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Fidel, el líder gris

Ten paciencia con abuelo; recuerda bien cuanto hizo;
no contradigas su afán; ponle atención a su juicio
gasta un poco de tu tiempo complaciendo su egoísmo.

Pedro Luís Ferrer.

La tercera edad de un tiranuelo es complicada.  Si además de los problemas intestinales que lo alejaron del poder, se suma la falta de protagonismo y la depauperación física, tenemos el cóctel por el que de su cabecita malévola solo salen incoherentes muestras de desatino.

A lo que le teme Fidel Castro es que el cubano se dé cuenta que el supuesto legado de victorias y conquistas quedará reducido a cuatro tomos de discursos olvidados en una biblioteca, o que de tanto vociferar insultos contra el “Imperio” su ronquera se refugie en los anaqueles donde reposa el pasado que tanto se empeña en revivir.

La reflexión de hoy es eso, pasado, pero también es mentira.

Como si el cubano fuera imbécil convierte al Lugarteniente General Antonio Maceo en “líder negro” casi el Martin Luther King de la independencia cubana.  Utiliza a Martí, el líder blanco, y habla de las páginas perdidas de su diario, que según la mayoría de los historiadores fueron suprimidas por Máximo Gómez pues el apóstol arremetía contra el líder negro.

Ídolo de Yusuanes, federadas y cardenales, no escatima en contradecirse a si mismo con el fin de aparecer en las listas trending de la prensa mundial. Menos mal que no le dio por hablar de los Rolling, que es un sueño logrado luego de tantos sueños postergados.

Fidel el líder gris que se siente joven cada vez que en las calles la turba desaliñada y sin caudillo grita “Pa lo que sea Fidel pa lo que sea” sabe perfectamente que su tiempo se acabó, que en cada golpe que la policía de a un opositor él también muere un poco cada día.

Cuando vio a Obama llamar a todos para hacerse una foto con el mural de Guevara a sus espaldas supo que no era un homenaje. Fue la única foto turística de la delegación; en el safari que acababa con la revolución cubana, el líder negro del vecino del norte, se llevaba un recuerdo de su victoria.

Pero Fidel siempre puede ser mucho más Fidel; “advierto además que somos capaces de producir los alimentos y las riquezas materiales que necesitamos con el esfuerzo y la inteligencia de nuestro pueblo”, dice quien suprimió los cultivos fundamentales, destruyó kilómetros de tierras y sembradíos y llevó el país a tener que importar el 80 porciento de los alimentos que consume.

El verdadero temor de Fidel es que los cubanos pensemos en futuro.  Aún en su incoherencia y despiste, el viejo saurio sabe que ni el futuro pertenece por entero al socialismo y que tampoco estará, ni él ni su legado, en el mañana que los cubanos sepamos construir.

Quienes único echarán de menos a Fidel cuando desaparezca serán caricaturistas y humoristas, pues perderán una “fuente inagotable” de inspiración.

 

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