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La economía cubana cae en barrena

Raúl Castro y el entonces ministro Marino Murillo. (INFOLATAM)
Raúl Castro y el entonces ministro Marino Murillo. (INFOLATAM)
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Raúl Castro y el entonces ministro Marino Murillo. (INFOLATAM)
Raúl Castro y el entonces ministro Marino Murillo. (INFOLATAM)

El 29 de diciembre de 2015 el presidente cubano expresó ante la Asamblea Nacional del Poder Popular que “a pesar de los impactos de la crisis económica internacional, agravados en nuestro caso por los efectos del bloqueo estadounidense que se mantiene sin cambios, así como las restricciones financieras externas que se han agudizado en el segundo semestre, el PIB este año creció un 4%, lo cual innegablemente es un buen resultado en medio de estas circunstancias”.

Veamos. La caída sufrida por el PIB entre 1989 y 1993 fue de un 34%. Remontar ese descenso requiere de un crecimiento anual sostenido de un 7%. Las medidas implementadas con ese objetivo hasta hoy han fracasado. Entre los años 2011 y 2014 se registró un 2,3%, en 2015 se logró un 4% y el primer semestre del 2016 el PIB cayó al 1%. Según los números no estamos ante un “buen resultado”, sino ante el empeoramiento de una crisis prolongada; algo similar a la caída en barrena de los aviones derribados  en combate.

Culpar al “bloqueo” y a las “restricciones financieras externas” después de las medidas dictadas por la Administración norteamericana carece de fundamento por las siguientes razones:

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  1. Las remesas familiares, que en el año 2011 alcanzaron 2.294 millones de dólares, en 2014 sobrepasaron los 3.130 millones y en 2015 se pronosticaban unos 3.990 millones.
  2. La exportación de servicios técnicos sobrepasó en 2014 los 8.000 millones de dólares.
  3. El turismo en 2015 superó el umbral de los 3.500 millones de dólares y se esperaba un nuevo récord para el 2016
  4. La industria biofarmacéutica le ahorró al país en importaciones más de 1.900 millones de dólares.

En cuanto a los rubros tradicionales, el níquel, primer producto de exportación de Cuba, reporta unos 1.100 millones de dólares anuales; el azúcar, con la zafra 2014-2015 de aproximadamente 1,9 millones de toneladas, pudo arrojar por ventas unos 600 millones de dólares, y por la zafra 2015-2016, que no rebasó los 1,6 millones de toneladas, recibirá unos 150 millones de dólares más que en la anterior. Otros rubros no tienen peso suficiente para explicar la caída del PIB.

En cuanto a las “restricciones financieras externas”, las renegociaciones de la deuda, incluyendo la contraída con el Club de París —que condonó 8.500 millones de dólares de 11.100 millones de dólares—, han creado un ambiente favorable con los acreedores para la reinserción de Cuba en las relaciones económicas internacionales.

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Si las remesas familiares y el turismo han aumentado; si los servicios médicos exportados no han disminuido; si la reducción de ingresos por níquel y azúcar, bien debido a la disminución de sus precios o a la ineficiencia productiva, no pueden explicar el brusco retroceso, entonces el análisis debe incluir al petróleo entre las posibles causas. Según un cable de la agencia Reuters del 8 de julio de  2016, la entrega de crudo a la Isla se redujo de 100.000 a 53.000 barriles diarios. De ser así, como ocurrió en tiempos de la URSS, Cuba podría haber estado exportando una parte, lo que podría explicar la caída en picada del PIB.

Sea una u otra la causa del declive, ¿cuál es el plan para enfrentar la crisis? Según expresó el general Raúl Castro en la Asamblea Nacional el pasado 8 de julio: “Es preciso reducir gastos de todo tipo que no sean imprescindibles, fomentar una cultura del ahorro y de aprovechamiento eficiente de los recursos disponibles, concentrar las inversiones en las actividades que generen impresos por exportaciones, sustituyen importaciones y respaldan el fortalecimiento de las infraestructuras, asegurando la sostenibilidad de la generación eléctrica y un mejor uso de los portadores energéticos. Se trata, en síntesis, de no detener, en lo más mínimo, los programas que garantizan el desarrollo de la nación”.

Reducir gastos, fomentar una cultura del ahorro, concentrar las inversiones en actividades que generen ingresos, sustituir importaciones, etc., son medidas anunciadas años tras años y fracasadas año tras años. ¿Qué es lo novedoso del plan si todos esos propósitos han fracasado una y otra vez?

