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La libertad de prensa murió a punta de pistola

La libertad de prensa en Cuba murió a punta de pistola
La libertad de prensa en Cuba murió a punta de pistola
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La libertad de prensa en Cuba murió a punta de pistola
La libertad de prensa en Cuba murió a punta de pistola / Foto: Referencia

Apuesto a que Fulgencio Batista no había ‘aterrizado’ aún de su salida de La Habana del 31 de diciembre de 1958, cuando entre el 10 de enero de 1959 y el 23 de diciembre de 1960, a punta de pistola, Fidel Castro, amparado en su gobierno de facto, se adueñó de todos los medios masivos de divulgación.

Todo comenzó aquel sábado 10 de enero, cuando a los dos días de llegar a La Habana, visitó inesperadamente en su despacho al dueño y director de la Revista Bohemia, Miguel Angel Quevedo. No se trataba de una visita de cumplido a cualquier director de prensa, puesto que, según Fidel Castro ¨…Quevedo había sido un hombre sensible al juicio de la historia¨, ¨…un amigo, hombre de cuya sensibilidad pública y patriótica tengo en muy alto concepto…¨

La visita tenía otro propósito. Fidel llegaba vestido de militar, con su bien visible pistola al cinto y como guardaespaldas, un intimidante montón de barbudos, portando armas largas. Quería impresionar a Quevedo y a todos los periodistas allí presentes, decirles que a partir de ese mismo día, el jefe de la prensa nacional en Cuba era él y nadie más.

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Dejó constancia y escribió, sin puntos ni comas: ¨A la Revista Bohemia mi primer saludo después de la victoria porque fue nuestro más firme baluarte¨.

Esas palabras no estaban motivadas por un sincero agradecimiento. Fidel ya tenía en mente la idea de darle una patada por el trasero a Quevedo, robarle su Revista Bohemia, ¨el firme baluarte¨, que había utilizado para publicar todos sus escritos.

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Igual que muchos otros propietarios de revistas y periódicos, Quevedo fue un fiel representante de la ética periodística que emana de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Cumplía a cabalidad con ¨el derecho a réplica¨ y con la libertad de opinión en general. De eso se sirvió Fidel y de toda la liberta de la prensa de aquellos años cincuenta.

Sin embargo, desde el 13 de junio de 1959, Quevedo comenzó a ver resquebrajada la libertad de prensa, al ponerse en práctica las ¨coletillas¨, introducidas al pie de los artículos adversos al régimen, publicados en los periódicos, supuestamente redactadas por obreros gráficos, y luego de que Fidel Castro calificara de traidores a quienes criticaran las medidas fundamentales del gobierno.

Durante los cortos años que yo trabajé en la Revista Bohemia como reportera, de 1968 a 1971, comentaban los periodistas Fulvio Fuentes, Mario García del Cueto, Campoamor, Agramonte y hasta el mismo Tony, hermano de Enrique de la Osa, cómo aquel 10 de enero, muy emocionado, a Quevedo se le salieron las lágrimas, cuando vio de pronto a Fidel, como una tromba delante de él, chupándose un tabaco.

Desde ese día -contaban a discreción aquellos viejos colegas-, presintieron que algo iba a suceder, pero no sabían qué.

A los pocos meses, un 15 de julio de 1960, Quevedo reunió a sus más cercanos colaboradores. Se veía nervioso, disgustado. Comenzó explicando que llevaba meses pensando en la decisión que al fin tomaría al día siguiente. No quería salir a tiros de la Revista que su padre había puesto en sus manos muchos años atrás. Dijo adiós a todos y cerró la puerta de su despacho tras de sí.

Al día siguiente, pedía asilo político en la embajada de Venezuela.

Fidel, sin perder tiempo, ansioso por acabar de una vez por todas con la libertad de prensa, el 18 de julio anunció la nacionalización de Bohemia.

Como barajas al viento, en 1959 ya había desaparecido el periódico El País; el 9 de marzo quedaba en manos de Fidel el periódico El Mundo; el 31 de marzo, fueron intervenidas las estaciones de radio y televisión CMQ; el 11 de mayo desaparece El Diario de la Marina, el más antiguo de la Isla y el 16 de mayo es nacionalizado Prensa Libre.

Por estos días, luego de más de medio siglo de una prensa amordazada por el mismo régimen, recordamos a Miguel Angel Quevedo, gran defensor de la libertad de prensa. En su exilio venezolano, decidió poner fin a su vida un 13 de agosto de 1969, cumpleaños de su amigo Fidel, tal vez para que nunca olvide su traición.

Fuente: CubaNet

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