Preocupación e inseguridad. Es el ambiente que se respira en Turquía un día después de que la detonación de un coche bomba causara al menos 37 muertos y más de 120 heridos en Ankara.
Según la prensa nacional, uno de los dos kamikazes era una estudiante turca que se unió a las filas del Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), aunque el ataque aún no ha sido reivindicado.
“Es imposible no estar preocupado. No hay ninguna garantía de seguridad. Estas personas hacen lo que quieren. Si pueden hacer estallar una bomba en el centro e Ankara, es normal que estemos preocupados”, dijo un hombre.