in

#OPINIÓN “Cuba en huelga”

Loading...

Fidel-Batista

Por Tania Díaz Castro. El 26 de diciembre de 1955, en plena dictadura de Batista, Cuba amaneció en huelga. Participaban 500 mil trabajadores azucareros, apoyados por algunos líderes del 26 de julio, del Directorio Revolucionario, del Partido Comunista y otros. A los cuatro días, Batista aprobó los reclamos de los trabajadores y la zafra pudo iniciar sus labores el 1ro de enero de 1956.

De esa forma, su gobierno respetaba y hacía cumplir el Artículo número 71 de la Constitución de la República de Cuba de 1940, donde se adoptaba el derecho de huelga.

Loading...

Los orígenes de este tipo de protesta masiva se remontan a la Revolución francesa de 1789, pero su verdadero auge ocurre con la Revolución industrial y el trabajo asalariado de los siglos XVIII y XIX.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se trata de uno de los medios legítimos fundamentales de que disponen los ciudadanos, específicamente los trabajadores, para sus intereses económicos y sociales.

Loading...

En la Cuba de Fidel Castro, no obstante, debido a la represión de que ha sido objeto cualquier intento de manifestación callejera de protesta, a lo largo de más de medio siglo, se ha prohibido ese derecho esencial de los trabajadores, que conduce a una verdadera libertad sindical.

Nada extraño ha sido que Fidel Castro prohíba ese derecho, como también lo hizo con las elecciones generales, la libertad de prensa, de expresión, etc.

Él, que conoce bien la historia de Cuba, seguramente sabe que durante los años de República fueron varias las huelgas que resultaron positivas para la lucha política, y que fue a través de una huelga general que el dictador Gerardo Machado se vio precisado a abandonar la presidencia, el 12 de agosto de 1933.

En Cuba, la ausencia de ese derecho ha creado condiciones para que una gran parte de la población exprese su malestar, su manera de reclamar libertad, en contra de un gobierno que lleva demasiado tiempo cometiendo errores.

¿De qué forma?

Los órganos represivos lo saben perfectamente, así como el sucesor del dictador nonagenario: son muchas esas formas de demostrar oposición y esa gran parte del pueblo se ha hecho experto en utilizarlas: Corrupción, robo, indisciplinas…

El 2 de diciembre de 2005, Fidel Castro anunció una guerra contra la corrupción, arengando durante seis horas a los cubanos para que salvaran a la Revolución de los vicios y debilidades que la podían destruir. Prometió acabar con los sectores de la sociedad que vivían del robo y no de sus salarios y expresó: “No tienen demasiado porvenir en nuestro país”.

Los vicios y las debilidades eran el robo en los centros laborales del Estado. Así demostraban su inconformidad las masas trabajadoras más inconformes, esas que no roban a punta de pistola, sino ante los ojos de los jefes, los más confiables militantes del Partido.

Raúl, su hermano, que heredó el poder en julio de 2006, menos metafórico en sus concepciones, puso los puntos sobre las íes: decretó un nuevo régimen disciplinario para todos los funcionarios del Estado, declaró la guerra a los dirigentes corruptos y, en septiembre de ese mismo año, entró en vigor un nuevo reglamento como resultado de la evaluación crítica, realizada por las autoridades del gobierno sobre “la falta de dedicación al trabajo y las indisciplinas en la mayoría de los centros laborales”.

Una situación que los hermanos Castro no han podido controlar en varios años, el equivalente a una huelga revolucionaria casi general, contra una dictadura que está cometiendo los mismos errores desde el primer día.

Publicado originalmente en Cubanet 

Written by CubaNet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¿SIN SALIDA? Cubanos en Panamá no tienen a dónde ir

Asesino “zombie” creía tener superpoderes