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Cafeterías estatales en CUP, la opción de los pobres

La Casa del Perro Caliente de 23 y K, en el Vedado, La Habana. / Foto: Diario de Cuba
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Cafetería de Infanta y Carlos III, en La Habana. / Foto: Diario de Cuba

Cigarros Criollos y Titanes a siete pesos, Cigarros Aroma a 7,50, Refresco Coracan a un peso, Refresco Nacional (enlatado) a 10 pesos, Cerveza Mayabe a 18 pesos.

Eso es lo que dicen, en general, las tablillas de las cafeterías en pesos cubanos (CUP) de La Habana. Algunas incluyen otras ofertas, como panes con jamón, con pasta, con queso crema. Las hay especializadas, como las “Casas del Perro Caliente” de la calle 23, en el Vedado.

El denominador común entre ellas es que todos los productos se venden en CUP y a precios más bajos que los de las cafeterías en pesos convertibles (CUC).

“Los precios es verdad que son bajos, comparados con los particulares y los estatales en divisa”, reconoce Miladis, trabajadora del ICRT. “El problema es que la calidad de lo que venden es dudosísima”.

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Muchos trabajadores estatales cubanos que viven esencialmente de su salario no tienen otro remedio que consumir estos productos, pues el dinero no les alcanza para más.

“Pero no es que me guste el pan con croqueta de harina”

Beatriz, quien trabaja en un organismo estatal en la Habana Vieja, suele almorzar en el Ten Cent de Obispo.

“Desde que nos quitaron el almuerzo, hace unos años ya, voy a Obispo a comer algo. Antes comía pizzas de cinco pesos, de esas que no tienen tomate, o un pan con lechón, por el mismo precio. Pero, la verdad, prefiero comer pan con tortilla a dos pesos. Es más barato y al menos sé que los huevos vinieron de una gallina, porque las hamburguesas o el picadillo no sé de qué los hacen”.

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A Indira, profesora universitaria, las cafeterías en CUP la deprimen.

“Las que son grandes, como el Ten Cent de Obispo y el de 23 y 10, están más oscuras que una boca de lobo. Los estantes son viejos y rayados, los pisos sucios o manchados de tantos años sin repararse. Las más pequeñas no tienen ni dónde sentarse, y las condiciones higiénicas y la calidad de los productos tampoco son las mejores”.

Ana Paula se considera una fanática de los perros calientes, por eso frecuenta las cafeterías que los venden en moneda nacional.

“A la que más voy es a la de 23 y K, que es muy céntrica. Yo no sé si es mala suerte mía, pero lo más frecuente es que los panes estén viejos; vaya, que nunca son del día, y cuestan 10 pesos, no uno ni dos”.

La Casa del Perro Caliente de 23 y K, en el Vedado, La Habana. / Foto: Diario de Cuba
La Casa del Perro Caliente de 23 y K, en el Vedado, La Habana. / Foto: Diario de Cuba

Otros clientes se quejan del olor que despide la grasa de freír en los lugares donde se venden panes con croquetas o hamburguesas.

“Nunca cambian la grasa. Nada más hay que oler para saberlo. Cocinan con ella hasta que se gasta y seguro echan la nueva sin fregar el caldero, porque aunque la comida no sepa a refrito, huele siempre a refrito”.

La venta de bebidas también causa algunas incomodidades en los clientes. La queja más frecuente es que las cafeterías solo ofertan con regularidad refrescos enlatados, que son más caros.

“Yo no tengo 10 pesos todos los días para pagar un refresco. Deberían mantener estable la venta de refresco a granel, que cuesta un peso, o de refresco gaseado, porque hay un montón de gente igual que yo, que no puede pagar una lata”.

También la calidad de los refrescos a granel preocupa a los clientes.

“Yo tomaba refresco gaseado en Infanta y Carlos III o del otro lado de la avenida, en la pizzería que hay en Infanta, antes de llegar a Jesús Peregrino. Al principio estaba bueno, pero después lo mismo sabía a agua sola que a azúcar a pulso”.

Con información de Diario de Cuba

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