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El huracán Matthew, el sufrido pueblo, la seguridad del Estado y las mentiras del régimen

Así amaneció Baracoa, la ciudad más castigada por Matthew / Foto: Referencia
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Ciudad de Baracoa en ruinas / Foto: Twitter: Mike Theiss
Ciudad de Baracoa en ruinas / Foto: Twitter: Mike Theiss

El huracán Matthew abandonó ya el extremo oriental de Cuba dejando a su paso mucho daño y un profundo dolor. Según activistas de la Unión Patriótica de Cuba, UNPACU, en la primera villa fundada en la mayor de las Antillas, es grande la destrucción. Muchas familias han quedado sin hogar.

El General Ramón Espinosa Martín, viceministro de las Fuerzas Armadas (FAR), dice que no se reportan pérdidas de vidas humanas y ojalá sea así, pero desde Baracoa nos llegan preocupantes comentarios que circulan entre la población. Estamos tratando de obtener información precisa lo más pronto posible. La prensa oficial dice muy poco, le caracteriza una mezcla de incapacidad para informar pronta y objetivamente y una gran habilidad para ocultar la realidad y mentir.

En momentos como estos urge la solidaridad, la ayuda pronta y efectiva, la asistencia a los damnificados. Luego del paso de huracanes anteriores, como el Sandy, hemos visto la pésima gestión del Estado totalitario. Cuatro años después del paso por Santiago de Cuba de aquel meteoro en octubre de 2012, muchas familias siguen sin vivienda o viven en casuchas levantadas con esfuerzo propio y que no resistirían los vientos de una tormenta tropical.

La UNPACU está dispuesta a ayudar al máximo posible a los afectados en municipios guantanameros y cuenta con el apoyo de patriotas exiliados para ello. El régimen estará obstaculizando toda acción solidaria y persiguiendo a los activistas involucrados. Esto no nos detendrá. Cuatro días antes de la llegada del huracán a Cuba ya estábamos tomando medidas, adquiriendo alimentos, almacenando agua potable y combustible. Acondicionamos nuestras mejores viviendas para evacuar a los activistas y vecinos residentes en casas inseguras. También comenzamos a entrevistar a muchos ciudadanos indignados por el abandono en que les dejan las autoridades y por las mentiras de los funcionarios y de la prensa oficial.

La policía política de inmediato comenzó a detener y amenazar a nuestros activistas para impedir nuestra labor informativa y obstaculizar las acciones encaminadas a ayudar a la población. Las autoridades saben que sus gestiones son insuficientes, pero persiguen a quienes queremos hacer el mayor bien posible. En Santiago de Cuba tenemos aún a tres activistas detenidos por entrevistar a personas y filmar largas y hasta violentas colas para obtener alimentos y otros productos necesarios. Según los agentes de este cuerpo represivo, no permitirán que se difunda ninguna información que afecte la imagen de la «revolución» y ponga en peligro la «seguridad del Estado».

Incapacidad y discurso triunfalista

Poco tiempo después del paso de Matthew por Haití, ya la televisión nacional daba datos sobre los daños causados a esa pobre nación. Al mediodía de hoy, cuando ya el huracán se encuentra distante de las zonas afectadas, todavía un Gobierno que alardea de su capacidad para enfrentar fenómenos naturales e informar a la población, no ha sido capaz de enviar un helicóptero a Baracoa y demás lugares dañados para mostrar imágenes de lo allí ocurrido. Solo han mostrado algunas fotos enviadas por vecinos.

Desde hace cuatro días venimos escuchando un discurso triunfalista que contrasta con la realidad que viven las personas desde antes de la llegada del huracán y la situación en que tienen que vivir muchos en las zonas afectadas, después del paso del fenómeno meteorológico.

Raúl Castro estuvo visitando a las fuerzas represivas especiales del Ministerio del Interior en Santiago de Cuba. Se dijeron listas para labores de rescate. Pero no. Listas están para reprimir a activistas, periodistas independientes y opositores pacíficos que ofrecen ayuda a los más necesitados.

 En Santiago de Cuba, ni Raúl Castro ni el secretario del Partido Comunista Lázaro Expósito visitaron nunca los barrios donde muchas familias en endebles viviendas esperaban angustiados el huracán. Hay que oír centenares de opiniones recogidas por la UNPACU y que no se han podido publicar aún porque desde el domingo en la mañana se suspendieron las conexiones a internet en la provincia. En las entrevistas, varias personas se dicen engañadas por el Gobierno y la mayoría asegura que no recibió ninguna ayuda tras el paso de Sandy hace cuatro años, así que mucho menos esperan si Matthew les deja sin sus deterioradas viviendas.

Desde que comenzaron a evacuar personas en las provincias orientales empezamos a recibir quejas de diferentes lugares: desde Guantánamo, varios intoxicados por un picadillo entre los evacuados en escuela del Barrio Obrero.

Desde Providencia 4, Majibacoa, Las Tunas, 43 evacuados en un local estatal no tenían alimentos ni leche para niños pequeños y dormían en el piso.

En Palma Soriano, evacuados en el reparto Amelia, en una escuela primaria, el lunes solo comieron un pequeño pan con picadillo y también debieron dormir en el piso. En una escuela secundaria en Altamira, Santiago de Cuba, un centenar de evacuados pasó el día sin alimentos. Tuvieron que sacarlos del lugar y llevarlos a otro sitio por no tener condiciones.

Lo anterior es solo una pequeña muestra.

Muchos ciudadanos, por su parte, se negaron a ser evacuados en centros estatales y buscaron la solidaridad de vecinos. Esteban Lazo, presidente de la Asamblea Nacional de Poder Popular, dio un dato que debería darle pena: «el 93% de los evacuados estaban en casas de familia».

El Estado totalitario que exige sacrificios y resistencia, el Estado explotador que paga míseros salarios y exige más y más esfuerzos y contribuciones al pueblo, no puede evacuar debidamente a los miles de ciudadanos humildes que viven en pésimas condiciones.

En la medida en que se acercaba el huracán había que ver las colas en los locales de la Western Unión en Santiago de Cuba; largas colas de personas de todas las edades, blancas, mestizas y negras, de ambos sexos, recibiendo dinero procedente principalmente de EEUU. Salían tras recibir el dinero e iban hacia los mercados en divisas a hacer otras colas para comprar alimentos y otros productos necesarios.  Son los que tienen la suerte de tener familiares en el extranjero. Los que no, los que no forman parte de la clase privilegiada en las estructuras del régimen, esos solo esperaban del favor de Dios. Por suerte para los santiagueros, parece que Dios los escuchó.

publicado originalmente en Diario de Cuba

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