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“Si soy escritor es porque me salí de Cuba”

José M. Fernández Pequeño
José M. Fernández Pequeño (foto cortesía del entrevistado)

LA HABANA, Cuba.- Tiene publicados unos catorce títulos de crítica literaria, ensayo y narrativa; ha impartido conferencias y ha sido profesor de Literatura y Cine en universidades y centros de estudio de América Latina; es fundador de la Casa del Caribe en Santiago de Cuba y ha sido editor y gestor cultural en importantes instituciones de la región caribeña; aun así, José M. Fernández Pequeño (Bayamo, 1953) no admite que lo llamen maestro a pesar de que conversar con él es siempre una experiencia enriquecedora.

Cansado del contexto politizado en que intenta desarrollarse la cultura cubana dentro de la isla, víctima del acoso policial debido a lo que él mismo define como su condición de “acompañante crítico”, salió de Cuba a finales de los 90 hacia República Dominicana (RD) donde vivió y trabajó por más de una década hasta que, recientemente, decidió establecerse en los Estados Unidos.

Dispuesto siempre al diálogo, al intercambio de ideas con los amigos, sin esquivar preguntas o temas, Fernández Pequeño aceptó conversar conmigo, para CubaNet, con esa jovialidad que lo caracteriza, jamás divorciada de la profundidad de sus análisis, lo mismo cuando habla de literatura y política que sobre béisbol y fútbol. He aquí, por cuestiones de espacio, solo algunos fragmentos de nuestra plática que se extendió por dos horas una mañana de febrero de este año, en la ciudad de Miami.

Estabas inmerso en importantes actividades intelectuales en Santiago de Cuba, en la Casa del Caribe, de la cual fuiste fundador, (…) diste vida a su revista, tenías reconocimientos como profesor e investigador, entonces ¿por qué decides irte a República Dominicana, insertarte en otro medio cultural que, aunque parece próximo al nuestro, tiene puntos distantes? (…) ¿Por qué ese cambio brusco, ese comenzar de cero, cuando ya no eras un joven de veintitantos años sino un intelectual maduro?

“Para mí lo conveniente hubiera sido quedarme en Cuba, es decir, trabajaba en una institución de punta, que era la Casa del Caribe (…). Podía decir que estaba escribiendo un libro y me iba para mi casa dos meses a escribir, viajaba al extranjero, organizaba el Festival del Caribe, tenía contactos con la intelectualidad fuera de Cuba (…). Lo que ocurre es que pertenezco a esa generación que trabaja en los 80 y que creyó que era posible reformar desde adentro el proceso político cubano, que después de los nefastos 70 era posible cambiar y potenciar aquellos aspectos positivos e ir eliminando los rezagos negativos. Yo creía en eso, como tanta gente, como tantos escritores y artistas y trabajé en los 80 en ese sentido. (…) El día que me percaté de que estaba equivocado, de que la intolerancia, la persecución y ese tipo de cosas, el cierre informativo, no eran rezagos negativos del proceso, susceptibles de ser eliminados, sino elementos centrales del proyecto político cubano, simplemente quedé enfrentado a una disyuntiva, y es la que han tenido muchos artistas y escritores cubanos. De un lado, lo que me convenía; del otro, no sentirme mal porque sabía que estaba incorporado a un proceso que simplemente no era de mi gusto (…), decidí que me era imposible vivir conmigo mismo, mirando hacia otro lugar y haciendo creer que efectivamente creía en algo en lo que no podía creer. (…) Me fui a Dominicana como cualquier otro cubano, a caminar por las calles con un currículum bajo el brazo (…), con 45 años de edad y un currículum debajo del brazo, entregándolo en los lugares a ver dónde conseguía trabajo. Salí porque sentía que me estaba ahogando, porque sentía que había tocado fondo. (…) Fuimos traicionados por un proceso que prometió algo y fue todo lo contrario. Me fui el día que me di cuenta que no les interesaba otra cosa que su poder y que vivíamos en una dictadura como cualquier otra, donde lo único que importa es mantener el poder.”

 ¿Tuviste problemas en Cuba por tu condición de “acompañante crítico”?

