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Un ‘café amargo’ y triste

Las cuatro hermanas protagonistas. (TV CUBANA)
Las cuatro hermanas protagonistas. (TV CUBANA)
Las cuatro hermanas protagonistas. (TV CUBANA)

(Diario de Cuba)– Se acaba de estrenar en los cines de la capital una película sobre temática femenina.  Dirigida por el realizador serrano Rigoberto Jiménez, la cinta se basa en el galardonado documental Las cuatro hermanas, pero la historia es pura ficción. Con un guión escrito por Arturo Arango, posee un hilo narrativo que roza con lo literario.

Las locaciones se sitúan en un paraje campestre, la Sierra Maestra, donde cuatro mujeres se dedican a cultivar café y cuidan de la finca heredada de sus padres. De pronto irrumpe en sus vidas un joven médico que huye de la guardia rural con el propósito de unirse al ejército rebelde. Aparece como salido de la nada, casi desfallecido, tocando a la puerta de la casa.

Es la vida de cuatro mujeres de diferentes edades y caracteres. Lola es la cabeza de familia y, por ser la mayor, cree que debe dar el ejemplo y no meter a ningún hombre en la casa. Gelacia no tiene miedo de enfrentarse a las cosas y hace lo que le dicta su consciencia. Pepa es callada y romántica y, por último, está Cira, la pícara y menor, que solo sueña con casarse y tener un hombre.

Ellas deben lidiar a diario con actitudes machistas para probar su fuerza y sobrevivir en un medio hostil y patriarcal, en el cual también hay otros hombres que las desean: dos terratenientes y un bodeguero. Pero el recién llegado tiene algo que no tienen los otros: delicadeza y misterio. Esto las atrae y, de alguna manera, hace que todos sus planes se trastoquen. Todas experimentan amor hacia el joven y lo canalizan de forma distinta. Rubén, el hombre deseado, juega y flirtea con cada una de las féminas hasta que, casi al final, se decide por una.

Cautiva una fotografía en la abundan los primeros planos, que refuerzan el dramatismo, y los planos generales que destacan la belleza de la campiña, a la par de la atracción y voluptuosidad que posee cada una de las campesinas.

Las actuaciones son frescas, por parte de las actrices, Yudexi de la Torre, Yunia Jerez, Yanet Batista, Venecia Lanz y Mirelys Echenique, caras desconocidas en el cine cubano, por suerte. Participan además, las veteranas Coralia Veloz y Adela Legrá.

El personaje masculino, interpretado por Carlos Alberto Méndez, se queda como desdibujado, le falta credibilidad, pues no logra ser mirado como objeto de deseo. La construcción del actor es muy plana.

Era imposible excluir el sexo de esta historia, tratado aquí de forma delicada, lo cual se agradece después de ver tantas películas cubanas donde el sexo burdo sirve de gancho para atraer a los espectadores.También se respira una buena dirección de arte, que cuida los detalles de la época.

A pesar de tener parlamentos sencillos, nos parece estar asistiendo a una narración literaria visualizada: hay pasión y muerte, como en un remedo de La casa de Bernarda Alba, la obra del español Federico García Lorca.

De 1958, se produce una elipsis hasta 1998, donde se ve a los personajes femeninos envejecidos, con ropajes oscuros, en soledad y sin hombre, como su destino final. A mi entender, algo que debilita la película.

Con aciertos y defectos, es una propuesta interesante del cine de la Isla. Aunque no es una obra de arte, marca una diferencia con otras producciones.

El primer título pensado para la película fue Al borde del río. Incluso se difundió un trailer con ese nombre.

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