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Desastres, no solo materiales, de Mathew

Un huracán de pleno sol en la pradera (Acerca del paso del huracán Mathew por la provincia de Camagüey)

Progreso Semanal
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Cuando pasadas las seis de la tarde de este martes el ojo ciclópeo de Mathew atisbaba finalmente la Punta Caleta de Guantánamo, aún en la ciudad de Camagüey no había precipitado el primer aguacero de rigor. Chubascos aisladísimos y breves eran opacados casi permanentemente por un sol abrasivo, obstinado en hacer dudar a la gente de la cercanía del monstruo que predicaba la tele.

Signada por la fase de alarma ciclónica junto a las cercanas provincias de Las Tunas, Holguín, Santiago de Cuba, Granma y Guantánamo; Camagüey ha tenido una incidencia de este huracán categoría cuatro muy distinta, felizmente, a la padecida por las demarcaciones de la región oriental del país. Acaso otra de las tantas veces en que la gran llanura camagüeyana hace el guiño de demostrar que el Oriente no alcanza para circunscribirla, que su lugar es particular e intermedio en los mapas maniqueamente tripartitos del archipiélago.

No nos ha tocado este huracán, por suerte inmensa, incluso ya se ha descartado la fase de alerta ciclónica; pero incluso así ha habido movilización total y responsable en los trece municipios de la provincia, donde cerca de 88 mil personas han sido evacuadas hacia casas de familiares, amigos, vecinos, y en menor medida (unos 6 500) hacia centros educacionales u hospitalarios habilitados para acogerles.

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En el éxodo multitudinario se ha prestado especial atención a los habitantes de las zonas costeras, tanto del litoral sur (Santa Cruz del Sur, Vertientes, Florida) como del norte (Nuevitas, Esmeralda, Sierra de Cubitas, Minas), donde resulta más probable la ocurrencia de inundaciones por penetración del mar o de derrumbes de inmuebles y pérdidas de cubiertas por los azotes del viento. Igualmente se resguardó a la población de tierra adentro cuyos hogares presentaran mal estado constructivo o estuvieran ubicados en zonas bajas cercanas a ríos o embalses.

Para mantener una comunicación ininterrumpida con las zonas de más difícil acceso y propensas al aislamiento, se ha recurrido al cuerpo voluntario de radioaficionados de la región, el cual cuenta con medio siglo de experiencia. Más de un centenar de miembros de este gremio se mantienen movilizados en una suerte de red de emergencia dispersa a lo largo y ancho de los 13 municipios de la provincia, en cooperación con el sistema único de información del país.

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Los medios de prensa locales se han mantenido todo el tiempo brindando información al pueblo, con revistas especiales en la emisora provincial Radio Cadena Agramonte y en el canal Televisión Camagüey; y con una edición especial de 40 mil ejemplares del semanario impreso Adelante, que circuló atípicamente en la mañana del martes.

Medios de producción y productos de primera necesidad para el consumo ciudadano se encuentran a buen resguardo, especialmente en las zonas del litoral sur y norte. En el puerto norteño de Nuevitas, por ejemplo, una veintena de embarcaciones pertenecientes a la empresa pesquera se encuentran bajo custodia del personal de Guardafronteras, mientras de 5000 toneladas de sal doméstica y otras 4000 de fertilizantes son protegidas en almacenes y bajo lona.

La empresa de Comunales ha recogido en menos de 24 horas más de 5000 metros cúbicos de desechos sólidos, producto de las limpiezas emprendidas por las personas en sus casas o en centros laborales para evitar obstrucciones del alcantarillado.

En las redes de farmacias se han expendido más de 80 mil frascos de solución de hipoclorito de sodio al 1%, para la prevención en los hogares de enfermedades gastrointestinales que suelen sucederse luego de eventos meteorológicos de esta índole por el consumo de aguas contaminadas.

En los hospitales fueron liberadas ayer unas 600 camas, luego de enviar a sus hogares a pacientes con padecimientos sin riesgos para sus vidas, con el objetivo de tener disponibilidad para posibles casos derivados del paso de Mathew. Una treintena de ambulancias se mantienen alertas para atender las necesidades de la población.