Cubierta de El arma secreta, Premio Nacional de Cuentos en República Dominicana, 2013.
Cubierta de El arma secreta, Premio Nacional de Cuentos en República Dominicana, 2013

“Siempre fui un acompañante crítico. Me parecía que era lo único decente que se podía hacer. Si queríamos reformar, teníamos que reformar a través de la crítica. En la misma medida en que me fui amargando, en la misma medida en que fue ocurriendo eso (…) entonces comenzó una persecución, una vigilancia. Constantemente me estaban llamando para reunirme con la Seguridad del Estado, cuestionándome por qué dije esto o aquello. Por qué hiciste tal cosa. Me hacían evidente que me escuchaban las conversaciones telefónicas. (…) Llegó un momento en que eso se hizo insostenible. (…) Entonces entendí que no había otra manera, que un día iban a terminar metiéndome preso o lo que fuera. Y me fui,  a pasar trabajo.  Otros amigos de aquella época tomaron la opción de agarrarse de lo conveniente y fabricarse un discurso que de alguna manera disculpaba estas otras cosas, esa es su situación, no los critico, esa fue su opción y si ellos pueden vivir con eso, al menos yo no pudiera (…).”

Eres de los escritores que, al cambiar de contexto continuó escribiendo, incluso mucho más, intensamente (…). Salir de Cuba te hizo cambiar el discurso literario, estimuló tu productividad, hubo transformaciones. Otros temas entraron en tu literatura.

“Los cambios no son de discurso. Hubo muchos cambios pero en otros sentidos. Soy un escritor tardío (…). Cumplí veinte años en medio del Quinquenio Gris, en el momento en que debía comenzar a publicar mis primeros textos me tropecé con un ambiente enrarecido, en el cual te podías condenar por muy poco. Recuerdo en los primeros años de la carrera haber asistido a un taller donde estaban escritores de la UNEAC. Sufrí dos horas de diatribas, aquellos escritores que para mí eran consagrados, publicaban libros, tenían nombre, etcétera, se pasaron horas agrediendo a un estudiante en la universidad porque había presentado un poema que se llamaba ‘Los poetas llegan tarde a clase’, entonces la agresión era porque ellos decían que él se sentía diferente a un obrero, porque parecía decir que los poetas eran distintos, superiores. Acababa de ocurrir el Caso Padilla. (…) Los escritores que vinieron después de nosotros, y que incluso nos miraron como si fuéramos unos cobardes, no comprenden lo que significaba escribir y publicar en aquel contexto. (…) Recuerdo que también estando en la universidad, en segundo año, yo tenía una agenda y escribí allí algo que decía ‘hoy se murió mi mano izquierda’, y alguien sacó esa agenda de mi casillero, se la pasó al tipo de la Seguridad que atendía la Facultad de Letras y me hicieron juicio porque qué cosa era aquello de ‘hoy se murió mi mano izquierda’, ¿y si eso era un símbolo sobre la izquierda política? Cuando tú vives rodeado de esto es muy difícil escribir y publicar. (…) Los escritores que nos quedamos en Cuba, la mayoría, somos tardíos; los que se fueron, no. Somos escritores que debimos publicar cuando teníamos veintipico de años, en los 70.”

“Cuando me voy a Dominicana, yo tenía terminado mi primer libro de cuentos, Un tigre perfumado sobre mi huella, un libro muy amargo, muy críptico, una narrativa muy cerrada, muy contraída, que es todo el proceso de cómo me fui pudriendo, de cómo me sentía en mis últimos años en Cuba. Ese libro me salvó la vida. Nunca he pensado en suicidarme, pero en el estado de ánimo que yo estaba creo que llegué a estar muy próximo a ese pensamiento. Me encerré en mi casa, me aislé de todo, no iba a actividades, tan solo a las de mi trabajo en la Casa del Caribe. Entonces me fui con ese libro que se publicó por primera vez en RD, y tiene una segunda edición en Puerto Rico. Hoy sé por qué no puedo dejar de escribir y para mí escribir es la única forma que tengo de entender la realidad que me rodea. Es una forma de exploración. Yo solo puedo entender las claves de la realidad que me rodea, convirtiéndolas en ficción, y es el único modo que tengo de entender qué lugar ocupo dentro de esa realidad.  (…) Mi segundo libro, que también lo escribo en RD, tiene que ver con Cuba, obviamente, es El viaje, un libro de inmigrante. Buscando entender mi condición de inmigrante.”

“En Miami terminé El arma secreta, libro que gana el Premio Nacional de Cuento en RD, y luego escribo otro libro cubano, que es como un regreso a Cuba, metido en la cubanería de Miami, es un regreso a asuntos que siempre me interesaron y que tienen que ver con fenómenos que ocurren en los grandes procesos políticos. Cómo impactan esos procesos políticos en el individuo, no sobre la masa. El individuo aplastado por un proceso social que intenta masificarlo.”

