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Prepárate pa’ lo que viene…

Prepárate pa’ lo que viene…
 
Prepárate pa’ lo que viene…
Prepárate pa’ lo que viene…

“¡Lo que viene es lo que viene, así que prepárate!”, me dice un socio que vive y muere cazando la oferta para mantener cierta variedad de productos en su cafetería del barrio.

Y yo le digo que no tiene por qué advertirme, que no soy ciego y lo veo venir también. Además, “lo que viene” es simplemente más de lo mismo, o sea, concretamente menos.

Siempre hay sus excepciones, porque las lluvias de mayo y junio fueron suficientes para garantizar el pleno abastecimiento de mango, y dentro de poco también de anoncillos…Pero para un antifrutas como yo esto no sirve de mucho: más me molesta la cagazón pegajosa que provoca en las calles tanto mango y anoncillo que lo poco que resuelve su presencia.

En Cuba el desabastecimiento es endémico: no tendría por qué sorprender a nadie, pero cuando toca puntos muy sensibles— y sobre todo cuando los toca todos juntos a la vez— es de alarmarse el asunto.

Por Cuba entera no hablo pues pecaría del “mal de los 2 millones”. Esto es pensar que una región es la Isla, y que sus problemas o la falta de ellos son generalizables. Le llamo “mal de los 2 millones” porque como todo el mundo sabe hay un país en La Habana y otro fuera de ahí, habitado por 9 millones de cubanos sin la posibilidad de imaginarse un Wind of Change en el concierto de los Rolling Stones.

Hablaré entonces de la ciudad en que vivo, Camagüey, y de algunos “no hay” que he notado durante la última semana, sabiendo que la lista es muchísimo más extensa.

Pollo y aceite: la “felicidad” por las rebajas pírricas de estos productos duró poco. Hoy se sufre más la escasez. Ayer noche, por ejemplo, sobre las 8:30 pm, se armó tremendo “sal pa’ fuera” en mi barrio porque un servicentro cercano (tienda adjunta a gasolinera) decidió sacar a la venta muslos de pollo a esa hora, y absolutamente nadie creyó que el pollo fuera a durar hasta la mañana siguiente. Y creyeron bien.

Eran los vecinos yendo en masa tras aquel pollo del servi, y ero yo apesadumbrado viendo una escena rupestre de la caza del mamut.

Preservativos: Tan simple como que no hay preservativos en ninguna farmacia de la ciudad. “¿Y por casualidad saben cuándo van a surtir?”, pregunto ciudadanamente, y en cada farmacia me responden que no, sin mirarme al rostro, mientras escriben papelitos que luego encajan en un trozo de palo con un clavo largo saliente. En una, sin embargo, la dependienta me mira y me responde que no sabe cuándo surtirán, pero sabe desde cuándo no surten: más de un mes, y “cuando sacan vuela”.

Solo en una farmacia no se acaban los preservativos: en la de “moneda libremente convertible”, la farmacia cara, donde siempre hay, además, buenas vitaminas y de todo en general. 3 condones cuestan 1.30 CUC, lo cual equivale a cerca de 11 pesos MN por acto sexual seguro: mucho para el bolsillo del cubano,…aunque sería justo aclarar que los condones son de tutifruti, ¿?.

Ventiladores: Mi madre me apremia: “¡corre, que llamaron de la tienda, y ya casi van a cerrar!”, y yo, en las nubes, no entiendo por qué coño hay que correr. “Es que sacaron ventiladores”. Lo que menos uno se imagina puede desaparecerse del mercado de la noche a la mañana, como un infame ventilador, que adquiere importancia vital durante los meses más cálidos.

Pañales desechables: ¿No lo viste en el noticiero, en un reportaje del jovencito este muy valiente que en cualquier momento lo desaparecen? El problema es que calcularon mal la demanda y ya se agotó lo que habían previsto para el trimestre.

Confianza: Una señora me anima a que compre y guarde Dipirona (el analgésico de Cuba), porque dicen que se va a perder. Me cuenta que además ser ha comprado una cocina píker artesanal, por si vuelven los apagones, porque en el último Consejo de Ministros, según ella, dijeron algo sobre el combustible que le sonó raro y preocupante. “¡Ah!, y compra también papel sanitario, jabones, y si puedes detergente…porque dicen que to’ eso se va a perder”.

Una versión de la actualidad nacional dice que quienes administran nuestra miseria colectiva ahora parecen más concentrados en administrar mejor la miseria propia. Puede que por ahí ande la cosa.

¿Qué hay entonces, qué nos queda? Bueno, nadie dirá que falta entusiasmo en las páginas de Granma: allí el verano 2016 llegó por todo lo alto, “sumando alegrías”. Con eso y los mangos basta.

Por Alejandro Rodríguez Rodríguez (Reflexiones Circunspectas)

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3 Comments

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  1. Que triste y cuanto de cierto en lo que dices mi familia vive en Camaguey y esa realidad me parte el alma, porque mi mama tiene Cáncer y mi hermana se desvive por que a ella no le falte lo necesario. Yo nunca entenderé y esto es en el mundo en general , como los hombres pueden explotar ,torturar ,denigrar y dejar que la humanidad perezca por falta de comida,o lo existencial para vivir, cuanto horror en este mundo que nos ha tocado vivir. Solo la fe en dios nos sostiene ante tanto dolor e injusticia. Yo pido de rodillas por todos y sufro y ese sufrimiento me acompaña siempre.Dios les cuide y proteja mucho a todos los que estén viviendo está realidad.

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