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El miedo, una de las razones que llevan al exilio

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Jóvenes balseros en el Estreacho de la Florida (foto tomada del Nuevo Herald)
Jóvenes balseros en el Estrecho de la Florida (foto tomada del Nuevo Herald)

LA HABANA, Cuba.- Un amigo que leyó los textos que estuve publicando en CubaNet sobre las tribulaciones de Samuel, me envió una foto por correo electrónico. En el asunto escribió: “Esto le podría ocurrir a Samuel, el hijo de tu amigo”; solo una línea brevísima para llamar la atención sobre una imagen pavorosa en la que aparecen dos jóvenes aferrados a los restos de una balsa en medio de la vastedad del mar.

Aunque la imagen no estuviera acompañada por ningún pie de foto, supuse que aquellas podrían ser aguas del Atlántico, de aquel pedacito de océano que nos separa de las Costas de Florida y que tantos cubanos sueñan atravesar, sabiendo incluso que un viento severo puede truncar esas esperanzas y hacer que sean otras aguas las que aparezcan y otras las costas.

En la fotografía no es posible distinguir las expresiones en el rostro de los balseros, pero se puede suponer el miedo ante aquella inmensidad devastadora, el desasosiego ante la imposibilidad de conseguir lo que tanto se ha buscado, el temor a la muerte; aún así se repite una y mil veces el mismo proceder. Escapar a través del mar sigue estando en la cabeza de un montón de cubanos que no pueden salir como Dios manda. Aunque el discurso oficial respondiera a esta tragedia con silencio, los cubanos conocen de esos riesgos, y se exponen. Sería bueno saber por qué lo hacen

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No conozco de ninguna estadística en Cuba que muestre el empeño que ponen los cubanos para conseguir la escapada. Sería buena empresa, y muy útil, recopilar testimonios donde se muestren las peripecias de los cubanos para escabullirse, y lo ventajoso que ha sido para el gobierno el arte de hacer tapujos.

Alguna vez le escuché decir a alguien que la gente se iba para no escuchar tanto discurso laudatorio y me pareció jocoso pero irresponsable, desconsiderado para quienes hacen un sacrificio tan grande, y por supuesto que no hablo del sacrificio que intenta expurgar alguna culpa, hablo del exilio, del desarraigo y de los riesgos para conseguir escapar, de lo traumático que puede resultar. ¿Por qué lo hacen entonces?

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Queriendo averiguar, salí a buscar respuestas, y he tenido unas cuantas que me gustaría compartir. Armar un pequeño breviario… El primer intento de conversación, advirtiendo que se trataba de una entrevista, fue con un vecino reciente. Desde mi balcón lo escuché decir que un compañero suyo se había aparecido en el trabajo con un papel impreso donde se hacía saber que una empresa en Miami, él no recordaba cuál, estaba interesada en contratar electricistas. Chillaba entusiasmado el hombre, eufórico decía que un electricista en la Florida podía ganar 44 000 dólares al año, y también más; ya había sacado cuentas, ya conocía las diferencias entre aquellos 3666 dólares mensuales con los pesos que recibía cada mes y que convirtió de inmediato en CUC, apenas 30.

La euforia de aquel vecino me entusiasmó, hasta creí en la posibilidad de entrevistarlo. Quería saber de su disposición para hacer el viaje. Esperé el mejor momento. Fue en la bodega. No habría mejor lugar. En medio de aquella cola enorme para comprar “boberías” que no alcanzaban ni siquiera para una semana, el hombre iba a desplayarse, eso creí, pero fui sutil. Hablé de la lluvia incesante, del techo destartalado, del riesgo que corrían el arroz y el azúcar, de la irresponsabilidad. “Si se mojan nos quedamos sin comer”. Eso dije, y finalmente que lo había escuchado hablar de los electricistas de la Florida, de los salarios que ganaban, de aquella propuesta de la que hablara con tanto entusiasmo. También quise saber si viajaría a Miami de conseguir un trabajo como ese, quise saber si estaba dispuesto a escapar. “¿Que tu dices? ¿Yo? ¿De qué tu hablas?”. Insistí discretamente, aseguré que únicamente quería conversar, que si confiaba en mí y se sentía cómodo podía hacerle una entrevista breve que no iba a comprometerlo, que no sería preciso aclarar su nombre y tampoco tendría que escribir en qué lugar vivía. “Solo unas preguntas sobre la posibilidad de viajar a los Estados Unidos, de las razones, de la forma en que le gustaría hacer el viaje.” No me dio tiempo a mencionar la balsa y el avión. El que hace muy poco es mi vecino fue tajante. “Si algún día soy liniero en Miami te doy las respuestas que tu quieras, pero ahora no”.

Confieso que quedé decepcionado, anoté luego en un papel que una de las razones para que un cubano se decidiera por el exilio era el miedo…, pero luego, empecinado, conseguí unas cuantas entrevistas sobre el tema que quiero compartir.

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