“Y, lo más reciente, un libro que está prácticamente terminado, se titula Sutiles, un libro que mayormente se desarrolla en Miami.”

“No sé lo que sería si no me hubiera movido de Cuba, pero sería una persona muy desgraciada. Y al mismo tiempo no puedo ponderar cuánto ha ayudado en eso mi literatura, pero no cabe duda de que si hoy soy escritor es porque me moví de Cuba. Todo lo que he sufrido y he vivido, yo y mi familia, ha enriquecido mi literatura. Si hoy soy escritor es porque me salí de Cuba.”

Hay quienes hablan de falta de autenticidad en la literatura que se escribe dentro de Cuba, con respecto a la que se escribe fuera, por escritores cubanos. ¿Qué crees al respecto?

“Toda la literatura cubana está aplastada por el inmenso peso político que se le ha puesto encima, así como toda la vida de los cubanos pasó a ser juzgada a partir de la variable política únicamente. La literatura cubana ha sido juzgada, categorizada y convertida en canon o no a partir de esa variable político-social. Eso pesa sobre toda la literatura cubana, dentro y fuera. Poder escapar de ahí es un problema. Es un conflicto que a mí como narrador me ha golpeado violentamente. (…) Yo me escondí detrás del absurdo para escapar (…), en algunos sentidos la narrativa  que se produce dentro de Cuba, incluso la mejor que se produce dentro de Cuba, a veces cuando uno comienza a leer uno siente que hay un grado de inautenticidad. (…) la selección que usualmente se hace de la literatura cubana, es aquella literatura que entrega datos más legibles para entender el proceso sociopolítico cubano. ¿Y qué pasa con la que no? Que se queda fuera de eso. Toda la literatura cubana está por ser juzgada y va a tomar mucho tiempo para que aparezcan críticos, estudiosos que puedan desprenderse de todo ese conflicto que hemos vivido y juzgarla, es decir, se ha repartido muchas loas o muchos ataques en atención a ese conflicto. Lo que hoy escribe Leonardo Padura, lo que antes escribió Reinaldo Arenas, tendrá que ser mañana  valorado a temperatura y presión normales. Sin tomar en cuenta si estaba a favor o si estaba en contra, si criticaba o alababa, tendrá que ser así. Ninguno de nosotros ha logrado escapar a esa disyuntiva. Yo lo he intentado. Estoy seguro de que de ninguna manera he logrado escapar de ahí.” 

Se pudiera hablar entonces de varias literaturas cubanas, ¿no? ¿Unas, escritas dentro de la isla; otras, fuera? ¿O es una sola?

Cubierta de Tres, eran tres, libro de narraciones de Fernández Pequeño
Cubierta de Tres, eran tres, libro de narraciones de Fernández Pequeño

“Siempre hubo muchas literaturas cubanas. Sitúate en la narrativa de los 40, una cosa es Lino Novás Calvo y otra cosa es Carlos Montenegro. (…) Siempre hubo muchas literaturas, pero ¿por qué ahora se nota tanto?, porque en Cuba nunca hubo diáspora. Hubo migraciones, los grandes conflictos generaron migraciones. El oriente cubano y el Cibao dominicano son prácticamente lo mismo. En el primer juego de pelota que se jugó en el Cibao y en la RD, jugaba Sindo Garay. Esas migraciones se movieron con las guerras, con los conflictos, y gran parte regresó, pero fuera de eso, Cuba no generó diáspora. Eso lo logra el proceso cubano del 59. Entonces qué ocurre, que, por supuesto, hay muchas literaturas cubanas, gracias a dios. Mi crítica proviene de que sigamos juzgando la literatura según las imposiciones, es decir,  solo existe esta literatura cubana, y todo el mundo tiene que hacer esto, esa fue la pretensión de los 70, lo terrible del famoso Quinquenio Gris, fue la obligación de que la literatura cubana tenía que ser esto. Portuondo decía, la literatura cubana deberá ser… y a partir de ahí se escribía una literatura policial siguiendo la receta que José Antonio Portuondo elaboró, ese era el sueño del proceso político cubano, convertir la literatura cubana en eso. No sigamos pidiendo que eso sea así. (…) la literatura está enfrentada a un nuevo reto: deshacerse de esa visión de la cultura cubana como una cosa única porque hay muchas culturas cubanas. (…) Primero, romper con esa visión unitaria sobre la cultura cubana, por lo cual no hay una literatura  cubana, y lo segundo, asimilar que yo escribo en dominicano cuando me da la gana y eso no me hace menos cubano, así le pasa al que está en Rusia o en los Estados Unidos. Hay quien aparece y dice que la literatura de fulano no es cubana porque vive en los Estados Unidos y escribe en inglés, y claro que es cubana, por supuesto que lo es, ¿cómo no va a serlo? Hay  que comenzar a leer la multiplicidad y aplaudirla, entender que lo que está pasando es para la salud de la literatura cubana. Ahora, si usted para enjuiciar esa literatura, esta tiene que reflejar, entonces ese es el verbo que hay que matar, ‘reflejar’. No hay que reflejar nada, si tiene que reflejar a Cuba de alguna manera estamos jodidos, si tiene que reflejar a Cuba y no expresar al cubano, estamos jodidos.