Amanecido este miércoles 5 de octubre, el peligro que afortunadamente no fue para los camagüeyanos se aleja ya de la costa norte de Oriente. En los municipios del sur de nuestra provincia no se reportaron daños significativos más allá de algunas precipitaciones y rachas de viento típicos de tormenta tropical.

Queda ahora en la mira el litoral norte, las playas como Santa Lucía y La Boca, Piloto, Punta de Ganado, Jigüey y Guaney… sitios que quizá sean los únicos de Camagüey en experimentar realmente el embate mediano de Mathew en la tarde-noche de hoy y amanecer de mañana jueves, mientras el huracán se retira hacia el este de Miami.

En parte emitido al mediodía por el Instituto Nacional de Meteorología, se alertó de la posibilidad de olas de cuatro a seis metros de altitud y sobreelevaciones del mar en zonas de la costa norte y en la cayería de Ciego de Ávila-Camagüey; por lo cual aún se mantienen en nuestra provincia el decreto de alarma ciclónica y se sostienen las medidas de resguardo tomadas.

En la ciudad cabecera y resto de los municipios alejados de la costa norte, la vida vuelve a la normalidad, sin reporte significativo de precipitaciones ni daño alguno a la población y sus viviendas o a las propiedades estatales.

Mathew ha sido para Camagüey solo un susto, un velar el cielo constantemente, un esperar en vano algo de lluvia. Quizá la única vez en que, en plena alarma ciclónica, ha brillado inexplicable un sol ardoroso en lo alto.

Poca lluvia y cero derrumbes deja Matthew en Santiago de Cuba

Por: Carlos Melián Moreno

SANTIAGO DE CUBA. El evento climatológico Matthew pasó por esta región dejando apenas algunas afectaciones en zonas del litoral, y lluvias intensas en los municipios Tercer frente y Guamá.

La susceptible carretera que bordea a este último comunicándolo con el municipio cabecera provincial y Granma fue interrumpida por la invasión del mar y derrumbes de taludes.

El huracán fue más intenso en las mentes inyectadas de malos recuerdos de los santiagueros. Unos 60 mil evacuados que esperaban encontrar sus casas y comunidades destrozadas vieron como fue mayor la expectativa y el temor. Muchos experimentaron en carne propia la destrucción de sus propiedades en 2012 bajo la indiferencia y ensañamiento del huracán Sandy.

El pasado martes el tiempo comenzó a descomponerse a partir del mediodía en el área urbana de la ciudad cabecera, sin manifestarse rachas de viento ni lluvias sostenidas o fuertes. La calma se mantuvo durante toda la noche con un cielo tapado y denso. Al amanecer comenzó una llovizna estable que se ha mantenido durante todo el día.

Según las emisoras locales, a la Defensa Civil no se le han informado derrumbes ni otro tipo de afectación. Los locutores y periodistas hacen hincapié en lo sucedido en la vecina pequeña ciudad de Baracoa, de donde suele llegar habitualmente un flujo constante de personas.

Evacuados de asentamientos susceptibles a penetraciones del mar como Cayo Granma y Caracoles se mantienen a resguardo en escuelas y otras entidades estatales. La desmovilización hacia sus hogares correrá a cargo de la Defenza Civil según anunció por Radio Mambí Yanelis Echavarría Batista, jefa de ese capítulo en el consejo municipal de dicho órgano.

Víctor Manuel Reyes, presidente del consejo de defensa de El Cristo, dijo que la acción más urgente es sanear la basura que la gente arrojó en la jornada de preparación que se desencadenó frente a la inminencia del paso de Matthew.

Tal prevención tuvo el respaldo sicológico de casi todo el cuerpo ejecutivo del estado. El general de Ejército Raúl Castro, actual presidente y primer ministro, apareció días antes que arribara el meteoro a Cuba.

Ejerció la presidencia del consejo de defensa nacional vestido de verde olivo y charreteras seguido de casi toda su cartera de ministros, que se dispersaron luego a chequear y dar moral en las provincias vecinas.

Desde hace cuatro años y hasta el 2025 en Santiago de Cuba se emprende una millonaria inversión en construcción de viviendas para familias en desventaja económica.

