Escena de la telenovela/Foto: Granma

‘Bailando con Margot’: Telenovela con pastiche

Mar 11, 2016

(Diario de Cuba).- Si alguien inventara un concurso para encontrar 100 películas en una sola, sería la oportunidad ideal para Bailando con Margot, escrita y dirigida por el realizador de videoclips Arturo Santana y presentada en el Festival de Cine Latinoamericano de La Habana en 2015.

Escena de la telenovela/Foto: Granma
Escena de la telenovela/Foto: Granma

El filme, ópera prima de Santana, contiene multitud de referencias —no se sabe si intencionales— a filmes como Sin City, Toro salvaje, Novecento, La bella de la Alahambra, El halcón maltés, El padrino, Proposición indecente,Dick Tracy, Cotton Club, Scarface y otras más. Incluso aparece un joker ninja, mala caricatura del joker de Batman. Pastiches que tratan de sostener la historia del robo de un valioso cuadro de la casa de una señora rica, que en su juventud estuvo liada con un traficante, asesino y mafioso.

La historia comienza cuando a su protagonista (Edwin Fernández), investigador privado (un Phillip Marlowe sin sex appeal y venido a menos), le hacen una llamada para encargarle el caso mientras se halla en la cama con una ridícula Marilyn Monroe a lo cubano, que le llama baby y solo aparece al principio y al final de la película.

A continuación, se entrevista con Margot (Mirtha Ibarra), quien le cuenta sus memorias en los períodos de 1918, 1928 y 1933, flashazos al pasado que desvirtúan la trama principal, con subtramas que tratan de seducir al espectador y que se diluyen sin encauzarse.

Esteban es un fotógrafo que toma fotos de una pelea de boxeo arreglada y se enamora de Margot, joven vedette, quien también trabaja en un prostíbulo. Hay un mafioso que persigue al joven a lo largo de casi todo el filme para recuperar la película. Un boxeador negro, amigo de Esteban, que tiene tuberculosis pero lo oculta para ganar una pelea; una criada versada en arte que estudia en la universidad —algo increíble—, y un mayordomo gay. Todos tienen puntos de contacto y el director apuesta por interconectarlos de alguna manera, lo que resulta demasiado ambicioso, quedándose muchos de estos personajes muy mal dibujados y planos.

La manera de contar el tiempo, por capítulos, no es nada nuevo; en el guión, repleto de clichés, abundan parlamentos poco imaginativos y usados en las peores telenovelas. Los actores, en su mayoría, provienen también de las telenovelas, incluso dos chicas cantan.

Hay desnudos inconsecuentes y acciones tan previsibles que dan risa.

Entre los actores participantes están: Jorge Enrique Caballero, Rolando Chiong, Camila Arteche, Max Álvarez y Maye Barquinero.

La banda sonora, a cargo de Rembert Egües, con jazz, danzón y hasta foxtrot, resulta atrayente y de gran apoyatura. Por otro lado, el director de fotografía, Ángel Alderete, salva la imagen con dignidad, al igual que Onelio Larralde en la dirección de arte, por su indagación en los detalles y su viaje por disímiles épocas, aunque es imposible no sentir el tufillo a videoclip de Santana en la manera de armar las escenas, el uso de la cámara lenta, los rompimientos y las elipsis.

La situación política del país, el triunfo revolucionario —a última hora—, tenía que estar presente, por supuesto, en los gastados materiales de archivo, algo que no aporta nada a la trama y se hace para quedar bien con la producción.

Habría que haberle dado unos buenos tijeretazos a esta pretenciosa película, o borrarla completa, por ser solo otra más que engorda la fila de las peores de los últimos años de la cinematografía cubana.

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