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Pies secos, pies mojados, un faro y un puente de siete millas

American Shoal Ligh (Lighthouse Friends)
American Shoal Ligh (Lighthouse Friends)
 
Puente de las Siete millas. (Wikimedia Commons)
Puente de las Siete millas. (Wikimedia Commons)

Si un puente es territorio norteamericano, un faro también lo es.  Es lógica, derivada del precedente judicial, base de la jurisprudencia en los Estados Unidos.

Los inmigrantes cubanos que se subieron en el American Shoal Light, faro y estructura situado frente a las costas del Sugarloaf Key, pertenecientes a los Cayos de la Florida, deberían, si nos atenemos a derecho, permanecer en los Estados Unidos en virtud de la política de Pies secos, pies mojados.

La historia de los balseros del Puente de las siete millas, también conocido como Old 7, aunque tuvo un final feliz, fue difícil para los inmigrantes que en el 2006 decidieron subirse a los soportes de hormigón del puente pensando que habían logrado su objetivo de pisar territorio estadounidense.  Un juez, en aquel entonces, decidió que esas estructuras soporte no constituían tierra firme y se consideró que los balseros eran “pies mojados” y fueron devueltos a Cuba apenas una semana después.

En ese momento, Mercedes Hernández, balsera que había llegado a Miami en 1992 y tenía a su sobrina en el grupo, según cuenta la BBC, inició junto a otros cubanos del exilio una campaña que incluyó una demanda contra el gobierno y las autoridades de migración, así como visitas a políticos y hasta huelgas de hambre.

“Hicieron una injusticia con ellos diciendo que el puente de las 7 millas no es parte de EE.UU., cuando la Estatua de la Libertad que está en medio del mar sí lo es”

Hernández consiguió alcanzar un acuerdo para que 14 de los 15 que habían llegado al puente obtuvieran un visado: “Quito la demanda y no pasaron ni siete días para que le dieran la visa a 14 porque el otro había mentido”.

Fue el juez federal Federico Moreno quien ordeno que los cubanos recibieran visas en La Habana para poder retornar a Estados Unidos.

Pero nunca les dieron permiso para salir de Cuba y, tras meses de espera, decidieron volver a lanzarse al mar. En su segundo intento, sí lo consiguieron, y llegaron a tierras estadounidense en una lancha en la que casi todos los “balseros” ya tenían visa para vivir en el país”.

American Shoal Ligh (Lighthouse Friends)
American Shoal Ligh (Lighthouse Friends)

El sistema judicial norteamericano funciona sobre la base del precedente. En esta forma de derecho, la creación del mismo deriva no solo de la Ley aprobada, sino también de las soluciones que aportan los tribunales. Si es así, los balseros del faro, deberían permanecer en los Estados Unidos.

Es por eso que la decisión del juez Federico Moreno en el 2006 es considerada clave para el caso de los balseros del faro de Sugarloaf Key.

Según un reporte de Wilfredo Cancio para Telemundo, “Un faro americano de un cayo americano es suelo norteamericano, y este grupo está en el derecho de permanecer en Estados Unidos”, dijo el abogado Willy Allen, quien forma parte del equipo legal a cargo del caso de 2006. “No hay dudas de que que estas personas pueden beneficiarse de la regulación de pies secos/pies mojados”.

Sin embargo, un vocero del Servicio Guardacostas dijo esta noche a Telemundo 51 que el grupo podría ser repatriado, pues el faro no es considerado territorio estadounidense.

El abogado William Sánchez, otro de los abogados que ganó el caso del 2006, dijo estar dispuesto a representar a miembros de este grupo y asumir su reclamo legal si son devueltos a la isla.

“Me sentiría muy cómodo representándolos si lo devuelven a Cuba, pues el faro es territorio de Estados Unidos”, añadió Sánchez, que inició esta tarde gestiones antes el Departamento de Justicia para alertar sobre el incidente y prevenir una decisión errónea de las autoridades”.

Ahora mismo el futuro de los cubanos que arriesgaron su vida para legar a tierras de libertad depende de la decisión que tome el Servicio de Guadacostas.  Esperemos que nuestros compatriotas puedan quedarse en los Estados Unidos y no se repita la historia de los balseros del puente de las siete millas.

 

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