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Una carta para Maduro

En Venezuela las cosas no andan muy bien debido a la propaganda enemiga” escuché hace poco de un dirigente fundamentalista. Este “compañero” se ha hecho eco de quienes afirman que la crisis económico-político-social en la patria de Bolívar, es el resultado del potencial difusivo imperialista. Ni siquiera fue capaz de tener en cuenta, a la hora de pronunciar esa barbaridad, que Telesur es la voz parcializada del Socialismo del siglo XXI que hace llegar sus transmisiones hasta el confín de América Latina.

Para los cubanos, con el oído acostumbrado a escuchar desde hace medio siglo una de las más extraordinarias propagandas oficialistas de la era moderna, esta emisora regional que desde Venezuela ofrece las noticias con cierto margen de objetividad opositora, es como escuchar las palabras del Espíritu Santo. Y hay una razón muy poderosa en eso: Telesur fue creada para enfrentar el empuje antagónico en países donde la libertad de pensamiento y expresión es respetada; una información “a lo cubano” desmontaría de inmediato la credibilidad de aquellas comunidades donde se puede escuchar libremente la opinión adversa.

Cierto es que hay quienes nacen para pensar y quienes nacen para que piensen por ellos. Imaginar qué es lo mejor, discurrir sus pros y sus contras, profundizar en la mirada que sea capaz de vislumbrar el futuro como individuo y comunidad, son ideas que agregan un peso adicional a las neuronas, más cuando el análisis individual de cada ciudadano en el mundo es tan diverso como las arenas del mar. Esa diversidad es el talón de Aquiles de las democracias, pero a la vez es el motor impulsor, cuando saben manejarse, del desarrollo ulterior de los pueblos.

Europa del Este demoró siete décadas en comprender lo disfuncional del comunismo. No obstante la censura e implementación de partidos únicos, llegó el momento en que sus naciones despertaron y decidieron un cambio de ruta. Esos países hoy reconocen que el capitalismo no es ni perfecto ni justo, pero ante la opción de volver atrás, aceptan que hasta el momento no se ha descubierto nada que lo supere a la hora de crear el desarrollo, y lo prefieren. Por eso los rezagados del fiasco político marxista, basado en la supuesta igualdad que enmascara las ideas dictatoriales más rancias apoyadas en la burocracia estatal, inventaron un novedoso calificativo: “Socialismo del siglo XXI

Y el Socialismo del Siglo XXI ha resultado ser –con apenas tres lustros de vida–una ficción chavista, intencionada a borrar de la mentalidad de los ingenuos el viejo sistema fracasado del comunismo europeo, pero que conserva sus esencias y subsiste en Cuba, con ramificaciones un poco menos radicales en algunos gobiernos proclives a él en América Latina.

No han sido necesarios los setenta y dos años sufridos por Europa del Este para que nuestro continente despierte del embrujo, pues no son las expediciones misioneras y las campañas “Yo sí puedo” y “Operación milagro” quienes llevan la prosperidad a los países del tercer mundo. Estas son campañas loables, es cierto; sobre todo cuando se tiene en cuenta que los gobiernos anteriores no supieron llevarlas a término y se olvidaron de los indígenas y de los pobres. Pero de poco sirve aprender a garabatear el alfabeto y mejorar la ceguera, cuando las condiciones económicas se derrumban y las infraestructuras de siglos se van a bolina por la mala administración de sus riquezas y el populismo burocrático.

El éxito estaría en conjugar los aciertos socialistas con la libertad para escogerlos; o sea: la democracia. Nunca será creíble representar esta democracia negando al pueblo un plebiscito o unas elecciones verdaderas; nadie creerá que una obra es de amor, cuando en cada alocución se amenaza a la ciudadanía que protesta y se le impone el criterio dictatorial.

Venezuela está sentada sobre un barril de pólvora. Hay que orar por Venezuela como alguna vez se hará por Cuba cuando llegue el momento del desenlace. Si estuviera permitido dar un consejo a Nicolás Maduro se le diría:

–Hermano, acepta el revocatorio, porque en él radica la voluntad popular que alguna vez te prefirió como presidente, porque en él está la esencia de la razón. Si es cierto, como tú aseguras, que el pueblo está contigo, votará a favor tuyo y continuarás tu obra con la dignidad de un verdadero líder. Si por el contrario, eligen revocarte, acéptalo como consintieron las presidentas de Argentina y Brasil; toma el ejemplo de José Mujica que, desde la altura de su vejez, disfruta tranquilamente en su modesta estancia, la obra de su vida.

Por Pedro Armando Junco para su columna El Buche del Alcatraz en Cubanos por el Mundo

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