in ,

Silvio Rodríguez descarga silencios e incertidumbres en Pueblo Nuevo

Silvio Rodríguez en uno de sus conciertos de barrio. (CUBADEBATE)
Loading...

Silvio Rodríguez en uno de sus conciertos de barrio. (CUBADEBATE)
Silvio Rodríguez en uno de sus conciertos de barrio. (CUBADEBATE)

Llegué minutos pasadas las 7:00pm, cuando entonaba “Pequeña Serenata Diurna”, muy lejos de la convicción épica que animara en 1991 aquel “yo me muero como viví”, al inaugurar el IV Congreso del Partido Comunista. De cualquier manera, podía interpretarse la tonada en calidad de un irónico perdón “por los muertos de mi felicidad”.

Cantaba Silvio Rodríguez su concierto número 72 por los barrios cubanos, esta vez en la esquina de Subirana y Sitios, barrio Pueblo Nuevo. Le siguieron canciones cuyos títulos y textos evocan claramente la nostalgia, como “Ángel para un final”.

Loading...

“Cuentan que cuando un silencio se aparecía entre dos, era que pasaba un ángel y les robaba la voz”. El tema habla de una ruptura amorosa, pero otros silencios acompañan al trovador, quien ha mostrado incongruencias de diverso matiz en los últimos tiempos. No olvidar su inusitado apoyo a Robertico Carcassés cuando en la llamada Tribuna Antiimperialista pidió libertad de información y elección directa del presidente, o su increíble desconocimiento sobre cómo viven hoy sus compatriotas de a pié.

Si de silencios se trata, al parecer Silvio tiene sus propios traumas porque el público de Pueblo Nuevo le pidió “Ojalá” y, antes de cantarla, dijo: “ojalá que me acuerde”.

Loading...

Hubo gestos y voces sorprendentes entre los que le acompañaron tarareando los versos enaltecidos por los chilenos enfrentando al dictador Pinochet:

“Ojalá se te acabe la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, ojalá pase algo que te borre de pronto”. Fueron unos cuantos los que repitieron en voz baja “¡ojalá! ¡ojalá!”.

Llegó su turno a “La Era está pariendo un corazón”, que al cabo de cuatro décadas tiene otras contextualizaciones, al igual que ese capricho nunca logrado del “Unicornio azul”, hasta alcanzar el clímax con “Quién fuera”.

Aunque la sinceridad de Silvio Rodríguez Domínguez anda bastante cuestionada, las canciones dejan de pertenecerle durante los conciertos. Los silencios, incertidumbres, la nostalgia y la melancolía pasan a los espectadores.

“No hubo canciones fuertes, combativas, y mira que él las tiene. Años atrás eran repetidas hasta el aburrimiento. Ahora nos quedamos con los recuerdos, es un Silvio casi depresivo, eso sí, tremendo sonido, una calidad que muy pocos músicos pueden dar  en un concierto popular”, dijo un joven.

No faltó la Policía en sus diversas variantes. Si alguien pensó en pasarse de listo con expresiones fuera del obligado consenso, habían rostros persuasivos para evitarlo. Al cierre, Silvio sacó su cámara fotográfica personal y pidió a los espectadores posar para él, reclamando “una foto de recuerdo”.

Entonces habló de Sara González, la cantautora de la “Victoria” de Playa Girón. Silvio aludió a un tema musical muy diferente, melancólico que, según sus palabras: “le regalé a Sara y a veces se lo pido prestado”.

Sara González falleció el primero de febrero de 2012 en el hospital CIMEQ, cubierta de ofrendas florales, entre ellas las de Fidel y Raúl Castro, Hugo Chávez y Daniel Ortega. Desde Estados Unidos, cuatro de “Los Cinco”, aún presos, enviaron condolencias.

La última canción de la noche hablaba de la muerte.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Descifrando claves del encuentro papal de La Habana

El mundo de la moda toca a las puertas del Rijkmuseum