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Nadie deja la casa a menos que la casa sea la boca de un tiburón

Delante, la esperanza, detrás; la boca del tiburón (foto: La Opinión)

Delante, la esperanza, detrás; la boca del tiburón (foto: La Opinión)

LA HABANA, Cuba.- “Niña, ¿te enteraste?” Así chilló, sin ningún recato, una jovencita a la amiga que estaba llegando y que respondió levantando los hombros. La primera se decidió nuevamente por los gritos: “Mija, tu siempre estás en lo mismo. ¿Dónde estabas ‘metía’?” Porque suelo ser curioso, me detuve en la acera, justo a la altura de la escuela Secundaria Básica José Martí, en la calzada del Cerro, donde estudian las dos jovencitas.

Allí me enteré de la noticia. Rihanna estaba otra vez en el candelero, pero esta vez no se trataba de las fotos que le hicieron en La Habana para la revista Vanity Fair y mucho menos tenía que ver con su paso por la alfombra roja, en la última entrega de los Premios Billboard, con un vestido de “masculinas apariencias”. La causa de que en La Habana se hablara con tantísimo entusiasmo de la cantante de origen barbadense no era otra que su decisión de apoyar económicamente a estudiantes cubanos que quisieran estudiar en los Estados Unidos.

“¿Estudiar en los Estados Unidos?”, volvió a preguntar la despistada, y yo entendí, por el tono de su duda, que aquella colegiala estaba dispuesta a hacer el viaje aunque parecía que no le gustaban mucho los estudios. Más seguro quedé después, cuando se enteró del montó de la ayuda, la que podía fluctuar entre los cinco mil y los cincuenta mil dólares. Atontada y con los ojos muy abiertos, quedó en silencio unos instantes, lo que hizo creer a su amiga que no creía nada. “¿No me crees? Te juro por mi madre que es verdad. Lo dijeron en el noticiero de Telemundo 51”.

En La Habana son muchos los que creen que la única manera de estar informados de cuanto ocurre en la ciudad, en el país, es mirando los noticieros producidos en cualquier lugar que no sea Cuba. No es por gusto que cubanos muy humildes hacen ahorros para pagar cada semana los sesenta pesos cubanos que cuesta la dichosa “antena” que les permite ver los noticieros, las telenovelas, y hasta el Caso Cerrado de la doctora Polo.

Por esa vía conocen las noticias que ocurren en el país y que la prensa oficial secuestra, de lo que pasa en el mundo se enteran en los noticiarios nacionales. Los habaneros quedan muy atentos ante los comerciales, y se estremecen las mujeres cuando descubren las rebajas de las sandalias en Payless, y las abuelas sueñan con las batas de casas que se venden en Valsan. Gracias a ese cablecito los cubanos se enteran de lo que cuesta en Miami un pantalón, un celular, una pizza, un auto, la carne de vaca, el pollo…

Los cubanos pagan para estar al tanto de lo que se pierden, y comparan precios, y cotejan el precio del pollo que venden en Sedano’s, con lo que cuesta aquí después de las rebajas, y siempre se incomodan. Para todo eso sirve el cablecito, pero los jóvenes esperan mucho más, ellos sueñan que mirando los noticieros de Telemundo 51 descubran otra manera de escapar de la isla, como esta vez.

Y aunque la noticia viniera del norte, nada dijo el Granma ni Juventud Rebelde. Ni siquiera el sitio digital Cubadebate, al que algunas veces le dan permiso, se atrevió a hacer la más mínima alusión a la ayuda que ofrecerá Rihanna. Los mismos medios que hace unos meses comentaron de su estancia en Cuba, quedaron ahora calladitos, pero tal silencio no significaba aprobación.

Confieso que estuve esperando la respuesta airada. Creí que la prensa oficial saldría al ruedo mostrándose ofendida con tamaño atrevimiento. Los supuse haciendo otra vez las mismas alabanzas de siempre, esas que aseguran que no hay mejor educación en el mundo que la que ofrece el gobierno revolucionario en la isla, aunque no sea cierto. Esperé el recuento de las universidades, incluyendo a aquellas que se levantan en perdidos municipios de nuestra geografía, y en las que no resulta complicado comprar un título por un poquito de dinero.

Pude imaginar al periodista Elías Argudín, aquel que fuera tan irrespetuoso con el presidente Obama, recordándole a Rihanna que ella no era más que una negra barbadense, y también asegurando que la voz de la cantante sería más potente y educada si hubiera tenido la grandísima suerte de estudiar música en el conservatorio Amadeo Roldán o en el Instituto Superior de Arte, pero Argudín esta vez también se quedó callado.

Resulta que hablar del asunto, aunque sea para cuestionar sus “verdaderas intenciones”, significa, al menos para el discurso oficial, promocionar el “desatino”. Nada resultaba mejor que el silencio para evitar revuelos, y mucho más ahora que Panamá cerró sus fronteras a los cubanos que sueñan con hacer la travesía que los lleva por Centroamérica y México hasta llegar a los Estados Unidos.

El gobierno sabe muy bien que los cubanos están dispuestos a correr cualquier riesgo con tal de salir de la isla, aunque ahora algunas puertas se vayan cerrando. Nicaragua se negó desde el principio a acoger en su territorio a los desertores del comunismo. Costa Rica los acogió y ofreció protección, propuso negociar, pero el costo fue muy alto y también se retiraron, y con ello se fue cerrando el círculo, justo en el instante en que el Ecuador comenzó a hacer deportaciones…

A pesar de todo los cubanos insisten, buscan otras salidas, así fue siempre. Ya conocemos de la Operación Peter Pan, y sabemos de Boca de Camarioca, y de Mariel, y nos enteramos del secuestro de aquella lancha y del fusilamiento de sus secuestradores, pero a pesar de todo siguieron las huidas. Algunas veces escuchamos muy bajito de quienes consiguieron llegar en el tren de aterrizaje de un avión y también de los que no lo consiguieron, y tuvimos noticias de los muchos que se escurrieron en una balsa muy pedestre, y de los que fueron interceptados y devueltos, y también de los que no llegaron ni fueron interceptados ni devueltos porque se hundieron en las profundidades del océano.

Los cubanos sabemos muy bien de esas evasiones, y tenemos la certeza de que cada vez aparecerá una nueva vía de escape. Mañana, el desertor puede ser un pelotero, y después un médico y mas tarde un artista, como tantas veces. Cualquier día, de esos que están por venir, otra madre en un pueblecito perdido en esta isla recibirá una carta en la que su hijo le cuenta que está en Italia, que se casó con una mujer bellísima y con muchísimo dinero, aunque la verdad sea que el matrimonio fue concertado con un viejo de setenta años y de bolsillos no tan indigentes como los suyos.

Los cubanos creen que en cualquier momento aparecerá otra vía de escape para no seguir viviendo en la miseria. Y aunque la prensa oficial no diga nada de los proyectos de Rihanna, yo tengo la certeza de que muchos cubanos jóvenes se enteraron ya por aquel noticiero de Telemundo 51, y hasta deben estar planeando optar por alguna beca en Estados Unidos, para que luego la cantante de origen barbadense les preste ayuda. Así seguirá siendo por un largo rato, porque como dicen unos versos de Warsan Shire que ahora entona Beyonce: “Nadie pone a sus hijos en un bote a menos que el agua sea mas segura que la tierra”. Esos versos parecen escritos por algún cubano, como estos otros: “Nadie deja la casa a menos que la casa sea la boca de un tiburón”.

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