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Los Campeones del Ritmo

Conjunto Casino en 1951: Armenteros, Gudín y Román (trompetas); 'Patato' Valdés (congas); Álvarez (piano); Guzmán (bongó); Faz, Espí y Ribot (voces); Doval (contrabajo). (MONTUNOCUBANO.COM)
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Conjunto Casino con su mambo y chachacha conquisto al público de los años 40

Entre otros acontecimientos musicales notables en la década de los 40 del siglo pasado, habría que citar lo que podemos llamar la Guerra de los Conjuntos. Para comienzos de esa década, el interés del público por sextetos, septetos y orquestas había decaído y, como una vez me dijo un gran músico cubano, Jesús Caunedo, “los músicos cubanos siempre tenemos que estar inventando”.

Efectivamente al tresero y compositor Arsenio Rodríguez se le ocurrió cambiar el formato del septeto tradicional, agregándole piano, tumbadora y una trompeta adicional y denominarlo conjunto. La innovación gustó y enseguida otros grupos musicales lo imitaron (estoy resumiendo a grandes rasgos) y pronto hubo como tres modalidades de conjuntos: el estilo Arsenio Rodríguez, con seguidores más bien en los sectores de negros y mulatos cubanos; el estilo Sonora Matancera, con un público más general; y el estilo Conjunto Casino, más gustado por la clase media y alta. Por supuesto, son generalizaciones y, además, a cada uno de los tres grupos musicales mencionados le sucedieron otros conjuntos que imitaban su estilo.

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El resultado fue que pasamos esa década, y las siguientes, disfrutando de muy buena música, ya que no hay nada como la competencia para lograr calidad.

Después de los 40, la historia trató en forma distinta a los tres grupos: el de Arsenio Rodríguez desapareció en 1971 con la muerte del maestro, si bien Chappotín con su conjunto fue un buen fue un buen mantenedor del mismo estilo; la Sonora Matancera, en cierta manera aún subsiste; pero el Casino, desgraciadamente  empezó a decaer en el favor popular en los 60, hasta desaparecer en la década de los 80.

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Por razones que harían este texto muy largo, sobre la Sonora Matancera se han escrito más de siete libros, por autores puertorriqueño, colombianos (varios),  peruano, ecuatoriano y costarricense; sobre Arsenio, se han escrito varios, por autores colombianos, norteamericano, puertorriqueño,  y un documental no estrenado por un cubano; pero sobre el Conjunto Casino solo se había escrito un libro, el del cubano José Reyes Fortún.

La razón de esta gran diferencia en publicaciones es que las orquestas, como los ejércitos, siguen determinadas tácticas. La de la Sonora fue grabar mucho con cantantes de otros países latinoamericanos y hacer giras a varios de esos países, lo que creaba seguidores en por todo el continente. De hecho, existe un club “Sonora Matancera” creado en 1976 en Medellín, Colombia, que se reúne religiosamente todos los meses y hace un gran baile anual, dedicado a la Matancera.

Arsenio, por su parte, radicó mucho tiempo en Nueva York y algo también en Puerto Rico. Pero el Casino solo hizo breves giras a México, Panamá y Venezuela.

Sin embargo, como es más importante la calidad que la cantidad, este libro de Gaspar Marrero Pérez-Urría lo compensa con creces. De todos los escritos sobre los tres grupos musicales mencionados, posiblemente este sea el más completo, el más cuidadosamente investigado y planificado. Curiosamente, en un libro tan escrupulosamente escrito, el autor no ha enumerado los capítulos, y nosotros vamos a tomarnos la libertad de hacerlo, para mejor comprensión  de nuestro lectores, numerando como capítulo 1 el que tiene el título de “Acerca de una obra necesaria” , sobre la necesidad de este libro, abundando en lo que acabo de exponer.

