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Donald Trump triunfó explotando el miedo de sus seguidores a perder su patria

En pocos lugares la idea del país como hogar es tan fuerte como en Estados Unidos y es por eso que se traslada mecánicamente a las instituciones y a las fuentes de consenso

Trump quebró ese mito y demostró que se puede triunfar energizando vastos sectores de la mayoría blanca | archivo
Trump quebró ese mito y demostró que se puede triunfar energizando vastos sectores de la mayoría blanca | archivo

Aquiles Esté

Una carrera electoral es un dilema que se le plantea a la gente. Gana la elección el candidato que propone el dilema correcto para el público correcto y ese ha sido el caso de Donald Trump.

Empecemos por el público. Trump ha activado un grupo de electores de la clase trabajadora mayoritariamente blanca. Este es un sector que sufre no solo una grave crisis económica, sino, sobre todo, un prolongado sentimiento de exclusión dentro de su propio país.

Ni los encuestadores ni la izquierda tradicional ni el propio Partido Republicano identificaron oportunamente esa pérdida de autoestima en la comunidad blanca trabajadora. Luego de la derrota de Mitt Rommey en 2012, los republicanos asumieron como imperativo buscar el éxito electoral hablándole a las minorías, entre otras cosas, porque la propia base blanca de la población se viene achicando dramáticamente.

Trump quebró ese mito y demostró que se puede triunfar energizando vastos sectores de la mayoría blanca.

Por instinto o por estrategia, Trump ha hecho un uso extremo de un arquetipo fundamental de la cultura estadounidense: la noción de que el país es el hogar: Let’s Make America Great Again. A sus seguidores les propuso el siguiente dilema: si no votas por mí, perderás a tu país, que es como perder tu hogar. Como se sabe, esta nación fue fundada por inmigrantes que dejaron todo atrás y vinieron con el anhelo de formar aquí su nuevo hogar.

En pocos lugares la idea del país como hogar es tan fuerte como en Estados Unidos y es por eso que se traslada mecánicamente a las instituciones y a las fuentes de consenso. En el béisbol, acaso el más estadounidense de los deportes, lograr el triunfo es llegar al home, el hogar. Ninguna guerra en la que se involucran los Estados Unidos se gana realmente si los soldados no regresan a casa y son vistos en cámara siendo abrazados por sus seres queridos. Las películas Apollo 13, Saving Private Ryan, The Martian son todas recreaciones de esa alegoría. Cuando volvemos del extranjero, los funcionarios del Homeland Security nos reciben con el consabido Welcome home, algo único en el mundo.

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