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Empresas militares lideran la introducción de cultivos transgénicos en la Isla a espaldas de la población

El expresidente brasileño Lula da Silva visitó los cultivos de Cubasoy en 2014. (CUBADEBATE)
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El expresidente brasileño Lula da Silva visitó los cultivos de Cubasoy en 2014. (CUBADEBATE)
El expresidente brasileño Lula da Silva visitó los cultivos de Cubasoy en 2014. (CUBADEBATE)

(Diario de Cuba)– Compañías militares, como es el caso de la Empresa Agropecuaria Cubasoy, lideran actualmente la introducción de cultivos transgénicos en la Isla a espaldas de la población y en condiciones de escasa transparencia, según denuncia un informe sobre cuestiones medioambientales publicado por People in Need en colaboración con ecologistas cubanos.

La tenue liberalización económica en el país tiene diversas consecuencias, y la proliferación de cultivos transgénicos para el consumo humano es el ejemplo «más significativo y peligroso», según subraya el informe.

De acuerdo con esta investigación, esta tendencia hace que en la agricultura cubana se estén introduciendo este tipo de cultivos, «sobre todo maíz y soya, que forman parte de la dieta humana básica en la Isla».

«El proceso —alerta el informe—, se realiza sin informar a la población de tales características y sus posibles implicaciones higiénico-ambientales». Todo ello es posible, además, porque a pesar de que se levantan «obsoletas restricciones», el cambio sucede en un contexto en el que no existen «instituciones democráticas ni control ciudadano de ningún tipo».

Cuba no posee ninguna legislación que prohíba la producción, uso y consumo de organismos genéticamente modificados. No obstante, el Gobierno firmó en el 2010 la Declaración de Cochabamba, que reniega categóricamente de la explotación de este tipo de cultivos.

La firma de esta declaración no ha impedido que el propio Gobierno esté impulsando la producción de organismos transgénicos. Lo hace a través del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología que trabaja en la producción de organismos transgénicos diversos: maíz, soya, boniato, tomate, papa, arroz y claria.

La inexistencia de movimientos de activismo ecologista, dado el control del asociacionismo y la iniciativa independiente en el contexto totalitario, dificultan todavía más la denuncia y oposición a esta tendencia.

Asimismo, la prensa nacional raramente usa la palabra «transgénico» en informaciones relacionadas con este tipo de cultivos.

Como ejemplo de ello, el estudio hace referencia a un informe presentado en diciembre de 2014 en la Asamblea Nacional del Poder Popular del Grupo Empresarial Agropecuario del Ministerio del Interior cubano (una dependencia militar).

En el documento, esa compañía asegura que pretende generalizar «la imprescindible relación de los Grupos Empresariales Agropecuarios con los centros de investigación, para aplicar lo más novedoso en materia agrotecnológica». Los autores del informe de People in Need apuntan que se trata de un eufemismo tras el que se esconde la palabra «transgénico».

El informe indica que las autoridades cubanas no han logrado demostrar fehacientemente la inocuidad de los Organismos Genéticamente Manipulados (OGM) sobre la salud humana o el medioambiente, en las condiciones específicas de cada lugar.

De hecho, tales pruebas no existen en Cuba, «que aprobó en tiempo récord la liberación del maíz transgénico FR-Bt1, desoyendo las recomendaciones de expertos y la solicitud de una moratoria al proceso».

El estudio apunta que estas prácticas «antiecológicas» conllevan a la recuperación de un modelo agrícola convencional, de altos insumos, muy dependiente de decisiones externas, y que quita autonomía al agricultor.

«La agricultura a base de OGM, además de no garantizar un verdadero mayor rendimiento, provoca el deterioro y pérdida de la biodiversidad agrícola, y favorece la privatización y control de las semillas», dice el informe.

El deshielo: puerta abierta a los transgénicos

Este sería un «peligro ahora más inminente por la presunta entrada de la agricultura norteamericana en las dinámicas productivas de la Isla».

El informe recuerda que aproximadamente el 70% de los alimentos procesados en Estados Unidos contienen productos transgénicos, principalmente maíz, soya, algodón, remolacha azucarera, semilla de colza, y hormonas de crecimiento para el ganado.

Debido a la saturación de su mercado y a la fuerte oposición a sus productos agrícolas en Europa, las firmas estadounidenses de semillas y en general de agronegocios, han vuelto su mirada a China y América Latina.

Los principales jugadores a nivel mundial son Monsanto, DuPont y Dow Chemical, así como la Bayer Alemana, y la suiza Syngenta (ambas ya en Cuba). Muchas de esas grandes empresas han formado laCoalición Estadounidense de Agricultura por Cuba (USACC), «con el supuesto propósito de lograr el levantamiento del embargo».

De acuerdo con la organización Greenpeace los transgénicos responden a un modelo de agricultura industrial que resulta destructivo porque consume muchas cantidades de agua y petróleo.

Asimismo, está asociado a la deforestación de ecosistemas; aplica productos químicos (fertilizantes y plaguicidas) que provocan emisiones de gases de efecto invernadero como N20 (óxido nitroso), lo que supone la mayor contribución agraria al cambio climático; perjudica a los pequeños agricultores y productores y concentra el control de la agricultura en pocas manos.

La organización recuerda que los transgénicos son seres vivos nuevos, que no existían antes en la naturaleza, y que han sido creados en el laboratorio manipulando sus genes. Cada vez más datos científicos confirman los riesgos que suponen para la salud y el medio ambiente.

 

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