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La burocracia obliga a empezar la fabricación de los tractores ‘cubanos’ en EEUU

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Horace Clemmons y Saul Berenthal ensamblarían en Mariel su versión "Oggún" de este senciillo Allis-Chalmers G de los años 40.
Los tractores de Saul Berenthal

La poca celeridad en los procesos legales para la apertura de una nueva empresa en Cuba obliga a los inversionista a mirar hacia EE.UU. para poder producir y vender tractores Oggún a los agricultores cubanos.  La comercialización inicial tampoco podrá hacerse en la Isla, de manera que las máquinas (cuyo precio rondará los 8.000 o 10.000 dólares) se pondrán a la venta dentro de tres meses en Estados Unidos.

El empresario Saúl Berenthal, representante de esto proyecto explicó que preveían tener la producción en marcha en la Isla antes, pero el proceso burocrático, “por parte de los dos países”, está resultando muy minucioso, según él, a causa de las regulaciones del embargo.

“Hay burocracia tanto en Estados Unidos como en Cuba —destaca Berenthal—, por lo que hay que comprender, saber sobrellevar y adaptarse a la cultura comercial cubana; en la Isla la burocracia es más formal que en Estados Unidos, donde está más acostumbrada a estar al servicio de los negocios y de los emprendedores; en la Isla, en cambio, las agencias están más dirigidas a llevar a cabo el proceso y no necesariamente a prestar servicio al emprendedor”.

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El proyecto de los tractores está ahora a la espera de obtener permisos tanto por parte de Estados Unidos, donde se explora la manera para exportar las máquinas, como por parte de La Habana, que analiza la información referente a la planta que debe construirse en el Mariel. Son varias las instituciones de deben dictaminar si se cumplen los requisitos de acuerdo con lo establecido por las leyes locales.

“A medida que se van viendo los detalles, hay que ir verificando que lo que se hace cumple con las regulaciones, un proceso que se complica por el embargo y porque las nuevas regulaciones son recientes y todavía no hay interpretación de las normas”, señaló Berenthal.

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Un equipo de abogados en Cuba y otro en Estados Unidos trabajan en los detalles administrativos del proyecto. El Gobierno de la Isla y el de Estados Unidos están haciendo “un escrutinio muy intenso del proceso para que todos los detalles se lleven a cabo correctamente”.

En cuanto al ZED del Mariel, la empresa querría haber avanzado en la contratación de personal, pero no ha sido posible por la falta de permisos previos. Berenthal afirma que las nuevas regulaciones han resuelto el problema de la contratación de empleados a través de las agencias estatales del Gobierno cubano.

La compañía estadounidense deberá comunicar al Gobierno cubano los requisitos de los trabajadores que necesita y este le ofrecerá una serie de candidatos.

“Si conocemos a alguien que no está en esos expedientes del Gobierno, pero que estamos interesados en que trabaje con nosotros, lo podemos llevar a la agencia estatal para que sea incluido”, explica Berenthal.

El empresario considera que de esta forma la compañía ya participa activamente en la selección del personal, al que esperan estimular con el pago de incentivos a la producción y la calidad, suma que no entrará dentro del salario que perciban del Estado.

En la planta cubana habrá como mínimo un supervisor permanente de Estados Unidos, de perfil técnico, y un director de planta cubano, que hará de puente entre la matriz de la compañía en Estados Unidos y la planta en la Isla.

Preguntado sobre la posibilidad de que la lentitud que impone la burocracia abra oprtunidades a competidores de países como China o India, Berenthal comentó que, en un “marco de economía libre”, el Gobierno cubano puede aceptar otros proyectos, pero dijo que el suyo tiene una ventaja que no tienen otros y es el diseño de los tractores con el sistema de fuentes abiertas.

“El tractor está diseñado para que pueda utilizarse con componentes de diferentes proveedores del mercado mundial, el usuario no está obligado a comprar piezas de repuesto del fabricante; esto ofrece a Cuba la oportunidad de ser autosuficiente”, explicó Berenthal.

Según un estudio de mercado que ha hecho la compañía, en Cuba existen hasta 300.000 agricultores —aunque datos del Gobierno elevan la cantidad a 500.000— y se espera que haya más en el futuro si sigue el proceso de entrega de tierras por parte del Estado.

La necesidad de aumentar la producción agrícola debido al auge del turismo multiplica la necesidad de la Isla de dotarse con más tecnología para el cultivo, remarca Berenthal: “Hoy en Cuba hay 62.000 tractores, muchos de los cuales son de los años 1940 y 1950, de 26 marcas diferentes, debido a la dificultad de mantenerlos en funcionamiento desaparecen unos 500 y 600 cada año”.

Sobre el poder adquisitivo de sus clientes potenciales, Berenthal habla de la posibilidad de que el Estado cubano financie la compra de la maquinaria, pero también que los agricultores reciban el apoyo de familiares en el exterior, que puedan hacer la inversión.

Otra posibilidad, señaló el empresario, es que hoteles, restaurantes y resorts, que necesitan la producción para sus establecimientos, paguen la maquinaria a los agricultores a cambio de la mercancía que precisan para sus negocios.

Resolver problemas de logística

El empresario estadounidense cree que la Isla podrá aprovechar el auge del turismo pero tiene que resolver a corto plazo temas importantes de logística. “Políticamente tienen que hacer el salto a la creación de mercados al por mayor, bien legalizados”.

“Un gran impedimento —comentó Berenthal— es la falta de habilidad en el uso de tecnología para la productividad, pero también la necesidad de una logística para que la producción del agricultor llegue a un lugar donde pueda venderse”.

La propuesta de la compañía para la Isla incluye también la fabricación de camiones ligeros para transportar la producción a los mercados.

Además de los tractores, la compañía ampliaría en el futuro su ámbito de interés hacia la construcción con la comercialización de maquinaria de construcción ligera.

En cuanto al futuro de su proyecto, Berenthal afirmó que no teme que la llegada de un presidente republicano a la Casa Blanca vaya a representar un giro en la actual política de Washington hacia el régimen de La Habana. “Nunca mi socio y yo hemos dejado que el miedo nos haga dejar de hacer lo que creemos que debemos hacer”.

Según su punto de vista, será “un poco difícil dar marcha atrás a lo que ya está hecho” y además, agrega, “cualquiera que sea el nuevo presidente de Estados Unidos, no creo que pueda justificar más el embargo, porque no tiene justificación económica —no da beneficio ni a Cuba ni a Estados Unidos—; ni política —porque hay más gente que pide que se quite—, y finalmente no tiene justificación moral”.

Cuestionado sobre si sus negociaciones con el régimen hacen que tenga que mantener en silencio sus opiniones políticas, Berenthal afirmó: “No estoy censurado, pero sí que me autocensuro porque no hablo de política. Creo además que la cooperación y el acercamiento entre los dos pueblos es más eficaz bajo el comercio del beneficio mutuo que por la política”.

Con informacion de: Diario de Cuba

Written by @diariodecuba

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