“Siempre ha habido muchas literaturas cubanas, lo que sucede es que la diáspora que ha provocado la dictadura cubana ha hecho más visible esa multiplicidad, pero eso siempre existió, en una literatura que es muy joven. (…) Aplaudamos lo que es una virtud y no la combatamos. El día que tratemos de no comportarnos como Fidel Castro, volveremos a ser una cultura noble. Y eso pasa por aquí, por leer para entender, no para condenar o aplaudir. Esa es una operación que se dice muy simple pero que es muy difícil de realizar. Leer para entender, no para condenar o aplaudir. El día que hagamos eso volveremos a ser un país normal. Tan simple como eso.”

“Nada permite entender mejor que las diferencias. La idea de que lo homogéneo es bueno solo es buena en la cabeza de Fidel Castro. Fuera de ahí está jodida. Lo homogéneo es siempre negativo.” 

Me has dicho que sientes la necesidad de regresar a Dominicana, pero ¿sientes la necesidad de regresar a Cuba, a Santiago, al medio cultural de la isla?

“Jamás he sentido nostalgia, que es para mí uno de los sentimientos más detestables, porque la nostalgia te amarra al pasado, la nostalgia es, etimológicamente ‘nostos’ y ‘algia’, es decir, dolor del alma. La nostalgia siempre se fundamenta en la idea de que el pasado fue mejor y es una trampa, porque el presente siempre es duro, mientras que el pasado, que ya es inofensivo, parece mejor, aunque hayas pasado mucha hambre o te hayan dado muchas patadas (…). Por eso es un sentimiento que detesto y que nunca he asumido. Soy cubano porque soy cubano, nadie me lo puede quitar ni yo pudiera renunciar. No necesito ir a Cuba para sentirme cubano. Esa idea de que el centro de la cultura cubana está en Cuba es un disparate, el centro de la cultura cubana está donde haya un cubano. (…) Dada ciertas circunstancias, toda la cultura cubana se deposita en un punto, ese momento en el que me estalla en la cabeza una frase absolutamente cubana desde la cual se desencadena un cuento, toda la cultura cubana está depositada en ese momento, ahí, luego se va, pura magia, por lo tanto, no. (…) Lo que me ocurre cuando regreso a Cuba es que veo a la gente tan jodida, que veo gente brillante alcoholizada, pidiéndote dinero en la calle, que veo una población que ha asumido la miseria como una forma de vivir y que por lo tanto intenta sobrevivir, y la sobrevivencia es la cultura sin ética. (…) La sobrevivencia ha llevado a una cultura ‘de la no-ética’. No es solo pedir, sino joder al otro. (…) ¿Qué tengo en Cuba? A mis amigos, mis compañeros escritores a los que quiero pero cuando camino por las calles, al tercer día, estoy loco por tirarme al mar y comenzar a nadar porque esa miseria no la soporto y sé el país que era Cuba antes, porque yo tenía 5 años cuando triunfó la revolución, yo sé el país que era y lo que era el cubano antes de todo eso. He vuelto a Cuba muchas veces pero no necesito volver.  Ese pueblo no se merecía el punto a dónde lo han llevado. No nos merecíamos eso. Por lo tanto, mi condición de cubano no es como una batería que hay que recargar, como no lo es la dominicana, ahora, y es algo que me ha traído muchos problemas, yo rechazo al gobierno cubano, no al pueblo cubano, que son dos cosas diferentes, por lo tanto, sí añoraría que mis libros se publicaran en Cuba, sí añoraría sentarme con el público de la isla a debatir sobre literatura, pero porque tengo derecho a eso, porque soy un escritor cubano. El hecho de que esté fuera y no se me publique es una injusticia, como a todos los escritores cubanos, como a todos los artistas cubanos.”

Written by CubaNet

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