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El Rey Sin Corona y los reyes decapitados sin ruido por la guillotina seca

432_un-rey-sin-coronaCuba está lamentablemente sucia. Entonces, para hablar literariamente de Cuba y mantener una fidelidad a la realidad triste y sucia que se reflejará, no hay más alternativa que ensuciarse un poco el alma. Son estos los términos impuestos por una realidad que arde y el producto artístico difícilmente podrá salir más limpio que el modelo reflejado.

Hablamos de realismo sucio o la única forma de lidiar con la realidad cubana en el presente.

Frank Correa nos hace entrega de su novela “Un rey sin corona”, que cualquiera puede bajar de Freeditorial y aun desde el realismo sucio que impone la realidad en que vive, se percibe aquel aliento hemingweyano de que el hombre no nació para la derrota y de que, “…un hombre puede ser derrotado pero nunca vencido”.

La presentación hecha de la filosofía de la hermana de Macfarlane, podría dar la medida de este aliento y podría ser una receta para lidiar con la suciedad de este medio. Así, la Rosita de Correa recomienda con fuerza y emoción, “… Insolencia contra el rey enemigo. El aplomo para sacrificar piezas y obtener posiciones. La confianza total en la victoria y en sus leales, sin importar jerarquías. Solo disposición a morir por ganar la partida”.

¿Nos habrá dado Correa sin quererlo el inicio para la primera parte de un decálogo para la oposición interna real cubana, desde su novela? ¿Habrá alguna analogía entre su rey sin corona decapitado sin ruido por la guillotina seca de su vivir sin otra esperanza que luchar hasta que se seque el Malecón, y otros tantos reyes sin corona decapitados sin ruido en las guillotinas secas y asépticas que trabajan sin pausa a favor o en contra de los buenos, desde dentro y fuera del infierno?

La novela está escrita en el lenguaje directo de las oraciones afirmativas sencillas. Consigue conmover y hacer reflexionar. Como su protagonista, Macfarlane, la novela Un Rey Sin Corona, se aviene a la máxima de, “…jugaba poco, ganaba siempre”.

El ritmo narrativo va de acuerdo con el ritmo que impone la vida y esto sin dudas se constituye en un logro en su narrativa. No se va más allá de lo necesario y no se pierde en disquisiciones filosófico-literarias que le concedan un aval falso con oropeles de experimentaciones formales de buen gusto en primados salones de premiación. Su intertextualidad puede llegar tan llana y directa que aunque esté presente, pasa inadvertida para solo quedar en el aval de la experiencia a través de una lectura fácil y enriquecedora.

Decepcionará sin remedio a los promotores de las metatrancas y son ellos, los que lamentablemente manejan con depurada eficiencia los fríos y eficientes mecanismos de la guillotina seca que cercena u otorga celebridades en nombre del postmodernismo, la deconstrucción de relatos, las nuevas tendencias de la literatura contemporánea o alguna que otra conveniencia.

Pero no todo ha sido negativo para nuestro colega y amigo. En 1991 ganó algunos concursos de cuentos. Ahí están Regino E Boti, Tomas Savignon y Ernest Hemingway. Consiguió que le fuera publicado un libro de cuentos, ‘La elección’ y en el momento de ocurrencia, ciertamente fue algo. Más adelante, publicó su primera novela ‘Pagar para ver’, que publicó Latin Heritage Fundation. Ganó en 2012 el Premio Franz Kafka con la novela ‘Larga es la noche’, publicada por la editorial Fra de la Republica Checa y el Concurso de novelas La Casa por la ventana, organizado por Neo Club Ediciones de Miami, con su novela ‘El Tren’ en formato digital.

Frank Correa llama las cosas por su nombre y no edulcora ni omite realidades. No se evade desde trucadas corrientes ciudadanas de la vida de nosotros. Toda su narrativa y las crónicas que desde hace tiempo publica en este medio, Primavera Digital, como las que escribe para Cubanet, mantienen el aliento realista capaz de reflejar la vida en Cuba tal y como se arrastra en las paredes de esta existencia sucia y deprimente.

El final que dio a su novela podría ser para algunos una alegoría simbólica de los tiempos que hoy se viven. Macfarlane termina en Un Rey Sin Corona, como quizás terminen muchos por acá: “Se fue a su casa, a contarle a Rosita los detalles de su fugaz reinado”.

En la Cuba sucia que vivimos y hasta fuera de ella, todos los reinados dependen de los fríos y eficientes mecanismos de la guillotina seca, dispuestos en cómodos y climatizados espacios y siempre listos para decapitaciones de trascendentes e intrascendentes reyes sin corona.
[email protected]; Juan González

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