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Taibo II y los violentos

Antonio Guiteras (CC)

Antonio Guiteras (CC)

LA HABANA, Cuba.- Desde hace varios  meses, Paco Ignacio Taibo II se encarga de un programa de Telesur llamado “Los nuestros”, que trata sobre figuras históricas de la izquierda latinoamericana. El escritor mexicano siente fascinación por ellos, especialmente por los más violentos. Esos son los suyos.

Hace siete años, con el libro “Tony Guiteras, un hombre guapo” concluyó el ciclo de biografías narrativas sobre las que considera “las tres grandes figuras de la revolución latinoamericana”: Guiteras, Pancho Villa y Che Guevara.

El escritor ha dicho que aquella trilogía lo dejó exhausto. Con tales protagonistas, no es para menos. ¡Tanta sangre, tantos tiros! Y eso que, según ha dicho, gracias a sus mañas en la escritura de la novela negra tiene la ventaja de “poder entrar en la cabeza del asesino”. Entonces, si existió esa compenetración sicológica con los matachines, lo que debe haber agotado a Taibo II es la confusión ideológica. Porque de los tres personajes, de izquierda lo que se dice de izquierda, sólo era el Che Guevara.

El guerrillero argentino, lo mismo en la Sierra Maestra que en el Congo o en Bolivia, cuando dirigía los fusilamientos en la fortaleza de La Cabaña o cuando clamaba por “crear dos, tres, muchos Vietnam” (como si no  bastara con la sangre de uno), actuaba movido por mesiánicas  razones ideológicas. Pancho Villa y Antonio Guiteras serían tan violentos como Guevara, pero  ni remotamente tenían una ideología definida.

No obstante, en el empeño de glorificar a los más exaltados de la violencia revolucionaria latinoamericana del siglo XX, Taibo II los cuenta entre los suyos, a la extrema izquierda.

Como algunos adolescentes, la mayoría de los intelectuales de izquierda sienten devoción  por ciertos tipos duros. Sólo que, generalmente, los matarifes de los chicos son personajes de ficción de las tiras cómicas, el cine o la TV, mientras que los izquierdistas buscan sus tipos duros en la historia. Y si son revolucionarios sicópatas, mejor. Luego, si no se conforman con mencionarlos y llevarlos en la camiseta, hacen películas o escriben libros sobre ellos, como hace Paco Ignacio Taibo II.

Para gentes tan cargadas de odio contra los Estados Unidos como Hebe de Bonafini (la madre de la Plaza de Mayo que brindó por los atentados del 11 de septiembre de 2001) y Paco Ignacio Taibo II, debe resultar conmovedor el hecho latinoamericanamente vindicativo de que las fuerzas de Pancho Villa –con tantos generales como tenía, tantos o más que el ejército de Raúl Castro– hayan atacado el territorio yanqui veintitantos años antes de Pearl Harbor y 84 años antes que los terroristas suicidas de Al Qaeda.

Antonio Guiteras también hace dar brinquitos de felicidad al Taibo II. Veintiún años antes de que Fidel Castro asaltara el Moncada, Guiteras atacó el cuartel de San Luís, logró tomarlo, se retiró a la Sierra Maestra con las armas arrebatadas a los soldados y estuvo alzado hasta que después de la caída del régimen de Machado lo nombraron Secretario de Gobernación. En ese cargo, durante los 100 días que duró el gobierno de Grau, adoptó medidas nacionalistas y desafió abiertamente al gobierno norteamericano, que amenazaba con una intervención militar. Después que Batista derrocó al gobierno de Grau, Guiteras creó la organización terrorista Joven Cuba que empleó profusamente la pistola y el TNT, hasta que lo acribillaron a balazos en la playa de El Morrillo, en 1935.

Guiteras, aunque nacido en Filadelfia, era patológicamente antinorteamericano. Pero a la izquierda sólo se le iba un ojo, y eso porque era bizco. No perdía ocasión de proclamarse anticomunista y, siendo secretario de Gobernación, ordenó al ejército la represión contra los comunistas asistentes al entierro de las cenizas de Julio Antonio Mella.

Paco Ignacio Taibo II ha dicho que hombres como Guiteras deben ser conocidos porque “alumbran el alma”. Pero se equivoca el escritor si supone que muchos niños y adolescentes cubanos saben de Guiteras: probablemente muy pocos sepan quién fue. Tal vez tengan una vaga idea, y piensen que escuchó las clases de José Martí sentado en un pupitre al lado de Fidel Castro, y que luego, junto al Che, combatió a las tropas del imperio norteamericano en la Sierra Maestra.

En Cuba, los pequeños, si acaso, conocen malamente a Martí; y al Che Guevara, porque cada día antes de entrar a clases los hacen repetir  “pioneros por el comunismo, seremos como el Che”.

En la pasada década, Fidel Castro agravió al gobierno de México cuando afirmó que los niños mexicanos sabían más del Pato Donald que de los próceres patrios. Para que eso no pasara en Cuba, Donald, Tío Rico McPato, Porky y Pluto fueron sustituidos por los muñequitos rusos. No obstante, hoy los niños y adolescentes cubanos saben más de marcas de ropa, personajes de Hollywood y reguetoneros que de personajes históricos.

Las simplificaciones de la historia y el exceso de adoctrinamiento suelen tener efectos contrarios a los deseados. Paco Ignacio Taibo II, en alguna de sus visitas a Cuba, podrá comprobarlo. Bastará con que converse con los hijos y los nietos de los que se suponía que serían el hombre nuevo…

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