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La elegancia desnuda de La Habana

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Para ser el paraíso de sol y mar que es –según las marcas hoteleras–, Cuba tiene muy poca cultura nudista en sus playas. Tampoco hay registro de manifestación alguna donde la gente se haya desnudado, ni siquiera en la Marcha del Orgullo Gay, donde la exhibición del cuerpo es casi una condición sine qua non en otros lugares del mundo.

En la 11na Bienal de La Habana, Manuel Mendive realizaba una intervención con mujeres y hombres desnudos en la calle, pero tomó la precaución de pintar sus cuerpos de manera que parecían apenas vestidos con algo ceñido. “¡Ahora eso es arte!”, lanzó en tono irónico un hombre de no más de 30 años cerca de donde ocurría la performance.

En Cuba el característico desenfado para el ejercicio de la sexualidad contrasta con un notable recelo ante la exposición del cuerpo, aun en el arte. La fotografía, como la pintura, tiene un largo camino recorrido junto al desnudo; pero en la Isla se diría que existen acotaciones definidas, tácitos acuerdos sobre los límites. Uno de los más marcados sería el que restringe la relación desnudo – espacio público.

Interesado en presionar esta frontera, el fotógrafo Gabriel Guerra Bianchini propone “Mi Habana Elegante”, un proyecto de fotografía y performance entre una bailarina (Gabriela Burdsall), un escritor (Rogelio Orizondo) y un fotógrafo (Gabriel Guerra Bianchini).

“Se pretende destacar la presencia del artista desnudo en las calles de La Habana. El punto de partida: Julián del Casal, su poesía y su distinción como artista en el siglo XIX. La elegancia de la presencia. La desnudez de la obra”, cuenta Guerra Bianchini.

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¿Por qué eliges el desnudo en espacios abiertos, teniendo en cuenta que en Cuba es un tabú?

Precisamente por ello. Que es un tabú, o ignorancia –inocente claro está–. No juzgo que a muchos presenciar un desnudo les corte el aliento. Ocurre en muchos países, ya que es un problema más humano que regional. Pero desaprovechar la oportunidad de descubrir un terreno oculto por el miedo y el pudor sería seguir siendo participe de ello. El cuerpo humano es un universo infinito, como lo es el amor o la belleza. ¿Acaso no lo es también nuestra Habana?

¿Cómo interpretas desde la fotografía la desnudez en el espacio público?

Una poesía visual. Algo tan delicado. Me gusta La Habana nocturna con sus luces imperfectas, que lucen para el lente como un escenario casi preparado para la ocasión. Si te pones a pensar en cuántos ambientes distintos puedes buscar en un espacio público, dejas de centrarte solamente en el cuerpo humano, como lo harías en un estudio, y enfocas tu atención en dos protagonistas: el lugar y el cuerpo.

¿En qué circunstancias hacen las fotografías?

Tratamos de trabajar en horas en que no haya mucha afluencia de personas. Intentamos que quien nos vea, sienta que respetamos su espacio también. Pues nuestro fin siempre es conseguir la foto y no causar un problema. Hemos trabajado entre las tres y las seis de la mañana en lugares muy públicos. Y también a plena luz del día en lugares un poquito menos concurridos. Creo que en todas las ocasiones nos han visto, no pasa nada, somos conscientes de ello. Pero se nos ha respetado mucho, y eso nos dio más seguridad.

En algunos lugares hemos tenido que acercarnos a la policía y explicarles el proyecto. Hasta ahora todos nos han dicho que sí, incluso con rostro de curiosidad. Además hicimos un equipo perfecto para poder llevar a cabo estas fotos. Gabi siempre dispuesta, Rogelio, escritor, que es el motor que nos empuja y yo que le inyecté la motivación a ambos.

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¿Qué te inspiró?

Hace unos 5 años vi el trabajo de un fotógrafo español que hizo una serie de desnudos en el Hotel Palace de Madrid. Me gustó como mezcló a la modelo con el lugar, si bien era mi estilo, pues él trabaja con modelos “perfectas” y busca la foto técnicamente perfecta.

Hace unos tres años comencé a imaginarme fotos de desnudos en La Habana. Me encantaba todo lo que se podía hacer, pero no me involucré desde un principio. Le di largas convenciéndome de que era imposible llevarlo a cabo. Pero hace dos años cuando regresé a residir en esta ciudad, me di cuenta de que para nada era imposible. Al contrario, era necesario hacerlo.

¿Habrá otras series? ¿Cuál es el destino que proponen para el proyecto?

El proyecto apenas comienza. De hecho sentimos como si hubiéramos abierto un baúl antiguo, con la curiosidad que produce lo nuevo. Muchos lugares pendientes, algunos comprometidos y otros menos. Pensamos incluso en varios artistas que nos gustaría tener como invitados. Queremos sensibilizar el tema del desnudo y realzar la belleza de una ciudad. Mostrar como al final, puede existir un balance hermoso y delicado entre ambas cosas.

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¿Además de la comunidad de Facebook, el proyecto tiene alguna plataforma?

Está la página en Facebook, que es donde primero queríamos publicarlo. Y ahora estamos también en Instagram. En un futuro queremos hacer una exposición y performance. Y quién sabe si algún día un libro.

¿Cuál es la elegancia del desnudo? ¿Cuál la de esta ciudad?

El desnudo tiene algo que conecta con el instinto humano. Habla mucho y siempre es sincero. Tiene que ver con la libertad, las raíces y el presente. Sin olvidar que tiene también de tacto y de caricias. Y La Habana tiene algo también que conecta con el instinto. Pues nadie puede negar que es una ardua tarea describir lo que se siente por ella. ¿Quién no siente elegante aquello que considera único?

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Publicado originalmente en Martí Noticias 

Written by OnCuba Magazine

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