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ECONOMÍA|Cuba y Lampedusa

Estados Unidos y Cuba sostienen primera reunión sobre propiedad intelectual | CPEM
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Los cubanos que quieren trabajar al margen del sector público tienen limitado su campo de elección a 181 categorías profesionales determinadas por el Estado|Archivo
Los cubanos que quieren trabajar al margen del sector público tienen limitado su campo de elección a 181 categorías profesionales determinadas por el Estado|Archivo

LORENZO B. DE QUIRÓS

elmundo.es.- La visita de Obama a Cuba supone un giro radical de la política norteamericana hacia la isla y el reconocimiento de un hecho: cincuenta años de embargo no han servido para producir un cambio de régimen político en la perla de las Antillas. El acceso de Raúl Castro al poder se vio acompañado por una serie de modestas reformas que han introducido algunos elementos de mercado y de propiedad privada con la finalidad de estimular el crecimiento, elevar el depauperado nivel de vida de la población y, de este modo, mantener y legitimar el monopolio del poder detentado por el Partido Comunista. Esta estrategia sería similar a la adoptada por China y por Vietnam y las autoridades cubanas parecen apostar por ella. Sin embargo, el comunismo isleño está más apegado a los esquemas del comunismo soviético de lo que lo estaban hace unas décadas los chinos y los vietnamitas.

Desde 2010, el gobierno cubano ha permitido el desarrollo del auto-empleo. Alrededor de 500.000 cubanos poseen licencias que les permiten trabajar de manera independiente. Al mismo tiempo, el ejecutivo ha “liberado” casi tres millones de acres de tierras estatales para que éstas sean explotadas por agricultores privados y por cooperativas independientes con el objetivo de aumentar la producción de alimentos. En paralelo han emergido miles de bares y restaurantes que han cambiado la fisonomía de las ciudades y pueblos de la isla y, por vez primera en cinco décadas, los cubanos pueden comprar y vender sus casas. Pero sólo un 8,9 por 100 de los cubanos es propietario de su casa. También se han eliminado los requisitos de las visas para salir de la isla, lo que permite viajar al exterior. Todas estas medidas y otras han supuesto una considerable transformación respecto a la situación anterior pero no pueden ocultar las profundas deficiencias estructurales del sistema.

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Los cubanos que quieren trabajar al margen del sector público tienen limitado su campo de elección a 181 categorías profesionales determinadas por el Estado. Estas se circunscriben a empleos de escasa cualificación y de bajo valor añadido y no se permite el desarrollo de la iniciativa privada en campos como las manufacturas, la construcción y la mayoría de las actividades comerciales por citar tres ejemplos paradigmáticos. Esto es, el tipo de ocupaciones “liberalizadas” es inaccesible para los individuos con mayor capital humano a quienes sólo les cabe optar por trabajar para el Estado o emigrar. El modelo puesto en marcha por Raúl Castro es hacia una economía de baja productividad y, por tanto, con escasa capacidad de elevar de manera significativa los estándares de vida de la población.

Raúl Castro y Barack Obama en Cuba|Archivo
Raúl Castro y Barack Obama en Cuba|Archivo

El marco regulatorio es inconsistente y falto de transparencia lo que se ha traducido en la creación de una enorme economía sumergida y en la emergencia de una gigantesca corrupción. El Gobierno practica un asfixiante control de precios para contener de manera artificial las tensiones inflacionarias y mantiene un tipo de cambio dual que es una fuente de ineficiencia y de prácticas corruptas. El sistema financiero está en su totalidad en manos estatales y acceso al crédito para los nuevos emprendedores es inaccesible sin la “ayuda” de los burócratas. Por otra parte, el control político de la justicia impide a ésta jugar papel alguno en la corrección de las “desviaciones” del sistema. De momento, Cuba no ha realizado ninguna transformación significativa que altere su sistema económico ni institucional.

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En contraste con lo acaecido en China e incluso en Vietnam que endorsaron la famosa máxima de Deng Xiaoping “hacerse rico es glorioso”, el ganar dinero en Cuba se contempla todavía como un crimen execrable y la prosperidad individual es vista con una indisimulada sospecha. Así lo han experimentado en sus propias carnes muchos de los nuevos emprendedores. En la práctica, la élite extractiva compuesta por los militares, los burócratas y dirigentes del partido controla los sectores claves de la economía y es la única que tiene acceso a la riqueza mediante la utilización de los instrumentos puestos a su alcance por el “el socialismo de amiguetes”. En realidad, la política económica del régimen está aún más cerca de los dogmas soviéticos que de los esquemas chino-vietnamitas.

Tiendas de cuentapropistas en Cuba|Archivo
Tiendas de cuentapropistas en Cuba|Archivo

Si la tesis de que Cuba camina hacia un modelo económico en el que los mecanismos de mercado van a desempeñar un mayor papel es cuestionable a la vista de los hechos, la hipótesis de cualquier apertura política del régimen carece de la mínima consistencia. En el período inmediatamente anterior a la visita de Obama, se intensificaron las detenciones de disidentes. En 2015, el número de detenciones arbitrarias de disidentes alcanzó la cifra de 1.447 el pasado noviembre y, por supuesto, la dictadura cubana continua prohibiendo la existencia de partidos, la libertad de expresión y de reunión. Incluso se han producido retrocesos en la insignificante liberalización económica. En 2015 no fue legalizada ninguna nueva cooperativa y se estrechó todavía más el abanico de las ocupaciones que pueden ser desempeñadas al margen del Estado.

Cuba continúa siendo una economía reprimida por las ineficiencias sistémicas propias de un régimen comunista. Dominada por compañías estatales conectadas con la oligarquía político-militar, la economía carece de dinamismo, hecho agravado por el clientelismo y la corrupción. La leve apertura a la iniciativa privada se ve severamente restringida por la ausencia de una verdadera voluntad de reforma que asfixia a los “emprendedores” en las redes de la burocracia y de una fiscalidad confiscatoria. Quizá la normalización de las relaciones económico-comerciales con EEUU y el fin del bloqueo generen la presión necesaria para una verdadera transición hacia una economía y una sociedad más libres, pero esa es una frágil esperanza que, aquí y ahora, no tiene un fundamento sólido. La dirigencia cubana ha hecho suyo el viejo lema del príncipe Salina en el Gatopardo: “cambiar algo para que todo siga igual”.

Written by @norismarnavas

Productora de contenido en Cubanos por el Mundo. Locutora certificada. Profesora universitaria. Investigadora

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