
Por José Hugo Fernández. Dado el anormal panorama político de nuestra isla, tal vez no se vea congruente que a un cubano le preocupe la forma en que los ciudadanos de otro país decidan libremente enrumbar sus pasos en materia política.
Sin embargo, confieso que fue mi actitud en los últimos meses, al notar cómo en España iban ascendiendo en vertical los índices de preferencia, primero a favor de Podemos, y luego a favor de la coalición de este partido con Izquierda Unida (IU) bajo el nombre de Unidos Podemos.
En principio, quise que no me interesara el asunto, pues de sobra tenemos con nuestras desgracias nacionales. Luego, ya que no lograba desinteresarme, quise explicarme el motivo. No estoy seguro de haberlo conseguido, pero lo poco que entendí me ha bastado para ir de la preocupación a la pesadumbre, pues creo ver en la situación española de hoy un adelanto de la nuestra en el futuro.
Por suerte (para los españoles en particular, pero no solo), la arremetida de Unidos Podemos naufragó en la orilla. Aunque la amenaza sigue en pie. No debe faltarles razón a quienes insisten en que su ascenso no fue sino una respuesta antisistema de la ciudadanía frente a la ineficacia o incluso ante el proceder corrupto de los partidos tradicionales en España.
Son, digamos, las causantes objetivas, por más difícil que resulte apreciar como objetiva (y no como absurda y desatinada) la respuesta de electores que para corregir una mala elección, optan por otra igual de mala solo porque representa lo contrapuesto.
En cualquier caso, es algo sobre lo que ya se habló mucho, y con razón. Aunque tal vez no menos razón habría para añadir otras causas de carácter más bien subjetivo. Y es justo mediante esas causas donde creí apreciar en la actitud de los españoles de hoy un preocupante atisbo de la de los cubanos del mañana.
La bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura en 2015, se refería hace poco a la nostalgia por la URSS que experimentan ahora muchos jóvenes rusos. No conocieron la era soviética, así que esa peculiar nostalgia se la traspasaron padres y abuelos, quienes son vistos por sus descendientes como derrotados por el actual sistema.
La de esos jóvenes entonces es una nostalgia heredada. Y es muy posible que también se sientan herederos de la necesidad de buscar la revancha política como un modo de reivindicar a sus mayores.
¿Será muy distinta la murria que experimentan muchos jóvenes españoles de hoy ante el reflejo de aquello que le has llegado a través del recuerdo de sus mayores en torno a los días jubilosos y dramáticos para la izquierda republicana de los años treinta. ¿Lo sería la de los cubanos dentro de unos 20 o 30 años?
Desde luego que la melancólica sublimación del pasado tal vez no alcance por sí sola para ganar elecciones (tal como se ha visto en España), pero sí alcanza fácilmente para la pícara manipulación de los nostálgicos, como se ve en la Rusia de Putin, y como se está viendo ahora mismo en Cuba, donde Fidel Castro ha vivido lo suficiente no solo para ser pasado y presente a un mismo tiempo, sino incluso para diseñar la proyección de su sombra nefasta hacia el porvenir.
En el hecho de que todavía el fidelismo permanezca bamboleándose en el inconsciente colectivo como lo que pudo ser y no fue, o incluso como lo que fue y se ha malogrado por sus propias discordancias y por desgaste histórico, podrían radicar las bases de una nueva remontada después de la muerte del líder.
Es algo que el propio Fidel Castro debió prever, puesto que sus discursos, mucho más que su obra, se enfocaron siempre a medida para la trascendencia histórica.
¿Ocurre entonces que los cubanos estamos destinados a sufrir el mantra del fidelismo por muy largo tiempo, no ya mediante la imposición con la fuerza militar y la dictadura política, sino incluso a través de las democráticas urnas electorales?
Hegel quiso enseñarnos que aprender de la realidad histórica proporciona muchos más beneficios que intentar acomodarla a nuestro capricho. Pero lo cierto es que ni los cubanos ni la mayoría de los habitantes de este mundo presuntamente civilizado, demostramos el menor interés por aplicar esa sabia lección.
Publicado originalmente en Diario de Cuba
sera como en todas las democracias actuales, una simulacion