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Cuba: ¿a más cambios menos prensa?

¿Por qué respaldo una ley de prensa en Cuba?
¿Por qué respaldo una ley de prensa en Cuba? | Javier Roche, fotógrafo profesional | El Toque
 
¿Por qué respaldo una ley de prensa en Cuba?
Cuba ¿a más cambios menos prensa?| Javier Roche, fotógrafo profesional | El Toque

Por increíble que a usted le suene, en Cuba siempre es posible que haya menos…. Y menos de cualquier cosa, incluyendo prensa, cuya concentración en la sangre del país apenas llega a ser de media molécula por kilómetro cuadrado.

Por otra parte, los cambios sí aumentan: todos los días amanecemos aquí con un cambio nuevo. A veces es solo Marino Murillo que se peinó la raya al otro lado, pero bueno, cambio al fin—y en la tierra donde el juego nacional es “un, dos, tres, cruz roja es” —, uno lo agradece…

Gracias a los cambios, por ejemplo, ya los cubanos del montón podemos comernos un trozo de boniato sin necesidad de asaltar un banco. Incluso si ahorramos lo suficiente (dejando quizás de ostentar lujos como el papel sanitario) también podremos freírlo en aceite rebajado de recontracarísimo a carísimo a secas.

Todo ello aparece reportado en nuestra prensa, diligentemente, y siempre acompañado por la opinión monocorde de ciudadanos felices. Y podríamos decir que siempre ha sido más o menos así, porque lo ha sido, pero yo no dejo de notar un recrudecimiento del discurso trincheroso durante los últimos meses: la prensa oficial, que es a la que tenemos acceso la mayoría de los cubanos, anda más insípida que nunca.

En mi barrio hubo menos ajetreo del usual en la madrugada de este Primero de Mayo, pero Granma insistió en que aquello fue un “festejo proletario sin igual”… y razón no le faltaba: no tuvo par, pero en el sentido del poco caso que le hizo la gente. ¡Ya ni vendiendo cerveza en los alrededores de la plaza!

Muchos jodedores dicen que esta exacerbación del entusiasmo de mentiritas es el equivalente a las “patadas del ahoga’o”, o a los “estertores de la muerte”, pero cuando se trata del periodismo cubano a mí nada me provoca gracia, y— no sé por qué— me invade un pesimismo tremendo.

Aunque el panorama mediático digital muestre un rostro diferente, matizado por un discreto boom de proyectos autónomos sobre periodismo de investigación, narrativo, científico, etc., habría que considerar primero que su impacto directo en la sociedad cubana es casi nulo. Igual que lo es el periodismo hecho desde los llamados “medios alternativos”, que ofrecen amplias alternativas a quienes prefieren leer sobre ópera, Kardashians, y pelota, y empoderan discursos a conveniencia a fin de garantizar su propia vida en un ambiente tan extraterrestre para cualquier medio de comunicación.

Luego es natural que las cosas que van pasando en la vida real, y que machacan a la gente, no sucedan jamás en los periódicos y noticieros, o bien sucedan… pero con el beneplácito de todo el pueblo, aunque el cambio en cuestión sea meternos el dedo hasta el fondo de la garganta.

En Camagüey— me cuenta un inconforme—los arrendatarios de espacios para actividades comerciales de la principal vía de la ciudad (Calle República) ya no podrán alquilar sus casas por la libre a cuanto cuentapropista quieran. Ahora deben cuidar a sus clientes, porque si los pierden, no están autorizados a ingresar nuevos comerciantes, o a crear nuevas plazas en sus propiedades.

¿Por qué? Esa misma pregunta se la hicieron a los inspectores encargados de notificar la mala nueva, sin obtener respuesta concreta.

Uno de los vacíos de información que más me molesta es el relativo a la emigración. Y no hablo de las razones que provocan que tantos cubanos abandonen la Isla (pues de eso se encarga la prensa disidente con extrema puntillosidad), sino la vida de “los de allá”, responsablemente informada.

No estaría mal leer historias sobre los cubanos afectados por el reciente terremoto en Ecuador, sobre cómo es la vida para los emigrantes en Kazajistán, o cuántos cubanos viven hoy en Chipre…

Sin embargo, el principal problema de no tener prensa en una época de cambios, es que no se podrá contar con ella a la hora de construir, en el futuro, la más adecuada versión histórica del pasado: así sucedió con el llamado Periodo Especial (que según la hemeroteca de esos años se vivía aquí como en el paraíso), y definitivamente así sucederá con las reformas de hoy.

Por Alejandro Rodríguez Rodríguez para su columna Reflexiones Circunspectas de Cubanos por el Mundo

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