A las 10.30 de la mañana los diarios oficialistas, Granma y Juventud Rebelde, no habían sido distribuidos aún. Sus lectores más fieles, ancianos jubilados y por lo general hombres, esperan sentados alrededor del estanquillo, mientras hablan de política, tratando de arreglar el mundo.
Resulta habitual que estos periódicos retrasen su distribución según los intereses del Gobierno. La noticia debe ser analizada y aprobada antes de salir al aire. El retraso de hoy puede deberse a los resultados de los comicios en Venezuela.
“Pero eso es normal”, dice Pedro, uno de los señores que espera todos los días el periódico en un estanquillo en Alamar. “Cuando las conversaciones entre Cuba y Estados Unidos, el periódico llegó a las 12 del día”.
Y agrega: “Las noticias deben llegar a la mano de uno, frescas, como el pan; pero teniendo en cuenta la calidad de nuestro pan, da lo mismo cómo lleguen las noticias, ¿no te parece?”
No dice más porque sus compañeros de espera lo recriminan la infidelidad a la revolución “hablando basura”.
Otra señora más diligente llamó a la oficina de Correos para informarse si al menos allí había llegado y la respuesta fue negativa.
“Imagínate, ¿qué podemos hacer nosotros si no nos ha llegado aún? Fue la respuesta que me dieron”, dice la señora.
En Correos tampoco tienen una explicación para justificar el retraso porque ellos deben esperar a que el poligráfico les envíe la edición de los diarios. Las oficinas municipales de Correos los envían a su vez a los estanquillos o los ponen en manos de los mensajeros para que los hagan llegar a los suscriptores.