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El porqué del fracaso de Cuba

Una vista de Cuba/Foto: EFE

Havana Times Gracias a los lectores por sus comentarios en el post “Irse o no irse de Cuba”. A mi buen amigo René, tan sinceramente preocupado por mí, le pregunto si está ofreciendo sus servicios de psiquiatra. Es halagador que siga mis artículos, aunque también me desconcierta, pues yo no leería a alguien cuya salud mental considere dudosa.

Sí, como dice Luis, la “sofisticada teoría de la evasión” puede ser “producto de medio siglo de privación de libertad”, pero adquirir esa conciencia e intentar ejercer esa libertad indispensable desde ese mismo medio que te oprime, ¿tiene menos mérito que huir de ese medio? Ejercer la libertad se elige, y es posible siempre, desde cualquier circunstancia. Y si un éxodo nacional es la solución a los problemas de Cuba, pobre de nuestra tierra que ni siquiera merece una transición como la que han tenido los países donde se han llevado a cabo experimentos socialistas.

Viajar, y volver o no, al país de origen, es un derecho natural. Por eso prefiero hablar en términos de “los que están fuera de Cuba ahora”, y “los que están adentro”, ya que cualquiera, en algún momento, puede cambiar de lugar, y en eso consiste una parte indiscutible de la libertad humana. Pero me resulta curioso que la mayoría de los que comentan (en español), en este foro: cubanos con residencia fuera de la Isla, consideran que si uno no se ha ido, todo lo que opine sobre el tema son justificaciones por no haber podido irse. En cambio, dan por hecho que las razones que los llevaron a emigrar sí son válidas.

Por qué muchos que tanto hablan de tolerancia y libertad, no respetan la experiencia y las elecciones de los que no apostaron por el exilio. Por qué insistir en evaluar las vidas de otros desde las propias. Alguien dijo: “para demostrar que tu camino es cierto, no necesitas demostrar que el del otro está equivocado”.

Creo, como Marlene, “que las nuevas”, (o incluso viejas) “generaciones tienen toda la razón en intentar tener un presente y un futuro mejor, fuera de la prohibición que el Gobierno cubano le pone a sus ciudadanos en todas las aristas de los proyectos personales y profesionales de cada uno”. Y también creo que cada ola de emigración es responsable del fracaso innegable que es Cuba. Tanto como son responsables quienes se “inxilian” en el silencio, en la cooperación sincera o falsa con un sistema que ha destruido física y moralmente a nuestro país.

Me regocija saber que hay gente que ha emigrado y decide volver para iniciar su proyecto de cambio, como Antonio Rodiles o como Yoani Sánchez, que ya repatriada insistió por años en su derecho a viajar para al fin ejercerlo, su derecho a expresar en su blog sus opiniones libremente y hasta lograr fundar y sostener un medio de prensa independiente. O jóvenes como Eliécer Ávila, salido directamente de las filas oficialistas, con el valor de cuestionar lo establecido, pagar el precio de la inocencia, la decepción, la satanización, y que justo desde el exterior fundó su propuesta “Somos +” para continuarla dentro de la Isla. O como Pedro Campos, que también ha viajado y regresado, para perseverar en defender desde aquí su proyecto de socialismo.

En estos días, cada vez que oigo aumentar la cifra de los emigrantes cubanos varados en Centro América en su itinerario a Estados Unidos, me digo que es apenas la cifra del descontento poblacional, y qué diferencia haría si esas multitudes se estuvieran manifestando ahora mismo dentro de Cuba.

Ocho mil cubanos desbordando, por ejemplo, la emblemática Plaza de la Revolución, pidiendo cambios políticos y económicos que les permitan vivir a ellos y a sus familias una vida digna. Protestando, no por continuar su ruta al exilio, sino por no tener que emigrar, por su derecho a contribuir y a pertenecer en su país de origen.

Hace unos días comenté esto a un antropólogo y él hizo un gesto negativo con la cabeza:

-Pero esos cubanos aquí nunca se habrían manifestado, son de los que tratan de abrirse paso sin hacer nada que los “señale”.

Tuve que admitir que tenía razón. La mayoría en esa cifra que crece alarmantemente, al parecer son profesionales y cuentapropistas, cansados de promesas baldías y límites tangibles. Tal vez aquí sí habrían engrosado las filas de la insolidaridad contra los pocos que se atreven a decir públicamente su desesperanza, lo cual, y por más lamentable que resulte, es también su derecho.

Como lo es la nostalgia y el interés por la realidad cubana de los que comentan en este foro, aunque vivan a millas de distancia y podrían usar ese tiempo para no pensar en Cuba, por ejemplo.

Y me regocija igualmente que prefieran dedicarlo aunque sea a debatir sobre esta tierra “enferma”, y a compartir el sueño común de un renacimiento para nuestro país que incluya la justicia, la prosperidad, la democracia. Y por ello me permito recordar a un amigo que emigró en balsa a los dieciséis años y al que entrevisté hace tiempo para Havana Times, cuando dijo:

“Me gustaría incluso que algún día la palabra exilio se cambiara por preparatoria, ¿no es así que se hacía antes? Algunos se marchaban para regresar después, para establecer caminos. Caminos hacia un mejor entendimiento de esta minúscula temporada que llamamos vida. Jesús, Budha, Moisés… y hasta el propio Martí generaron cambios notables cuando regresaron a su lugar de nacimiento”.

Written by María Fernanda Muñóz

Periodista venezolana. ¿La mejor arma? Humanidad. Pasión se escribe con P de periodismo

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