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¿Nueva Cuba con los Castro? ¿Dónde?

¿Nueva Cuba con los Castro? ¿Dónde?
¿Nueva Cuba con los Castro? ¿Dónde?
¿Nueva Cuba con los Castro? ¿Dónde?
¿Nueva Cuba con los Castro? ¿Dónde?

Desde España, desde donde si no, nos llega el trabajo publicado por El Mundo, titulado, ‘Ser periodista en la nueva Cuba’, de la autoría de José Fajardo. En su trabajo, que resulta ser falso desde el título hasta el contenido, nos dice: “Entre el régimen y la disidencia surge el nuevo periodismo cubano”.

Agrega entre unas y otras superficialidades, banalidades y medias verdades expuestas, que este ‘nuevo periodismo es, “…Joven, digital e independiente”.

En su trabajo cita a Carlos Manuel Álvarez, que escribe para El Estornudo, una web fundada en el año en curso, para demostrar algo que otros demostraron hace un tiempo. En aquellos momentos, esos iniciadores de la prensa nacional independiente, lo hicieron, atados a la aprensión y el peligro que representó y representa asumir la libertad de expresión y la libertad de prensa, entre otros derechos vetados por el castro-fascismo gobernante.

De vuelta con la cita aportada por este autor, en ella se trata de demostrar que, “…esta isla no es el periódico Granma, pero que tampoco lo es Yoani Sánchez”. Más adelante y como si fuese necesario, aclara que se refiere a la Sra. Yoani Sánchez como “…una de las blogueras disidentes con más influencia internacional”, y afirma esta sentencia con nuevas declaraciones de Abraham Jiménez Enoa, el director de El Estornudo.

Luego de ignorar, como resulta políticamente correcto hacer, a otras voces anteriores o contemporáneas del periodismo libre afirmado en la Isla desde los años noventa del pasado siglo XX, nos habla sobre el “proceso de cambio que vive Cuba”. Afirma entre las pocas verdades a medias que expone, “que las palabras juegan un papel decisivo”. Y si bien esto es cierto, oculta que para el régimen, -que siempre según Fajardo cambia- aún más importante que las palabras, resultan ser quiénes las pronuncian. Quienes se pronuncian de acuerdo con la norma oficial, se hacen visibles. Quienes no, desaparecen, caen en el ostracismo, en el ninguneo y así termina todo.

Luego se explaya en detalles sobre una generación de jóvenes periodistas (todos en torno a los 30 años) que han comenzado a poner voz a esta nueva realidad, en que de acuerdo a lo expuesto por Fajardo y los citados en su trabajo, la “novedad” está en que reniegan de los medios oficialistas, pero no se sienten parte de la disidencia. Su única meta es hacer periodismo, sin apellidos y demostrar otra perogrullada: “Cuba no es una unidad sino un mosaico donde conviven más de once millones de opiniones”.

Solo faltó decir que opinar sin permiso en Cuba no está contemplado como algo posible y entonces la optimista cifra se reduce notable y ostensiblemente. ¡Bravo por los hispanos!

Otra mentira que nos afirma Fajardo es sobre la aparición de nuevos medios digitales, independientes del control estatal. Da como comienzo de esto hacia el año 2008. Lo emparenta, a puro capricho, con la primera legislatura del presidente Barack Obama en Estados Unidos.

Luego viene la otra falsedad: “Cuba se abrió a la propiedad privada y ése fue el germen de los empresarios interesados en la comunicación”.

¿Qué les parece? Aunque la microbiología no es mi fuerte, el germen de todo esto quizás esté en el fracaso demostrado del régimen en todo el espectro político, social, y por supuesto, económico.

El estilo marxista- leninista fracasó en todo el mundo y esto incluye a Cuba. Entonces, lo más adecuado para retener el poder absoluto es buscar la variante totalitaria a tono, y esta es la que en boga está: un capitalismo de estado de corte populista nazi-fascista, anti estadounidense y de un sesgo anti-cubano que hace imposible la vida Cuba adentro.

Luego pasa a citar a los compañeros de viaje infaltables para esta retorcida travesía. Se remite a The New Yorker y al artículo allí aparecido de la autoría del estadounidense Jon Lee Anderson. A modo de fábula, cita también el ejemplo de Hugo Cancio, un cubano que vive en Miami, como Edmundo García y otros enemigos de la disidencia interna cubana y que dirige OnCuba Magazine y ART OnCuba, dos exitosos sitios web, aunque no tan mal vistos por el régimen militar castrista.

Luego afirma que “la precariedad es la tónica de estos nuevos diarios digitales”. Dice que excepto aquellos que están controlados por empresarios (OnCuba, El Toque), la mayoría no cobran o se conforman con cubrir gastos. Nos dice además que para sobrevivir, algunos alternan su labor de emprendedores con el trabajo en medios oficialistas.

¿Este colega pensará que somos tontos? En Cuba desde 1959 existe un control totalitario enajenante y absoluto sobre cada ciudadano. Desde 1959 fueron conculcados todas las libertades, todos los derechos y esto, por supuesto, incluye las libertades de asociación, expresión, información y prensa. Para alternar el “trabajo en medios oficialistas”, hay que hacerlo con la autorización de la policía Seguridad del Estado (DSE). Sucede que el conocimiento de esta va por añadidura. Lamentablemente, esto siempre está presente en el menú nacional.

En la “Cuba que cambia”, según El Mundo se reprime, se golpea, se encarcela y se aplasta la disensión, pero por supuesto, eso no lo refleja el ‘nuevo periodismo, “…joven, digital e independiente”.

De eso no se ocupan los profesionales neonatos y “hombres nuevos” que han comenzado a poner voz a esta “nueva realidad”. El hecho es que lo que hacen, lo hacen con ese nivel profesional tan aceptable como para que de esto se haga vocero Fajardo.

Se trata de que esta otra realidad, es distinta a la que viven los hombres y mujeres reprimidos, golpeados y abusados en el marco de los cambios promovidos. Difiere de las condiciones en que convive el pueblo condenado a la miseria extrema, para que el régimen sobreviva a su incompetencia.

Sobre la afirmación hecha por una exitosa exponente del ‘nuevo periodismo, “…joven, digital e independiente”, me refiero a la bloguera Elaine Díaz, sobre que, “…nadie habla hoy en Cuba de censura, pero sí de secretismo”, lamento afirmar que sí hay quien habla no solo de censura y de secretismo, sino también de exclusiones, ostracismos, represión y otras muchas intervenciones no deseadas en las vidas de todos los escogidos por el régimen militar castrista, para que les sean coartadas sus derechos y libertades de asociación, expresión, información y prensa, entre otras.

El título del trabajo de marras, ‘Ser periodista en la nueva Cuba’, merece una acotación: con los Castro en el poder, no existe una “nueva Cuba”, aunque quizás sí nuevos periodistas. Se tratará de aquellos en disposición de no ver o maquillar el abuso, de estar en condiciones de convivir con la desvergüenza que esto representa. Todos disciplinados, financiados, contentos, callados y de acuerdo.
[email protected]; Juan González

Fuente: Primavera Digital

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