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Vendo pesa digital, en perfecto estado, que no sirve para nada…

Vendo pesa digital, en perfecto estado, que no sirve para nada…
Vendo pesa digital, en perfecto estado, que no sirve para nada…
 
Vendo pesa digital, en perfecto estado, que no sirve para nada…
Vendo pesa digital, en perfecto estado, que no sirve para nada…

En casa tengo una pesa digital, de mano, práctica y bien calibrada. La compré hace poco en un centro comercial de Berlín, ante el mandato de la histeria cubana pre-viaje de regreso, que te hace calcular el peso de cada bulto antes de subir al avión, para que luego, al aterrizar en la Bella, la Aduana tenga menos chance de morderte algo en el impío canal rojo.

Pues bien, tras aterrizar en la Bella— y respirar aliviado a través del canal verde— me encontré con que tenía una pesita digital subutilizada, a la cual se le gastaría la pila si me ponía a esperar el próximo pesaje pre-regreso. Entonces decidí salir con ella a la calle, a la lucha diaria,…a defenderme con bravura de la estafa circundante.

Todo el mundo sabe que en Cuba todo el mundo roba. Lo mismo te roba el gobierno las mejores oportunidades de la juventud apartándote del Internet, que te roban los vendedores de plátanos, cobrándote más por lo que cuesta menos, bien porque valga menos o porque pese menos, o por la dos cosas a la vez. Pero juro que no tenía una idea cuantitativa del asunto, hasta que metí la pesa de mano en mi mochila.

Hay un viejo que vende queso en el barrio. Vender queso es ilegal porque el único autorizado es el Estado, pero el queso del viejo es excelente: tiene los puntos exactos de sal, consistencia y color, de modo que siempre le compro a él.

Lo vende, además, más barato que el Estado. O sea, que todo estaría bien si no fuera porque voy, le compro 3 libras, y compruebo y mi pesa dice que hay 2 y media. Lo emplazo en el acto: “compadre, mira aquí, dice que hay 2 libras y media…”. Y él riposta: “yo peso con mi pesa porque cuando compré, pesé con ella, y tengo que vender por esta; el queso tiene 3 libras, la que debe estar mal es la tuya”.

Entonces tengo dos opciones: retirarme sin queso, pero sabiéndome valiente defensor del derecho al pesaje justo, o llevarme el cabrón queso de 2 libras y media, pagar por 3 e imaginarme que en realidad las tiene.

La primera variante implica pan pelado en el desayuno, y no me baja.

Una tercera opción— que sería mandar al viejo al carajo con queso y todo, y luego pavonearme de haber comprado uno mejor en otra parte— no es viable porque no hay, y si lo hubiera tampoco estaría bien pesado.

Por la tarde, en el agromercado estatal, en el que supuestamente se protege al pueblo del sobreprecio y la especulación, me pasó lo mismo: un melón que según el dependiente tenía 10 libras, en verdad no llegaba a las 8 y media. Y de nuevo mi pesa era la equivocada, y mis opciones fueron pagar por 10 o desayunar refresco instantáneo, que tampoco me baja.

Por cierto, el refresco instantáneo— “Piñata” que se llama—, lo vende el Estado, rebajado de 1 CUC a 0.85 CUC para incrementar el salario real de los cubanos. Pero la bolsa dice que rinde 8 litros, y salve Dios al infeliz que se atreva a echar 8 litros de agua sobre el polvo de un paquete de Piñata… porque el resultado es una mierda tinta que ni es agua ni es refresco.

De la estafa no te salvas ni en las TRD.

En fin, que tengo la pesita digital en casa, subutilizada. Y sostengo mi teoría de que está fielmente calibrada. Si la necesita usted tiene dos opciones: la tomas o la dejas… porque en las TRD no venden pesas.

Por Alejandro Rodríguez Rodríguez, columna Reflexiones Circunspectas para Cubanos por el Mundo

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