El segundo capítulo, que titula “Senda fonográfica hacia la era de los conjuntos”, hace un cuidadoso recuento de cómo se llega al formato del conjunto, donde, entre otras cosas, nos enseña (pag. 51) que la palabra conjunto ya había sido usada por el Trío Matamoros en una grabación de 1937…

En el siguiente capítulo, “Un sexteto de ocho”, ya entra en los comienzos del Casino, que empezó siendo el Sexteto Miquito. El capítulo reúne entrevistas, citas de diarios, revistas, discos, libros y fotos, y de aquí en adelante el autor nos llevará paso a paso por la trayectoria del Conjunto, sus relaciones con el panorama general cubano de la música, y los datos biográficos minuciosos de los músicos que van entrando y saliendo del Casino a lo largo de los años.  Al hacerlo, rectificará fechas y otros errores cometidos, en detalles hasta mínimos, por otros que escribieron sobre el tema (incluyéndome a mí, que me tocan varias rectificaciones).

Como muchas veces se extiende sobre las actividades de un músico después de su salida del Casino, como es el caso de Alberto Ruiz, o comparaciones entre las actividades del Casino y otros conjuntos, en realidad el libro se convierte en una  vista panorámica  del ambiente musical cubano de muchos años, con interesantess detalles. Igual sucede cuando el  Casino viaja a otros países: capítulo quinto, “México, penas y glorias”; el capítulo séptimo, “De Puerto Rico a Venezuela”; el capítulo 12, “Éxito rotundo en Panamá”.

Marrero sitúa “La época de oro” del grupo en el capítulo octavo. Comienza en 1949, y durará toda la década de los 50, con viajes frecuentes a Tampa y Miami, programas televisivos, actuaciones en cines y teatros, cabaret, premios… En el capítulo 11, “El Casino se multiplica”, se habla de la competencia de otros grupos que imitaron al Casino. En el capítulo 13, “Los años sesenta. El adiós del gran sonero”, se habla de las dificultades del periodo y de la muerte de Roberto Faz. Y en el capítulo 14, “El final de una era musical”, comienza con el año 1967 y continúa narrando las dificultades  por “desacertadas políticas de difusión asumidas a comienzo de la década de 1960”. Se posterga al conjunto y en marzo de 1968 “sobreviene una etapa crítica para la música cubana. Cierran todos los cabarets, centros nocturnos y los bares, así como se produce la desaparición total de los bailes populares… los músicos solo eran llamados para actuar en campamentos de los trabajadores en la zafra y otras labores agrícolas”, nos cuenta Marrero.

“La gloriosa era del Conjunto Casino, aunque existiera un grupo con ese nombre, finalizó con el retiro oficial en 1974 de su principal promotor, Roberto Espí”, afirma Marrero, y prefiere terminar el relato del grupo, citando  a otro autor: “En 1982 se nombra a un joven músico, Edgar Hernández, director del grupo. Son nuevos tiempos y nuevas ideas. El Casino vuelve a grabar en 1986 un Lp… y otro al año siguiente. Sonido, estilo y repertorio, no tienen nada que ver con el Casino; de este solo tiene el nombre.”

En breve epílogo, el autor habla del destino final de algunos de los componentes de la orquesta, y cierra con un bello párrafo de Roberto Espí… El volumen continúa con una extensa bibliografía, una utilísima cronología, una relación del personal e instrumental del Conjunto Casino (1936-1969), y una relación nominal de músicos del Conjunto Casino. Todos estos anexos no son típicos en libros de esta clase. En cuanto a la discografía, el autor ha tenido una buena idea: como las grabaciones en discos de 78 rpm y LP están cubiertas en el libro que sobre el Conjunto Casino escribió José Reyes, en vez de duplicar ese trabajo, Marrero ha preferido referirse a las reproducciones de esas grabaciones que se han hecho en CD y otros medios más modernos, cosa que no ofrece el libro de Reyes.

El libro se cierra con un cancionero con las letras más populares del grupo, y finalmente, un índice onomástico. A lo largo de sus páginas hay también fotos del conjunto y reproducciones de sellos de discos importantes.

 

 

Diario de Cuba

Written by @diariodecuba

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