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El temor a que la casa “se te caiga encima”

LA HABANA, Cuba.- Los derrumbes totales y parciales de edificios y casas de viviendas se suceden año tras año en Cuba. Como consecuencia de la falta de mantenimiento los inmuebles sufren un deterioro extremo que los hacen víctimas fáciles de las lluvias y otros fenómenos naturales.

El estado cubano, en muy contadas ocasiones, sólo ofrece el servicio de brigadas de constructores para reparación de áreas comunes en ciudadelas, desentendiéndose de las necesidades y urgencias del resto de las edificaciones.

Mariano Guzmán Padilla, un Técnico en Construcción Civil de 49 años y 33 de oficio, nos comenta que “la albañilería se ha convertido en un negocio muy lucrativo, debido a la necesidad que tiene la gente de construir y reparar sus viviendas”.

Guzmán Padilla, quien decidió abandonar “el trabajo burocrático y dedicarse al trabajo “a pie de obra”, explica que “la gente tiene que inventar y trabajar duro para mantener sus casas en pie, porque de lo contrario se quedan en la calle. Y es duro, porque los salarios son bajos y el precio de los materiales y la mano de obra no están al alcance de todos”.

El técnico de 49 años se refirió al precio que los albañiles cobran por la mano de obra. Según su relato “el metro cuadrado de encofrado, encabillado y fundición de placas se cobra a doce dólares; las paredes se cobran a 30 centavos de dólar por cada bloque que pones y el revestimiento y fino a siete dólares el metro cuadrado”.

Respecto al “enchape de paredes con azulejos y otras losas, como la piedra jaimanita, el precio es de 12 dólares el metro cuadrado”.

Por su parte, Lester Damián Robles, de 36 años y 10 de oficio, quien muchas veces comparte el trabajo con Mariano, se refirió a los precios de los materiales y ofreció otros detalles y opiniones sobre su trabajo.

Damián Robles nos informó que “algunos materiales son asignados a los rastros (puntos de venta estatales), pero lo cierto es que cuando vas a buscarlos te dicen que se acabó, que hay que esperar al próximo envío; sin embargo, por la izquierda (venta ilegal) siempre se puede resolver”.

“Por eso”, continúa diciendo el albañil de 36 años, “una tira de cabilla de nueve metros de largo por media pulgada de grosor, que tiene un precio estatal de 81 pesos Moneda nacional (unos cuatro dólares), tienes que pagarla por la izquierda a siete dólares; el saco de polvo de piedra, el de arena lavada y el de gravilla, que cuestan un dólar, tienes que pagarlo a tres dólares”.

Otro de los entrevistados, un maestro de obra de 68 años que dedicó 47 a la construcción y que prefiere no revelar su identidad porque “es militante del partido (Partido Comunista) y aunque la verdad es la verdad… mira mijo, te entero de algunas cosas y dejas mi nombre fuera”.

Bajo la promesa de que su nombre no será revelado, el maestro de obra de 68 años confesó que “yo trabajé durante años en la construcción, reparación y ampliación de viviendas para altos funcionarios del gobierno, coroneles, generales y diplomáticos cubanos, que viven como verdaderos millonarios, mientras la clase obrera e infinidad de profesionales valiosos duermen con el temor de que un día la casa se les caiga encima; y esto, lo digo con mucha vergüenza”.

“Aunque te digo otra cosa, no solo son los dirigentes de la revolución los que predican moral en calzones, porque las instituciones religiosas que manejan grandes presupuestos, como los católicos y los  protestantes, levantan templos lujosos y exhiben obras de arte valiosísimas mientras los pobres tienen que esperar por la ‘vida eterna’ para disfrutar de algún bienestar. Una locura, mijito, este mundo es una locura”, dice el veterano.

Y en tanto las injusticias sociales cubanas rebotan de un poder a otro poder, sin que ninguno decida quién asumirá la responsabilidad por las carencias de los sectores más vulnerables, los cubanos se amparan en las remesas familiares que llegan desde Estados Unidos y otras partes del mundo, los negocios ilegales y el intercambio de intereses comunes para mejorar el techo que los cobija.

Por esas y otras razones, Clara Cirules Domínguez, una ama de casa de 58 años, no entiende la “desfachatez del gobierno” cuando dijo en el recién finalizado VII Congreso del Partido Comunista, refiriéndose al cuentapropismo, que hay que “fortalecer, con sentido renovador, la atención y la labor político ideológica del Partido, la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), la CTC (Central de Trabajadores de Cuba) y de las instituciones correspondientes, hacia los trabajadores de las diferentes formas de gestión no estatal, para promover el colectivismo y la solidaridad, fomentar conductas que se correspondan con los valores éticos y morales propios del socialismo”.

“Mira, periodista”, dijo la mujer, “los trabajadores del sector privado son los que están solucionándole la vida al cubano. La economía de las familias cubanas la resuelve la gente que está en el ‘Yuma’ (Estados Unidos). Si no fuera por mi hermana, que me manda dinero todos los meses, no hubiera podido reparar mi casa. Entonces, chico, si quieren colectivismo y solidaridad que se la pidan a Venezuela y si no que dejen vivir –o mal vivir–, y que se metan la lengua ahí… Sí, ahí mismo, donde no le dé el sol”.

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