime en los altos niveles de gobierno en Centro América, un despacho de prensa EFE con fecha 30 de noviembre anunciaba la repatriación de 108 isleños interceptados en el mar por la guardia costera norteamericana, poniéndose en práctica aquella parte de la tan discutida política de pie mojado. Según lo señalado por la nota las repatriaciones eran el resultado de un operativo permanente que busca frustrar la inmigración ilegal e insegura por vía marítima. Pero ¿acaso hay diferencia con las que llegan por tierra? Si se compara el número de los que son detenidos y los que logran arribar a costas de la Florida en embarcaciones precarias, y no tan precarias, con los que llegan a puestos fronterizos la diferencia es evidente: 4 462 entre octubre del 2014 a septiembre del 2015 de los primeros contra 43 mil llegados a aeropuertos y cruces en la frontera con México en el mismo período.

Es notoria la dedicación puesta en ciertas declaraciones diplomáticas sobre la búsqueda de garantías humanitarias para un desenlace feliz de esta situación, lo cual es loable y meritorio, pero que contrasta con la indiferencia que sufren los casos de miles de migrantes de la zona, entre ellos hondureños, guatemaltecos y mexicanos. Igual el destaque noticioso sobre la crisis fronteriza de Costa Rica y Nicaragua mientras apenas se habla de las quejas de las comunidades indígenas en Panamá, afectadas por la intrusión en su territorio “protegido” de esta suerte de invasión. Sin obviar el detalle de la parte ecuatoriana que ahora impone nuevamente la visa eliminada en 2008 para desestimular la emigración desde su territorio de esos “extranjeros” que van hacia Estados Unidos. Persiguen con ello frenar la violación a los derechos humanos y el riesgo de pérdida de vidas. Extraña reacción tardía cuando todos los datos revelaban lo que estaba ocurriendo.

Se proponen soluciones. Algunas risibles como la que plantea el rechazo de aquellos que no puedan demostrar ante las autoridades norteamericanas que su llegada a tierras norteñas se ha producido sin ayuda de traficantes. Absurdos sobre absurdos para mantener una regulación que no lo es. La solución es difícil pero pasa por un punto y este es la erradicación del estimulo que significa la política de pie seco y mojado. No se puede estar de acuerdo con la implementación de esa especie de juego fatal que rememora aquellos infantiles de roll down o pisar seguro antes que el contrario te sorprenda. Juegos que cuando más traían por consecuencia de un golpe, un rasguño y hasta algún forcejeo que terminaba en pelea. Nada que ver con esta competición donde la meta es una frontera y los resultados muchas veces trágicos. Como la del niño que cayó de una canoa durante el cruce de un río colombiano y se ahogó ante la mirada impotente de sus padres, quienes a su vez se quitaron la vida tras alcanzar la ansiada orilla. Hay muchas historias de una realidad que habla de la necesidad de salvaguardar dignidades y vidas humanas. Aunque no sea en el mar.

Written by CubaNet

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