Luego de este despliegue puede temerse que el mayor daño de Matthew entre los habitantes de la provincia sea el de la disminución de lo que la Defensa Civil llama “Percepción de riesgo”, o sea, la noción que tiene una masa humana del peligro que corre. Un factor cultural, sicológico, que en este episodio climático fue muy favorable.

Queda atrás la marca del sobreesfuerzo de intensas colas hechas en los Mercados Ideales, la molestia de tener que abandonar el hogar a veces a regañadientes —pues no todos estaban en ánimo de hacerlo—, la trabajosa evacuación de medios materiales, el aseguramiento de techos de tejas que los más pragmáticos tuvieron a bien desarmar, y poner en seguro.

El mayor estrago podría ser que esta alerta, para nada gratuita, pues un evento natural no es 100 % predecible, implique un exceso de confianza en lo adelante.

La ciudad se despereza. La dirección del molino Frank País García, tuvo la valentía de emitir un aviso a través de las emisoras, anunciándole a sus trabajadores que ya era hora de incorporase a producir y dar cumplimiento a los compromisos contraídos.

separadorTestimonios #Matthew #Baracoa #Loquetrajolamañana

Por: Lilibeth Alfonso (Tomado de su blog La esquina de Lilith)

Desde #Baracoa luego de #Matthew, Noelvis Morales cuenta. Lo que trajo la mañana fue la constancia del desastre.

Tres horas de vientos fuertes, con el huracán estacionario y rachas por encima de los 250 km por hora. “Algunos reporteros extranjeros aseguran que esto no fue un huracán cuatro, sino cinco”, y luego una calma de una hora y media, la Ciudad Primada bajo el ojo del monstruo, tras lo cual regresó la “concretera”, porque así sonaba el huracán que no obstante según los especialistas se mantuvo en la categoría cuatro de la escala de cinco Saffir Simpson.

Los servicios de electricidad caídos desde las nueve de la mañana de ayer. El teléfono muerto en casi todas las casas. Sólo el celular respondió, a veces, y las ondas cortas, donde fue posible salir.

A media madrugada, las puertas de la biblioteca municipal se abrieron solidarias a varios trabajadores porque el mar, me dice esta baracoesa, llegaba a donde sea. En la calle Martí, tres cuadras más arriba del malecón, podían sentirse las olas chocando contra los muros de las casas.

La mañana, es la constancia del desastre imaginado, visto en la mente durante aquella noche larga. La vegetación de la Loma del paraíso, donde florecían los helechos sin que nadie los cuidara y está el sitio arqueológico, y el cementerio con sus muertos de toda la vida, y cientos de casas, está quemada por el viento, negra, y así toda la vegetación de la Villa, quemada porque los vientos no traían lluvia sino el agua salobre, que era como un látigo de fuego contra el verde.

Las palmas, los árboles están en el piso. Los techos fuera del sitio donde fueron colocados alguna vez. Las tejas criollas, las tejas francesas, el sinc, el fibrocemento. El malecón con varios huecos luego de ser restaurado hace solo unas semanas. Huecos también los edificios hasta los segundos pisos, aunque las olas llegaban más arriba. La Punta “limpia” casi. Cero bancos, cero árboles.

El mar, ahora, está elevado pero no cruza con demasiado empeño el muro del malecón, pero en la ciudad todo lo que se toca es agua de sal. La ropa, los vasos, las puertas y ventanas, las barandas, los pisos hasta donde no entró el mar directamente.

La disciplina grande. La gente, que en otros eventos había salido a recoger tejas voladoras y a resguardar bienes, esperó la mañana. Recogió los pedazos en la mañana, apartó los escombros en la mañana. Lloró en la mañana por la desgracia propia o la ajena, porque a esas horas es la ciudad compartida la que sufre, y ella es madre.

Seis de la mañana y ya las cabezas del Consejo de Defensa Municipal salen a la calle. Las brigadas evalúan el éxito de la furia de #Matthew. Las caras son una elegía. Pero la ciudad no está muerta. La gente, que siempre es lo más importante, vive.

Publicado en Progreso Semanal / Por: María Antonieta Colunga

Written by progresosemanal

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