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Cuba: reformas económicas contra el techo

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Cuando se habla de negocios privados en Cuba, lo mismo hable el mainstream mediático internacional, los medios alternativos o en menor medida nuestros medios oficiales, suelen ponerse como ejemplo los más exitosos emprendimientos.

Una muestra que siempre resulta en restaurantes a los que nadie se atreve a preguntar de dónde sacan la langosta, aplicaciones para teléfonos móviles cuya principal virtud es hacer que los desconectados se sientan un poco menos desconectados, y ese monumento al cañón de tiritas de cuero que se llama Paquete Semanal.

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Nadie parece interesarse— aunque sean mayoría—, en los puestecitos ambulantes de galletas saladas que pululan en la carretera central a la altura de Jatibonico; o en los merenderos que anuncian la venta de “jugo dulce” porque algún burócrata de municipio tuvo a bien prohibir en sus señoríos la venta de guarapo, alegando afectaciones a la industria azucarera.

Tampoco interesa mucho la cafetería La Recarga, en Camagüey, que no se llama así porque sirva para “recargar” energías, sino porque además de pan con cosa y refresco instantáneo, oferta tarjetas para teléfonos móviles y otros servicios dependientes de la única empresa de telecomunicaciones del país, ETECSA.

Al verla recordé los locutorios españoles, pensando, claro, en lo que nunca llegará a ser La Recarga bajo los términos que rigen hoy el trabajo por cuenta propia en Cuba.

Un negocio que mezcle refrigerios con telecomunicaciones, bien mezclados, sería un exitazo inmediato: así hacen ya algunas cafeterías estatales y en el área de recepción de ciertos hoteles, pero al cuentapropista le está vetada esa oportunidad.

Primero porque ETECSA aún no considera que llegó el momento de expandir su atraco cibernético más allá de plazas, parques, y salas de navegación propias y del turismo. Y segundo porque, de alguna forma, “la mayoría” ha dejado de importar.

A fin de cuentas el negocio modelo ya está instalado en La Habana, y la prensa oficial le hace una foto de carné de identidad: además de ser pionero en las nuevas relaciones comerciales con los Estados Unidos, tiene hasta un “núcleo del Partido”, según reportaje del Noticiero Nacional.

El negocio en cuestión se dedica a la industria gráfica, a estampar logotipos en jabas y otros envases. Y la fotografía encandilada revela a su núcleo del PCC y al entusiasmo con vistas al próximo Congreso, pero convenientemente deja fuera de plano el interesante perfil del origen de sus materias primas.

El 2016 trajo algunas novedades al sector económico no estatal. 17 actividades que tributaban en el régimen general— como cocheros, payasos, reparadores de colchones, vendedores de animales afectivos— pasaron al régimen simplificado, lo cual significó una mejoría para estos trabajadores: ahora solo abonan una cuota mensual, en vez de sumergirse en el papeleo típico de negocios más lucrativos.

Pero además de perfeccionar el sistema tributario, ubicando a cada cual en la categoría más justa, convendría actualizar la lista de actividades permitidas, o incluso replantearse todo el sistema desde el supuesto de que la realidad de la vida económica de un país es mucho más rica que cualquier obtusa normativa.

El sistema que hoy tenemos, por ejemplo, no reconoce figuras muy populares del paisaje como los “paqueteros”: miles de personas que se dedican a vender entretenimiento audiovisual a falta de Internet y buena televisión.

En cambio sí reconoce a criaturas cuasi extintas como el “forrador de botones”… Es como si hiciéramos, en este siglo, una ley autorizando la cría del brontosaurio pero no la cría de vacas.

Casi una década después de iniciadas las reformas, el ciudadano cubano no puede aún fundamentar ante las autoridades una idea propia de negocio: hay que elegir, en una lista de 200 divisiones, la más cercana a lo que se quiere, dejando demasiado margen al delito y al invento.

Las personas naturales— que son la figura principal del actual modelo de trabajo por cuenta propia—, tampoco pueden realizar importaciones con carácter comercial, y en el mercado interno el desabastecimiento manda.

Y a las cooperativas urbanas, por otra parte— cuya personalidad jurídica otorga mayores chances de desarrollo— se accede a través de un sistema poco potable, ya por burocráticamente enmarañado o por secretamente reservado al puñado de elegidos, negocios modelo, que se integran a la línea que corresponde y pagan todo el salario a sus empleados cuando desfilen el Primero de Mayo.

Luego es bastante fácil que el emprendimiento privado auténtico se haga un gran chichón en la cabeza al chocar contra el techo de las limitaciones legales.

Porque nada hay suficientemente transparente en el crecimiento de la mayor parte de los negocios que se dicen exitosos en la Cuba actual. Y puede pasar que, en el futuro, veamos al periodismo de investigación cubano revelar unos cuantos Habana Papers.

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