Repetirlas, de espaldas a las verdaderas causas, demuestra la incapacidad y la ausencia de voluntad política en un escenario en el que es imposible retrotraer las pequeñas reformas introducidas, romper nuevamente las relaciones con EEUU, encontrar un nuevo padrino o detener la toma de conciencia de los cubanos acerca de las verdaderas causas de los males.

Por su parte, el entonces ministro de Economía y Planificación, Marino Murillo Jorge, planteó, entre otras, las siguientes cinco medidas:

  1. “Si el problema que tenemos es de capacidad de liquidez, lo primero que hay que hacer es restringir los pagos en divisas del país… administrar con mucho cuidado la toma de créditos, para hacer manejable el endeudamiento futuro del país… y ajustar el consumo de los portadores energético…”
  2. “Como se caen los niveles de actividad, el salario en el sistema empresarial se ajustará a los niveles productivos… En el sistema empresarial se estima un salario medio menor que lo que previmos en el plan…”
  3. “Con la divisa que tenemos lo que hay que respaldar es la materia prima para la actividad principal, o el gasto que lleva la actividad principal en cada lugar… porque la cantidad de divisas que les vamos a dar a los organismos no es ni mucho menos lo que estaba previsto en el plan…”
  4. “Habrá que trabajar en ir buscando soluciones de financiamiento a mediano y largo plazos y definitivamente abandonar el principio de hacer inversiones con el corto plazo, porque entonces el pago de deuda es muy rápido y no se paga la deuda con el rendimiento de la inversión.”
  5. “Ahora, si usted baja los precios y el salario tiene más capacidad de compra, eso se revierte en que las cantidades físicas que se venden son mayores, y para respaldar esas capacidades de compra ha habido que comprar adicionalmente 25.000 toneladas de arroz, 32.000 de chícharos, 82.000 de pollo, aceite 36.000 y de leche en polvo 3.800.”

La disminución de importaciones para no generar nuevas deudas se reflejará en nuevas disminuciones de la producción. El salario medio, cuya insuficiencia respecto al costo de la vida es una pronunciada anomalía del modelo cubano, sufrirá un nuevo descenso, que se reflejara en menos producción, más corrupción y más actividades delictivas. La reducción de la cantidad de divisas que recibirán los organismos no se puede aprovechar en el mercado mundial porque la ineficiencia productiva obliga a usar esos ahorros para comprar lo que somos incapaces de producir.

Aunque Raúl Castro planteó que se está cumpliendo con los pagos, las palabras de Murillo denotan dificultades para honrar los compromisos contraídos con los deudores después de la renegociación. La ligera rebaja de los precios dirigida a darle mayor capacidad de compra al peso cubano, sin respaldo productivo, obliga a importar más, cuando uno de los problemas es la falta de solvencia. En fin, cinco contradicciones insalvables que apuntan al derrumbe definitivo del modelo.

Como las causas no son  externas ni coyunturales, sino internas y permanentes, el  análisis tiene que tomar otro derrotero.

En julio de 2007, el general Raúl Castro reconoció las deficiencias, errores y actitudes burocráticas o indolentes reflejadas en los campos infectados de marabú y planteó que el precio creciente de los alimentos en el mercado internacional obligaba a producirlos en Cuba. En 2008, planteó enfáticamente: “¡Hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir!”, y expresó que la producción de alimentos constituía “un asunto de máxima seguridad nacional”. Sin embargo, las reformas nacieron subordinadas al predominio de la propiedad estatal, la planificación socialista, el otorgamiento a empresarios extranjeros de derechos que se niegan a los cubanos y los llamados ideológicos: cuatro de los agentes culpables del fracaso.

En marzo de 2012, Marino Murillo Jorge dijo que el Ministerio de la Agricultura “presenta un estado económico-financiero desfavorable por varios años, el cual influye negativamente en la gestión empresarial”, y demostró que habían sido insuficientes las acciones y medidas adoptadas hasta la fecha para revertirlo. Y en mayo de 2013 expresó: “Las medidas que durante décadas se han puesto en práctica en la forma de gestionar la tierra, no han conducido al necesario aumento de la producción”.

La experiencia práctica y la ciencia económica han demostrado que el ser humano se mueve hacia determinados fines en dependencia de sus intereses. La pérdida de la autonomía —que es a la economía lo que el oxígeno a los cuerpos vivos— conjuntamente con el estatismo, el voluntarismo, los métodos de ordeno y mando, la planificación centralizada, la incapacidad de jefes y administradores y la merma del interés de los productores, conforman la ineficiencia que caracteriza a la economía cubana y que la ha conducido a lo que parece ser su última etapa.

Del 1% nos encaminamos al 0%, para iniciar la etapa de crecimiento negativo, que seguramente se denominará “crecimiento especial”.

Publicado en Diario de Cuba

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