Triunfalismo

Mar 11, 2016

(Diario de Cuba).- De todos es conocida la crisis por la que atraviesa el béisbol cubano, que se manifiesta, entre otras cosas, en los malos resultados que obtiene en las competencias internacionales.estadio

En esas condiciones sería prudente que los federativos de la Isla encararan cada tope con humildad, como correspondería a una liga que tiene mucho que aprender de sus homólogas en el exterior.

Sin embargo, sucede lo contrario. Los directivos de la pelota nacional adolecen de un exceso de triunfalismo que los hace pensar que siempre van a salir victoriosos. Eso sucedió con el manager de Ciego de Ávila, Roger Machado, que pronosticó su triunfo en la pasada Serie del Caribe, y ya sabemos cuál fue la debacle. Es una situación que, sin dudas, torna más estruendoso cada fracaso.

Esa especie de campeonismo a ultranza va acompañado de una aparatosa preparación de los peloteros, que incluye la paralización de la Serie Nacional, y la integración de una preselección que, luego de intensos entrenamientos, da paso al equipo definitivo.

La actual Serie Nacional se detuvo en noviembre cuando los Panamericanos de Toronto, luego en febrero para la Serie del Caribe, y ahora se interrumpirá nuevamente para la celebración del juego contra los Rays de Tampa Bay, el próximo 22 de marzo.

Según la opinión de muchos aficionados, no había necesidad de detener la Serie Nacional, ni conformar una preselección, para el tope con ese equipo de la Gran Carpa. Bastaba con designar para ello a cualquiera de los equipos que van a disputar la ronda semifinal de la pelota cubana. Total, es solo un juego de exhibición que no decide nada.

A propósito, si para algo pudiera servir este choque contra el Tampa Bay es para ver si por fin podemos apreciar un mejor estadio Latinoamericano. Los que han asistido en los últimos tiempos a esa instalación conocían muchas de las deficiencias que afrontaba el estadio, pero de seguro ignoraban que el mal era mucho peor.

Se sabía que los techos estaban destartalados, que la pizarra eléctrica construida en 1971 ya apenas ofrecía información a los aficionados, que las gradas se estaban quedando sin asientos con espaldar, y a los asistentes al estadio no les quedaba más remedio que posar las asentaderas en rústicos tablones o concreto puro; que la gastronomía del lugar marchaba de mal en peor, y que la tienda que ofertaba misceláneas y artículos deportivos en moneda nacional había desaparecido.

Informaciones recientes dan a conocer otras facetas de la devastación por la falta de un mantenimiento adecuado. El terreno del infield, por ejemplo, está muy duro y con frecuentes desniveles, lo que pudiera provocar lesiones en los jugadores, tanto para los que corren las bases, como para los que tratan de capturar las pelotas bateadas.

El sistema de drenaje de la instalación es pésimo, incluso con tupiciones en varios de sus tramos. En consecuencia, se alarga el tiempo de reacondicionamiento del terreno cada vez que sobreviene un aguacero. Y por último, la hierba que cubre el outfield debe ser cambiada en su totalidad con vistas a lograr su emparejamiento.

Algunos medios de prensa internacionales han anunciado que el presidente de EEUU Barack Obama asistirá el 22 de marzo al referido encuentro beisbolero. Es casi seguro que ni los aficionados que, contra viento y marea, iban al Latinoamericano cuando la instalación se caía a pedazos, ni los estoicos trabajadores de mantenimiento que por estos días se esfuerzan por reparar el maltrecho estadio, estén presentes ese día en las gradas de la mayor instalación deportiva de la Isla.

La concurrencia, en su inmensa mayoría, estará formada por militantes del Partido Comunista y agentes de la Seguridad del Estado portando banderitas de Cuba y Estados Unidos. Así funciona la “democracia participativa” de los hermanos Castro.

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